Boca archiva la idea del nuevo estadio y busca ampliar la Bombonera

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En las paredes del quincho están pintadas todas las copas internacionales del club y varios de los ídolos que ayudaron a conquistarlas. Es un lugar muy amplio. Lo invaden ahora los aromas del asado que preparan en las parrillas vecinas a la pileta. En las mesas ya están destapadas unas cuantas botellas de vino Gascón (» podríamos haber comprado uno más caro, pero somos una conducción austera», se ríe uno de los comensales). En los platos empiezan a aterrizar los matrimonios, como se denominaba en las viejas parrillas a la pareja de chorizo y morcilla. La postal de fondo es el estadio iluminado, con sus azules y amarillos relucientes. Los hinchas de Boca que se dieron el lujo de comer con ese paisaje fueron los titulares de 14 de las 15 agrupaciones políticas de la institución, invitados por el presidente Daniel Angelici. Sólo faltó Jorge Amor Ameal, tenaz opositor al oficialismo. Tema único de charla: el futuro de la Bombonera, ese templo legendario que, por una vez, fue testigo silencioso.

«Me fui muy contento. Todos queremos una Bombonera más grande en el lugar donde estuvo siempre. Firmamos un acta de compromiso para trabajar juntos por la ampliación, sumando los esfuerzos de todas las agrupaciones. Este no puede ser un tema de campaña», dice el vicepresidente Royco Ferrari, hombre con mucho peso en las peñas del Interior, otro de los asistentes a la cena.

El acuerdo del lunes a la noche deja de lado cualquier iniciativa vinculada con un nuevo estadio. El mismo Angelici había admitido, en una nota con Clarín, la inviabilidad de un proyecto que demandaba más de 300 millones de dólares de inversión. En mayo de 2012, a cinco meses de haber asumido, el presidente xeneize entrevistó al jeque Mohammad Ibn Saqr Al Qassemi, quien se sacó una foto en Dubai vestido con la camiseta de Riquelme. Salió con una sonrisa, pero no aportó una moneda.

Si se habla de dinero, también será necesario para incorporar las dos manzanas lindantes, del lado de los palcos (Del Valle Iberlucea) hacia Almirante Brown, que permitan ejecutar una ampliación. Aunque tampoco se trate de una operación barata, al menos parece posible. De no prosperar la compra, por rechazo de algunos de los 183 vecinos involucrados o inviabilidad económica, en las oficinas de Angelici reposa una prolija presentación que propone aumentar la capacidad (hoy menor a los 50.000 espectadores) hasta 77.000.

«No nos mezclamos en la política interna del club, pero celebramos la decisión de trabajar sobre la actual estructura. Conocemos bien el estadio, hicimos las últimas reformas grandes en 1996 y tenemos un plan para construir sobre el lado de las preferenciales», comenta Carlos Sallaberry, integrante del prestigioso estudio M/SG/S/S/S/V (por las iniciales de los arquitectos Manteola, Sánchez Gómez, Santos, Solsona, Sallaberry y Vinson).

No son los únicos que han elaborado renders y carpetas con una Bombonera remodelada. También lo ha hecho el esloveno Tomaz Camarnik. Por más que sea sabida la admiración que genera la Bombonera como escenario deportivo en el mundo, ¿qué llevó a un arquitecto de 32 años, radicado en Ljubljana (Eslovenia), a interesarse por una cancha en Buenos Aires? Camarnik quedó fascinado con la obra de su compatriota Viktor Sulcic, el hombre que participó con el ingeniero José Luis Delpini, casi ocho décadas atrás, de la edificación original en Brandsen 805.

«La Bombonera es un monumento. Hay que mirarla más desde el lado artístico, como una escultura, que del arquitectónico. Y sería estúpido que se perdiera toda su mística con un estadio nuevo, como cualquier otro, cuando éste es único. Hay una sola muralla china, una sola Torre Eiffel, un solo Coliseo Romano y una sola Bombonera», declaró Camernik en un reportaje con el diario La Nación. Camarnik también imagina remodelar sobre las bases existentes para lograr un aforo de 70.000 hinchas.

«En las grandes ciudades del mundo hoy los estadios son algo más que el campo de juego para un partido. Son lugares de reunión, de almuerzo de negocios, de convocatoria para el hincha toda la semana y no sólo los días de competencia», explica Angelici.

Sallaberry comparte esa teoría: «Hace 40 años La Boca fue descartada como sede mundialista por el entorno. No parecía el mejor lugar para recibir a los extranjeros. Hoy se convirtió en un sitio insoslayable de atracción turística. La Bombonera es un patrimonio de Buenos Aires y nosotros concebimos reformas que no sólo la hagan más grande y confortable, sino que también contribuyan a mejorar la zona desde el punto de vista ambiental, del comercio, de la seguridad». El plan, ambicioso, contempla techado parcial y una cuarta bandeja.

Para Cristian Gribaudo, secretario general, “fue muy positivo que nos escucháramos”. “Queremos un club más grande en todo sentido”, declara para Muy Boca Radio, uno de los tantos medios partidarios que militaron a favor de la no mudanza.

Como pocas veces en las últimas décadas, hubo consenso mayoritario sobre un tema crucial para el futuro xeneize. Los dirigentes se fueron satisfechos. Mientras buscaban sus autos en el playón, alguno creyó escuchar unos ruidos acompasados desde el interior del estadio.

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