Ni en Olavarría, ni en la luna-Nadie debe morir-

Lunes, 13 marzo d 2017 a las 11:53 pm.

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Ni en Olavarría, ni en la luna-Nadie debe morir-

POR EL PERIODISTA MATIAS CANZONETTA

“Había que estar, como sea” grita Germán, seguidor de Los Redonditos de Ricota desde las épocas de vestiduras de mamelucos de plomeros, similar al que usó el sábado Carlos Solari en su presentación en Olavarría.
Los medios de transportes colapsaron, programar un viaje de último momento a la ciudad más asfaltada del país no era tarea fácil. No había pasajes de colectivos, trenes agotados, todos se dirigían a un mismo lugar, “la misa”, que de católica no tiene nada, pero que de fundamentalista lo tiene todo.

Los seguidores llegaron a Olavarría con una semana de anticipación, aunque, por supuesto, la mayor concentración y llegada humana fue durante los días viernes y sábados.

En cuanto a los controles a los días previos, del que tanto se habló en los medios de comunicación no era lo que parecía.

El día jueves atravesando distintas rutas que desembocaban en la ciudad se encontraban pocos operativos de seguridad. Controles policiales, de tránsito y controles anti drogas. El día viernes los controles disminuyeron, y la policia solo quedó al accionar presencial. Había patrulleros en las rotondas de Olavarría y policías caminando en las principales avenidas, todo con total normalidad. Hasta el día sábado. Y seguramente había tanto alcohol y drogas como en cualquier otro recital.

La comunicación fue imposible, kilómetros antes de llegar a Olavarría los celulares se chupaban la batería y no había señal, las empresas de telefonía colapsaron, otro problema más para poder comunicarse con amigos, familiares que estaban en el lugar, y fundamentalmente para llevar tranquilidad a terceros. “Llegamos, no hay señal, nos vamos comunicando”, escribe Josefina de 29 años, de Mendoza, que trabaja en Buenos Aires y viajó desde retiro con un grupo de amigos. “Tardamos casi 5 horas en colectivo, me comuniqué con mi familia para avisar que llegamos, sigo al Indio por mis hermanos, es lo mejor de nuestro rock” cuenta Josefina el sábado por la mañana, mientras comenzaba a llover en Olavarría. Los fuegos de asados no los apagó ni el agua.

La lluvia fue para todos, para el del barrio privado y para los pibes de los barrios más humildes del país. Se agitaban banderas… “el que abandona no tiene premio”, fue la frase que más descubrí escrita.

Olavarría tiene alrededor de 120 mil habitantes y se esperaban más de 200 mil personas para el recital. La cifra fue superior, no solo en las calles, incluso dentro del predio. Alrededor del 11M había mitos, muchos. “Puede ser el último recital” “La cultura del aguante” “Si van a ver al Mister cuídense” “La salud del Indio no es la mejor, no sabemos cuando se retira” “Vamos que entramos sin entrada” (se cumplió). También hubo mitos urbanos de los propios vecinos de Olavarría después que se virilizó por wsp el audio de una vecina adulta mayor donde le relataba a sus vecinas los cuidados para una mejor vida durante los días previo al recital. “Tengan cuidado, en los trenes llegan con 2.000 kilos de drogas y armas, nos van a robar todo, a mitad de tarde no salgan de sus casas”, fueron algunas de las frases literales. Lo cierto es que los vecinos de Olavarría ayudaron más que el propio privado encargado de la organización y el propio estado. Se convirtieron en voluntarios , ayudaron al público a ubicarse en la ciudad que no tenía una –puta- señalización. Solo las de la boleterías y las puertas de ingresos al recital.

Olavarría era una ciudad repleta de gente, la música no se apagó, sonaron Los Redondos y el Indio y los Fundamentalista durante más de 78 hs sin parar-incluso después del recital- y se aprovechó para armar puestos callejeros a lo largo y ancho de cada barrio. Los vecinos transformaron sus propias viviendas en alquileres transitorios y armaron mercados de paso. Por 100 pesos comprabas una cerveza y un chori, o una hamburguesa-a toda hora- Agua mineral por 24 pesos, y gaseosas por 20 pesos. Las despensas vendieron todo, no quedaban ni las migas. En Olavarría se vendió un 3000 % más de choripán que durante todo el 2016. Había banderas, gorros, fotos, remeras, mochilas, merchandising , todo PR/INDIO. La noche en un camping costaba alrededor de 400$ el auto, y entre 80 a 100 $ por persona. En las veredas y espacios públicos también había carpas.

