Cuando Sergio Barbagelata, entrenador de Sarmiento, supo que su equipo podría incorporar tres nuevas jugadoras para afrontar la Zona Campeonato de la Primera B, antes incluso de asegurar el boleto, el primer nombre que ocupó su cabeza fue el de Lourdes Castro.

No fue fácil, sin embargo, convencer a la oriunda de 25 de Mayo, a la que había visto lucirse con Rivadavia de Junín, y de la que conocía su pasado en seleccionados juveniles de Argentina. Ella tenía ya su vida organizada, sus estudios encaminados, su círculo de pertenencia lejos de Junín.

Finalmente, apoyándose también en el concejo de su familia, decidió aceptar la oportunidad que comenzará a materializarse este domingo, en el que se perfila para ser titular en la visita de Sarmiento a Banfield, por la primera jornada de la Zona Campeonato.

«Lo primero que hablé con Sergio fue el hecho de que yo estaba estudiando y mi familia había hecho muchos esfuerzos para bancarme. Me daba cosa tener que dejar todo por venir acá sin saber si iba a poder trabajar, quedar en el Instituto. Me vine el dos de enero, con garrapiñada y mantecol en la garganta. Al mediodía lloraba que no me quería venir. Me costó. Mi papá es un cargoso bueno con todo esto, me banca un montón. Mi mamá también. A veces pienso que lo hago más por ellos que por mí. Espero poder vivir algunos años de esto y poder ayudarlos», le contó la mediocampista de 22 años a Junín 24.

Aunque se define como una persona a la que le cuesta sociabilizar, no tardó en integrarse al grupo de Las Maestras. Sin embargo, remarcó todo lo que le costó el proceso de cambios que tuvo que afrontar: «Las pibas me ayudaron un montón. Enseguida entramos en confianza, me hice amigas. He estado sola un fin de semana y venían a tomar algo. Me sirvió porque te juro que en menos de un mes yo me quería ir. Soy muy de mis amigas, de mi familia. De levantarme y saber que mi vieja me va a cebar un mate. Es un grupo lindo. Más allá de discusiones que puedan surgir por cosas futbolísticas. Salís de la cancha y quedó ahí».

«Soy muy de mis amigas, de mi familia. De levantarme y saber que mi vieja me va a cebar un mate»

Tres son los refuerzos que presentará Sarmiento a partir de esta Zona Campeonato que comienza y que pondrá en juego nada menos que dos ascensos al Torneo Rexona de Primera División. Ella, Pini Tamburrini y Camila Torres, la última en llegar desde Olavarria. Desde que Sergio Barbagelata pudo contar con todas ellas, intentó remarcar que nadie tiene asegurada la titularidad, algo que la propia Lu Castro se encargó de resaltar: «Nos juntó a todas y nos dijo que no quiere que nadie se siente menos, porque nosotras nos vamos a tener que ganar el lugar al igual que otras de ellas lo hicieron en la primera mitad del torneo».

Precisamente en relación a los refuerzos, reconoció que las sorprendió que Belén González no continuara en el equipo después de haberse sumado para la preparación de esta nueva fase: «Entiendo que necesitábamos reforzar otras posiciones, pero nos sentimos todas mal porque había hecho la pretemporada, se había comprado la ropa. Ojalá algún día pueda volver, porque se lo merece».

El partido de este domingo ante Banfield en Luis Guillón ya se lo imaginó mil veces. Hace tiempo ya que se unió a Las Maestras sin tener la posibilidad, por reglamento, de salir a la cancha. Y la ansiedad se hace sentir: «Tengo una manija bárbara. No doy más. Quiero jugar. Confío en lo que puedo dar, porque me tienen confianza. Sergio me hace sentir importante. Te juro que me rompo entrenando, corriendo todo lo que hay que correr para darle lo mejor de mí al equipo. Espero que tengamos un buen partido y que el resultado sea el que esperamos. Necesitamos y queremos ganar», aseguró.

INICIOS Y SELECCIÓN

Lourdes Castro creció alrededor de una cancha de fútbol, siguiendo los pasos de un papá futbolista, y también se metió a jugar cada vez que la dejaron. Jugó con los pibes en el mismo club que su viejo, hasta que crecer le dio su primer cachetazo. Para el pase a octava división, en la liga de 25 de Mayo creyeron que ya no era conveniente que jugara con varones y tuvo que parar. «Yo estaba enojadísima. Eran mis amigos, quería jugar con ellos. Dejé durante más de dos años, porque no había femenino. Las que jugábamos era Giuli (Ojeda), mi amiga y compañera en Rivadavia, y alguna más», recordó.

«Yo estaba enojadísima. Eran mis amigos y quería jugar con ellos»

Pasó el tiempo y a su papá, en el mismo club, le contaron que se estaba armando un equipo femenino y que querían contar con ella. Ni hace falta aclarar que se tiró de cabeza. Hasta que a los 15 años, cuando había salido a jugar a Chivilcoy, alguien notó ese talento y le ofreció una prueba en la filial que All Boys tiene en Mercedes. Sí, se tiró de cabeza parte dos.

Pidieron controles y ella hizo jueguitos como si estuviese en el patio de su casa. Casi no hizo falta más para quedarse y eso que tenía mucho más para mostrar. Tanto que a un mes de jugar con El Albo en Primera, por primera vez en cancha de once para ella, la llamaron de la Selección Argentina Sub-17.

