La Superliga y la AFA van por cambios fuertes en sus torneos

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La naciente Superliga que llegó para transformar la estructura del fútbol argentino en su convivencia con la AFA está todavía buscando su mejor molde. Y es por eso que para su segunda edición, esa que comenzará después de la Copa del Mundo de Rusia, analiza una serie de medidas que generan voces encontradas en las intenciones de los clubes y que, parece, tendrán confrontaciones entre los bloques de los grandes y el resto. ¿Por qué? Porque lo que se propone como cambio afecta dos ejes troncales de la Superliga: el espectáculo y la competencia. ¿De qué se trata?

La primera medida fue confirmada por Guillermo Madero, Director de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos del Ministerio de Seguridad y hombre a cargo de Tribuna Segura, uno de los trabajos de control en los accesos a la cancha que hasta ahora funciona y que sirvió para detener y alejar de las tribunas a delincuentes con pedido de captura y prohibición de acceso a estadios. “Queremos que vuelvan los visitantes. La idea es que si los clubes acompañan, a partir de agosto del año que viene vuelvan. Nuestra intención es que se haga paulatino en las diferentes categorías y no solo en la Superliga”, expuso Madero, quien desde hace tiempo persigue el objetivo de instalar en la AFA las entradas nominadas como otro método de control, prevención y detección de violentos. La idea es que en las próximas semanas se haga oficial la decisión luego de tener el acuerdo absoluto entre AFA (Claudio Tapia), Superliga (Mariano Elizondo) y el Ministerio de Seguridad, el organismo que debe afrontar los operativos para cada evento deportivo.

La Superliga y la AFA van por cambios fuertes en sus torneos

El estadio Monumental en el último Superclásico, solo con hinchas locales.

Esto, por lo pronto, avanzará en la teoría. En la práctica es más complejo. ¿Por qué? Es que ya se sabe desde AFA que hay intenciones de algunos clubes de evitar el retorno de los visitantes, más allá de lo que digan en público para sonar políticamente correctos. Los casos de Boca y de River son similares. Ellos tienen sus estadios dedicados íntegramente a los abonados y reducirían su capacidad en el caso de acceder al público visitante. En Rosario, los casos de Central y de Newell’s se asemejan. En Boca, por ejemplo, la tercera bandeja visitante que solía destinarse a los hinchas de otros equipos hoy tiene a 4.500 socios adherentes por partido de local: el club tiene casi 90 mil además que esperan por un lugar.

¿Entonces? La primera idea de la Superliga es que esto se haga de manera optativa. Así, cada club decidirá con antelación si quiere o no (si está en condiciones edilicias, también) jugar con público de ambas parcialidades. La mayoría de los equipos de menor convocatoria tienen más de una razón económica para aceptarlo. Y en la mirada global de la Superliga también: las dos tribunas repletas ayudarán a vestir mejor un espectáculo que está intentando venderse al Mundo. La pasión,en este caso, sería un buen packaging a explotar. En España, por ejemplo, se está multando a los clubes que no tengan una mínima de abonos vendidos antes del inicio del torneo. En la Argentina esa opción se pensó y tentar con el regreso de los visitantes puede ser un manera de tener mejores marcos en cada uno de los partidos. Hay más: las recaudaciones se ampliarían, ya que desde el Ministerio de Seguridad confían en que no necesitarán mucho más efectivos para los operativos de los que se tienen en la actualidad.

¿Y las barras? El problema desde hace décadas tiene en el este contexto dos ítem a tener en cuenta. El Mundial como objetivo hace que de aquí en adelante cada fecha sea una prueba (el último ensayo fue en 2015, previo a las elecciones presidenciales) en lo que tiene que ver con los accesos y el comportamiento. El otro asunto es el estricto control con DNI puede suponer penas severas. Eso sumado a los proyectos para penalizar a los barras asoman como una solución que cooperará con la vuelta del público visitante. Los visitantes vuelven, los promedios se van.

El otro gran tema de la Superliga tiene que ver con la competencia y resolución de los descensos. Claudio Tapia había advertido en julio que analizaba abolir los promedios y en las últimas horas se animó a anunciar que en el ascenso se dejarán de usar dentro de próximos tres años. ¿Y la Superliga? El presidente quiere también que esa idea se aplique a la elite del fútbol argentino. Pero los equipos grandes no quieren saber nada con esta posibilidad. A ellos, pese a que bajo ese régimen descendieron Racing (1983), River (2011) e Independiente (2013), las cuentas hoy les sonríen y la vuelta de los torneos largos les permite una planificación de tres temporadas mucho más favorable. Los equipos medianos aún se lo discuten y los más complicados, desde siempre, advierten que podría ser una solución a una desigualdad añeja. ¿Cuándo se implementaría el nuevo sistema? Como en las categorías menores, Tapia propondrá que se haga dentro de tres temporadas. Y ahí comienza un nuevo conflicto, ya que los equipos más comprometidos para los próximos torneos quieren que esto sea algo inmediato. En la lucha voto a voto, los grandes pierden.

La idea de sacar este sistema se explica también desde la competencia. Con la posibilidad de que en 2018 haya 14 equipos clasificados a certámenes internacionales (el cupo de Conmebol se sigue ampliando año tras año), la Superliga pasaría a un segundo plano en lo deportivo y esto conspira contra el torneo y para quienes pagaron una fortuna para volver a transmitirlo. Alcanza con repasar que en estas nueve fechas de la liga, River, Independiente, Racing y Lanús decidieron poner equipos alternativos por tener compromisos internacionales muy cercanos. En la primera mitad del año que viene ocurrirá lo mismo y se le sumará Boca a ese listado. Entonces, la idea de Tapia es que la Superliga goce de buena salud con todos sus equipos compitiendo con sus mejores planteles. Para la “venta“del torneo, eso es clave.

Para los equipos medianos esta opción no convence porque entienden que lograr una clasificación internacional supone un desgaste que ellos, por la extensión de sus planteles, no podrán dosificar. Y así, lejos de ser un premio el acceso a una Copa, supondría un riesgo por descuidar el campeonato doméstico. Pasó en Europa en casos emblemáticos como el del Villarreal o Leicester. Esta será una discusión que tendrá más de una voz encontrada relacionada con un tema sensible como lo es la pérdida de la categoría. ¿Se impondrá el deseo de Claudio Tapia o el de los grandes? La Superliga cambia (si la dejan).

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