La emocionante historia de Rodrigo Salinas, el súper goleador de la temporada

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Transcurre el mediodía en el barrio de Almagro. Por sus calles arboladas, entre el bullicio de los autos y de los colectivos, una pareja, Rodrigo y Jimena, disfrutan de pasear sus dos perros bulldog francés, Ramón y Berta. Los vecinos, los transeúntes ocasionales, desconocen que ese flaco, alto, de 1,88m, vestido de elegante sport, con bigotes al estilo de Errol Flynn, un actor norteamericano que los impuso en la década del 30 y 40, y que replicó Guy Williams en los 50 y 60 (el famoso protagonista de El Zorro), es el máximo goleador de la temporada 2016/17 del fútbol argentino. Parece un día más en la vida de Rodrigo Javier Salinas (31 años, nacido en Berisso el 4 de julio de 1986, cinco días después del triunfo argentino en el Mundial de México). No lo es. El delantero acaba de completar una temporada inolvidable:ascenso con Chacarita a Primera, goleador del torneo B Nacional y de todo el fútbol argentino. Un recorrido a puro sacrificio que vale la pena conocer, en una charla íntima, ya en la redacción de Clarín.

– Tus inicios fueron en Villa San Carlos. Nada sencillo. No jugabas de nueve e incluso dejaste y te fuiste a trabajar a un ciber…

-Sí. Estaba en inferiores, pedí el pase, quería irme a probar a River. Después me fui a Italia. A Chiavarelli, cerca de Ancona, con un amigo. Pero nos separaron. Tenía chances, me fue bien en los amistosos, pero no me adapté. Sufrí mucho el desarraigo. Volví. Debuté en San Carlos en 2004, jugaba de doble cinco, de volante por izquierda. Dejé, me fui a trabajar sí, a un ciber. Volví, hubo cambio de cuerpo técnico y pedí jugar de nueve. Era 2008. En una categoría que se jugaba por arriba, quería aprovechar mi altura. Me fue bien, empecé a hacer goles y subimos de la C a la B.

– Dijiste que este ascenso te llegó en la edad de la madurez. ¿ Por qué?

-La vida es un aprendizaje y no cambiaría nada de todo lo que pasó. Todo lo malo me ha hecho crecer, tener valores, los que me enseñó mi familia. He ido por la vida pregonando eso, más allá de los resultados. Dí el máximo y gracias a Dios he dejado una buena imagen por donde pasé, en especial como persona, que es lo que queda. Los números son sólo estadísticas. Cuando debuté en Primera A, en Godoy Cruz, pensé que había llegado por haber hecho mucho sacrificio y que me iba a mantener así, por sí solo. El fútbol me demostró que no. Cada vez es más duro y hay que mejorar cada día.

 Y mejoraste en una temporada, de Los Andes a Chacarita…

-La realidad es que en Los Andes me brindé muchísimo y me lo habían reconocido. Pero cuando tenés la nueve en la espalda y hacés cuatro goles, indefectiblemente pasás a ser resistido. El fútbol es así. Y necesitaba una temporada como la que tuve.

– ¿Qué cambió?

-Nada. No dejé de hacer lo que venía haciendo. Intenté mejorar, encontré esa visión con el gol y tuve unos compañeros que hicimos de lo colectivo algo maravilloso.

– Parece simple…

-Con el diario del lunes, sí. Hoy hablaba con mi mujer y ella me decía si recordaba cuando me habían llamado de Chacarita. Y todavía no caigo de todo lo que me pasó. Había terminado en Los Andes, había hecho cuatro goles y mis expectativas eran grandes. El primero que me llamó fue Gastón (Coyette) y no lo dudé. Le dije que sí. Desde el primer día que llegué al club hubo como una simbiosis importante. Cada vez que entraba a jugar a la cancha de Chaca, parecía que siempre había estado ahí, las energías eran esas. Pude desarrollar un fútbol que antes, en mi carrera, no lo había logrado.

– Asumiste la responsabilidad de patear el penal ante Argentinos. Decisivo. ¿Qué pensabas?

– Fue un momento de adrenalina. Sabía que era una gran responsabilidad. Pero estaba tranquilo por todo lo que había hecho en la temporada. Apoyé la pelota y pateé con confianza. Bastante fuerte. Si lo atajaba, era más mérito del arquero.

– En el gol siempre hay una dedicatoria, la mano en el corazón, los brazos al cielo. ¿A quién recordás?

– A mi viejo, que fue el sostén familiar junto con mi vieja. Iba a cumplir 20 años cuando falleció. No me pudo ver jugar en Primera en Godoy Cruz. De chico iba a probarme a todos lados. Y no quedaba. No tenía representante. Me preguntaban de parte de quién había venido y yo había ido solo, con mi bolsito, y mi vieja que me llevaba. El veía mi sacrificio y un día me dijo: “Basta, andá a San Carlos, disfrutá, que los buenos jugadores juegan bien en todos lados, es tu equipo, tu lugar”. Y fue así. Cuando debuté en San Carlos, lloraba. Y eso que era un tipo duro. Después, se los dedico al resto de mi familia, a mi mujer.

Rodrigo se emociona al recordar las palabras de su viejo. También por haber quedado en la historia.

“Es un satisfacción. El reconocimiento es bueno. Esta marca, como el ascenso con San Carlos, la llevaré en el corazón para siempre”.

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