«Tenía un cagazo… En junio me llamaron. Ese mes fue terrible. Dejé la escuela. Entrenábamos de lunes a jueves. Yo allá tenía a mi abuela y como a veces no me combinaba con el horario para volver a 25 me quedaba también los viernes en Buenos Aires . Sábado entrenaba con All Boys y jugábamos los domingos. Entonces estaba re poco en mi casa y me costaba un montón. Yo soy muy mamera, atrás de mamá y papá todo el día», contó la flamante mediocampista de Sarmiento.

Y agregó: «En ese entonces era una etapa de preseleccionado. Después tuve la suerte, jugando de doble cinco más defensiva, de ir al Sudamericano de Paraguay (2013). Nos fue horrible y eramos uno de los mejores equipos. Ganábamos todos los amistosos, hasta a los pibes. Pero algunas fueron a otra cosa, se olvidaron de jugar al fútbol».

Pensó que tras aquella experiencia fallida en el certamen continental ya no volverían a citarla. Se equivocó, porque la apuesta se redobló con un llamado a la Selección Sub-20. Y ella que seguía teniendo apenas 15 años.

LESIÓN Y VOLVER A EMPEZAR

«Estaba re bien físicamente porque no había parado en ningún momento. Fue mi mejor momento física y futbolísticamente. Creo que nunca jugué tan bien. Pero venía teniendo algunos problemitas con mis viejos. Anímicamente no me sentía bien, tenía la cabeza en otro lado», recordó Lu Castro.

«Creo que nunca jugué tan bien, pero anímicamente tenía la cabeza en otro lado»

En un entrenamiento con La Albiceleste, cree que contra un equipo masculino de Atlas, salió a la marca de un rival y en un mal movimiento terminó rompiéndose los ligamentos de la rodilla: «Faltaban tres semanas para ir al Sudamericano de Uruguay. Justo estaba dejando de jugar en All Boys y me habían conseguido una prueba en San Lorenzo. Estuve casi 10 meses con la rehabilitación, todo a cuenta de AFA. Viajaba todas las semanas a rehabilitarme allá, hasta que me cansé y le dije a mi papá que me averiguara un kinesiólogo de 25 de Mayo que arreglara con AFA.

Ocho meses estuvo recuperándose en su ciudad y apenas le dieron el alta deportiva volvió a recibir el llamado de la Sub-20, que para entonces ya tenía como entrenador al Vasco Olarticoechea, campeón del mundo en México 1986. «Yo todavía ni había tenido contacto con la pelota. Primer partido y no agarraba una. Hasta me daba vergüenza. Le dije que era la primera vez que volvía a jugar. ¿Como? Me preguntó. Le dije que venía de una rotura de ligamentos. Él me contestó que no sabía y se disculpó.

Tenía que volver a empezar y qué mejor lugar que en 25 de Mayo, con las amigas y un equipo que habían bautizado como Las Bartoleras. Estefa Aliano, multicampeona con Las Celestinas que por ese entonces jugaba en Pinto, la invitó a formar parte del equipo. Tuvo curiosidad, pero finalmente no arrancó. Y sería precisamente con Rivadavia de Junín que Lourdes Castro comenzaría a recuperar la confianza perdida.

«Giuli (Ojeda) me invitó a ver una final contra Lincoln. Ella quería que yo me venga. Fui, hablé con Mariano (Reynoso) y me sumé. Me costó adaptarme al grupo, por cómo soy. Ellas siempre trataron de integrarme, pero yo era de ir para el otro lado de donde iban todas. Una vez que entramos en confianza, ya me hice amigas y andaba ahí metida entre todas», recordó.

Vaya si fue importante para Las Celestinas. En 2019 metió el gol que les permitió ganar una ajustadísima final ante Sarmiento y en el torneo siguiente otros dos en la definición del título ante UNNOBA. Para ese entonces, Barbagelata ya le tenía marcada con resaltador verde y mucho le debía al DT de Rivadavia.

«Mariano Reynoso me ayudó un montón. Después de lo que fue mi paso por Selección, fue la primera vez que tuve un técnico que sin conocerme me puso de titular, confió en mí. El me conoció ahí, me puso y es gracias a él, a las compañeras que tuve, que hoy tengo esta oportunidad de estar donde estoy. Mil veces le he dicho que es una muy buena persona. En cancha de once, la confianza la recuperé con él, me volví a sentir segura para jugar en la posición que me pongan», se encargó de destacar.

LARGA VIDA AL FÚTBOL DE LOURDES CASTRO

A la hora de sentarse a pensar qué siente la nueva mediocampista de Sarmiento por el fútbol, imposible no recurrir a una frase que soltó, todavía con timidez: «Me dio lo mejor y lo peor. Perdí finales, lloré de bronca, me lesioné. Pero también me dio amistades, uniones, amores… Amo ir a una cancha y compartir un partido con papá y mamá. O salir de un partido y encontrarlos afuera. Yo me crié adentro de una cancha».

«Perdí finales, lloré de bronca, me lesioné. Pero también me dio amistades, uniones, amores»

Y a esos momentos en familia que la marcaron de por vida, le agrega ahora el deseo de pronto empezar a devolver un poco de lo que quienes la llevaron de la mano atrás de una pelota hicieron para que apueste a seguir su sueño: «Es un esfuerzo muy grande el que hacen mis papás para que yo esté acá. Hoy veo que mis viejos están en una situación complicada y por eso, además del fútbol, espero también poder conseguir un trabajito. Son muchos cambios. Hoy estoy acá, ni pienso en irme a otro lado. Pero sí sé que esto es una gran vidriera. Ojalá pueda vivir del fútbol aunque sea algunos años».

Por Juani Portiglia

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