Había revoltosos y familias tomando mate. Cerca de las 5:00 am del sábado presencie un solo hecho de violencia, un pibe de no más de 20 años con el ojo en sangre después de recibir una piña en una situación que desconozco. La novia desesperada gritaba por personal de Emergencias, mi celular no andaba, y solo recordaba el número de emergencias, otro joven encontró algo de señal y la ambulancia llegó alrededor de 30 minutos después. También hubo robos, un par de jóvenes me relataron como en un descuido les robaron sus mochilas, estaban sin dinero, sin entradas, incomunicados.

La entrada principal del predio “La Colmena”, acceso 1 y 2 fue el lugar donde más agite hubo. Pero no pasó a mayores. Más reunión de seguidores, más música, más pogo con música que nunca se apagó. La gente se cuidó entre ella, y muy bien.

En este tipo de eventos se mezcla el rico con el pobre, y por lo general las clases sociales no quedan evidenciadas cuando hay solidaridad. Se junta el que llegó a dedo, el que vino en un auto modelo 70, el que vino en auto importado, argentinos, extranjeros, no hay diferencia de nada.
Todos se embarraron las zapatillas. Muchos caían por los resbalones en un campo que no era el ingreso al predio pero que la multitud lo utilizó como tal.

Traté de ingresar al predio 1 hora antes del comienzo del show. No había grandes demoras en el ingreso, pero encontrar la puerta principal no fue fácil.
El campo que atravesamos no era un ingreso, había alambres caídas y la sensación que por allí había pasado una topadora. Oscuridad total, y una masa humana caminando –hacia no sabíamos donde- Barro, mucho barro y mucha ayuda con el otro que se caía.

Después de atravesar un gigante campo bautizado “La previa del recital” divisamos una de las entradas. Hasta el momento no habíamos cruzado ninguna fuerza de seguridad ni de prevención. Llegando al predio La Colmena que tiene alrededor de 300 metros de ancho por 600 de largo se empezaron a divisar pecheras naranjas y amarillas utilizadas por personal de organización. También había un terraplén de más de 3 metros de altura que costeaba al predio y que muchos lo disfrutaron con una vista estupenda, y gratis. Tan gratis como los que pasaron sin entrada al show, tampoco hubo cacheo ni pedido de tickets. Se iban cumpliendo mitos, “los que no sacaron entradas ingresaban igual”. La actitud no era para dejar a nadie afuera, menos cuando en la calle pueden quedar 50 mil personas. Algo así empezó en el último recital de Los Redonditos de Ricota en River, cuando en las afuera del estadio había casi la misma cantidad de gente que adentro. Pero son teorías, -como la que el consumo de alcohol y drogas aumenta la violencia –Estaríamos todos muertos y apareceríamos literalmente como la foto de los ultra cómicos de Eameo y en cruces de sonido si eso hubiese sucedido en Olavarría-

Para comer y beber dentro del predio era casi imposible. Las cantinas estaban cerradas, y algunos minutos antes del primer acorde reabrieron. Algunas filas de baños químicos estaban con sus puertas cerradas, trabadas y no había baños.

Pero el fervor de la gente era más fuerte que todo. Ingresaban padres con sus hijos en hombros , padres de adolescentes e hijos viviendo el mismo sentimiento, adultos mayores con remeras de Solari, jóvenes en sillas de ruedas llevados por sus amigos envueltos en alegrías. El predio se iba copando.

La imagen era una catarata de gente eufórica ingresando al predio. Desde la torre 15 de sonido se podía disfrutar con tranquilidad el recital, mientras escuchaba alrededor como contaban la misma historia : “no me pidieron entrada, no me revisaron”. Algunas de las personas que fueron al recital aseguran que desde las 19 hs no se pidieron más entrada, mientras que el predio abrió sus puertas a las 15 hs del sábado.

De la mitad del predio en adelante la gente se hacía sentir más, no solo por los cantos, sino porque se sabía que estaban apretujados, como en cualquier recital de rock que espera con ansias los primeros temas para saltar y acomodarse en un movimiento constante de fuerza y resistencia que no todo cuerpo humano puede soportar. A los codos y empujones.

A las 22 hs sonó lo esperado, Barbazul vs Amor Letal, Indio Solari en el escenario y nada más para decir, todo por cantar. Tocó 19 temas, plasmando una lista de temas que fue variando según los ánimos del público.

El recital fue interrumpido varias veces por el Indio Solari que le pidió a algunos “borrachines” que se dejen de joder.
-¿Hay alguien desmayado? ¿Qué es lo que está pasando ahí? ¡Hay gente en el piso, por favor! A ver, la gente de seguridad, la gente de Defensa Civil”, pedía el Indio.
En el quinto tema se prendieron las luces después de “Ropa Sucia”, y se pidió nuevamente por la ayuda de Defensa Cívil,

Solari también le dijo “borrachitos pelotudos” a los que estaban adelante haciendo “quilombo”.
El ánimo del músico no era el mejor, se seguía oliendo feo en mitos y verdades. Se retiró del escenario varias veces, y se le pidió a la gente que retroceda dos metros hacia atrás para que los de adelante puedan estar más separados.

Los celulares seguían sin señal, no podíamos enterarnos que era lo que sucedía a 500 metros del recital, a metros del escenario, no sabemos si Solari sabía durante el recital que habían fallecido dos personas o si se enteró después de terminar el show, no sabemos hasta que la autopsia demuestre cuales fueron las causas del fallecimiento de las dos personas. No sabemos de organización y logística de recitales, no sabemos de evacuaciones de primera instancia, pero si sabemos de solidaridad.

El recital fue pausado, con demoras entre tema y tema que hacían que no se pareciera en nada a un recital. Hubo abucheos políticos, y hubo momento que Solari habló sobre el compromiso y el trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo, criticó al Gobierno de turno por querer bajar la edad de imputabilidad y hubo comentarios a favor y en contra. Hubo Macristas y Kichneristas enojados y contentos, hubo apolíticos indignados, hubo quién se enojó cuando el músico habló sobre estos temas.

00:30 hs finalizó el recital.

Todavía sin saber sobre las muertes, teníamos que salir del predio. No había carteles, un solo aviso dio información de regresar por la misma puerta de entrada. Un espacio menor a 50 metros para un caudal de más de 200 mil personas. Eso no fue lo peor. La salida estaba vallada, la calle de salida principal no tenía acceso. También había una especie de tablón que impedía salir.

La gente empezó a desesperar, hubo empujones, gritos de mujeres con niños, desmayos, e insultos. Fue un verdadero embudo, la fuerza que ejercía la multitud ahora de manera inversa hacía imposible la salida, había poca luz, no había indicaciones de nada.

Los vecinos de Olavarría comenzaron a subir a los techos de sus viviendas y a las copas de los árboles para poder guiar a la masa de gente, que, entre bronca se organizada para poder avanzar hacia algún lugar. Hubo gente que cortó camino por los techos de las casas, saltando de tapial en tapial. Fueron más de 30 minutos de incertidumbre, de una calle abarrotada por personas que no podían hacer ni un paso. Comenzaron los gritos y la misma gente retiró las vallas mientras a paso lento se lograba caminar. Se vivieron momentos de mucha tensión.

Me quedé recorriendo el lugar, pensando en los perdidos de siempre, los que quedaron sin celular, los que quedan dando vueltas hasta después del recital y se convierten en crónicas de colores de redacciones, pero nada de eso pasó.

Las noticias en los medios no tardaron en llegar, dos muertos, más de 50 heridos, y la posible confirmación de 11 cadáveres que todavía no habían sido retirados del recital.

A las 01:30 los muertos eran más de 11, los medios nacionales llevaron el peor de los finales al evento, una ciudad tomada y con asesinatos de por medio. A partir de allí empecé a pensar como minuto a minuto todos nosotros pasamos a ser todo eso y mucho más para el mundo entero.

El recital quedó a un lado, la alegría quedó lejos, solo el perfil de una sociedad violenta física e institucional, privada y de estado nos sigue demostrando la realidad. El recuerdo de Cromañón después de enterarnos de la tragedia y el pedido de responsabilidad hacia el estado durante aquel diciembre trágico.

La vuelta a casa en total incertidumbre de comunicación a nuestros familiares fue caótica, fueron más de 9 hs de viaje en ruta, pensando en como escribir estas líneas, preguntando que vuelve a fallar una y otra vez, siendo carne de cañon de los propios humanos que infundan y proclaman por una contaminación masiva de todo aquel que siga un fenómeno popular.

Si fue o no el último recital del Indio Solari no lo sabremos, si así se terminara al menos con la violencia y las muertes, si al fin eso sucediera…al fin siempre nos quieren pacientes.

Matías Canzonetta.

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