Una foto. Una revelación que se nos había pasado por alto. No es Mariano Moreno si no hay Alonso. Y en el flamante equipo de fútbol femenino no es una, sino que son cinco las representantes de una familia que asume el club como su segunda casa.

Macarena (31), Agustina (28), y Milagros (20) son hermanas. A su vez primas de Valentina (22) y Melina (17). Todas decidieron mandarse en banda allá por agosto del año pasado, cuando empezaron los entrenamientos bajo la conducción de Carolina Cravero. Pero incluso antes que llegara la DT, ya se habían puesto al hombro la campaña para que por fin llegara el fútbol femenino al club de sus amores.

«Personalmente, siempre le decía a mi papá que quería practicar acá en el club. Quería empezar fútbol. Hace algunos años intenté, pero como no era mi club no me gustaba ir a entrenar ni nada. Estuve como un año insistiendo para venir acá. Y así se fue dando», le contó a Junín24 Valentina Alonso, la encargada de romper el hielo.

Acá, dijo, precisamente porque el encuentro tuvo lugar en el club al que casi no habían vuelto desde que se decretó la cuarentena. Solo una vez para el Día del Niño, para ayudar a entregar regalos a los chicos y las chicas de la Escuelita. Por eso el entusiasmo brilla en los ojos, aunque haya faltado el detalle de la pelota.

«Éramos bastantes chicas cuando arrancamos. Algunas se fueron yendo, pero quedó el equipo armado», recordó Agustina sobre aquellas primeras prácticas. Y siguió: «Hay mucho compañerismo, nos llevamos súper bien. Al principio nos costó a todas muchísimo, porque nunca habíamos jugado. Ahora es como que cada una ya tiene su posición, nos entendemos. Así se hace todo más llevadero. A las prácticas siempre vamos todas, es muy raro que alguna falte. Y eso hace más lindo el venir a entrenar».

Justamente porque nunca habían jugado, más allá de la breve incursión de Valentina en otro equipo, el hecho de tomarlo como una actividad familiar fue decisivo para terminar de animarse. Y fue Agustina la encargada de aclarar que apenas rodó la pelota, el flechazo fue inmediato. «A mí me gusta el fútbol. Siempre me gustó ir a ver partidos. Pero al principio arranqué como una manera de decir voy a ir a hacer algo. Siempre hice deportes y siempre los dejaba. Pero con esto arranqué y cada vez tenía más ganas de seguir. El hecho de que vengamos las cinco también te motiva a seguir. Siempre nos volvemos juntas caminando, compartimos también esas cosas«.

Cuando dicen arrancar de cero, de verdad que fue de cero. En las primeras prácticas, ninguna jugadora tenía definida una posición más allá de la idea o el deseo de lo que les gustaría ser. Primer trabajo fuerte para la DT. «A Caro la conocimos en esa primera práctica. Nos escucha mucho y nos tiene mucha paciencia. Cuando no nos sale algo, nos alienta y nos explica. Nos probó en todas las posiciones. Desde arquera hasta terminar de nueve. Hasta que en un momento ya fue saliendo», contó Melina. «De todas las que empezamos ninguna había jugado. Pero nos divertíamos, nos reíamos mucho. Ese es el motivo principal por el que lo hacemos. Y sí, Caro nos tiene mucha, pero mucha paciencia», la completó Macarena.

«Yo arranqué de defensora y terminé en la otra punta, de delantera», advirtió Milagros para dejar en claro que cada una fue adaptándose a las necesidades de un equipo que empezaba a tomar forma. Las otras cuatro sí se quedaron abajo y Valentina tuvo explicación para ello: «Los Alonso, en su gran mayoría, somos defensores. Es algo que ya está en la familia. Pero vamos probando y viendo dónde nos sentimos mejores».

No solo el gen defensivo es compartido entre las Alonso de Moreno y fue Macarena la encargada de avisar: «Somos todas calentonas. Eso también es muy de los Alonso. Aunque es imposible no enojarte un poco adentro de una cancha». Pero enseguida señalan a Melina como otra excepción a la regla: «Corre atrás de la pelota riéndose», aseguró Valentina. «Si estoy seria, es porque me pasa algo», reconoció la más chica de la familia de futbolistas. «Yo soy la que jode, todo el tiempo», levantó la mano Milagros, como para dejar en claro que cada una tiene su rol bien definido, adentro y afuera de la cancha.

EL PRIMERO DE TODOS LOS PARTIDOS

Con poco más de cuatro meses de entrenamientos y casi que como evento para ir cerrando el año, el 11 de diciembre tendría lugar el primer partido amistoso para Mariano Moreno. Fue contra Independiente, en un marco que le dio todavía mayor épica.

«Fue uno de los mejores momentos que vivimos como equipo. Llovía, diluviaba directamente. Era una cosa de caernos en el barro», recordó Valentina. «A las cinco de la tarde lo habían suspendido y a las cinco y media nos habían dicho que se jugaba de vuelta. No sé qué pasó con el clima», dijo Milagros. Y Melina agregó: «No había luz, nada. La luz eran los relámpagos, te lo juro. Les hicimos un re partido. Y nos ganaron porque se agregó más tiempo para seguir jugando. Si no, lo empatábamos».

ENCUENTRO Y CESE DE ACTIVIDADES

Para Las Morenas fue muy importante la oportunidad de participar del encuentro futbolero que organizaron para el Día de la Mujer desde el flamante Departamento de Selección Femenina de la Liga Deportiva del Oeste. Tiene que ver con qué, pese al carácter puramente recreativo, era para ellas la primera oportunidad de medirse con aquellos otros equipos a los que luego deberían empezar a enfrentar por competencias oficiales.

«Fue muy importante para nosotras, porque somos el equipo más nuevo y era arrancar, ver cómo es el sistema, cómo es cada jugadora, cómo son los otros equipos. Y obviamente de todo eso vamos aprendiendo», destacó Macarena.

Las cinco Alonso dijeron presente en aquel encuentro en cancha de Villa Belgrano, donde pudieron jugar cuatro partidos. Contra Rivadavia de Junín, Villa, Independiente y La Osadía.

«La Osadía fueron las mejores contra las que jugamos. Re amables las chicas, re buena onda. Divinas. Lo bueno que tenían es que fueron a lo mismo que nosotras. A divertirse. No fueron a competir y se notó que la pasaron re bien», destacó Valentina.

Distinto fue el partido contra las campeonas vigentes de Rivadavia de Junín, que como contó Milagros se puso un poquito más picante: «Yo salí llorando del encuentro. Me dio bronca, no sé. Tiré un caño y me re bardearon. ¡Se armó una! Imaginate. Encima yo tenia más miedo de jugar… Fue un show. Pero estuvo buenísimo».

Fue después de ese encuentro que las Alonso, y todas en Moreno, empezaron a entender un poco más de lo que se iba a tratar el inicio de la competencia que las tendría como debutantes absolutas. «Lo bueno de esto es que no importa si jugamos hace diez, 20 o el año que hace que nosotras arrancamos. Si nos toca jugar un debut contra Rivadavia de Junín, nosotras nos vamos a parar y las vamos a enfrentar. Esa es la mentalidad que nos baja Caro. Nos da la confianza de que podamos jugar y superarnos, sin importar cómo salga el partido», señaló Macarena.

En ese proceso de aprendizaje, Valentina destacó también la importancia de que algunas jugadoras con rodaje en otros clubes se acercaran a entrenar con ellas a inicios de año, aunque no pude saber si seguirán cuando pase la pandemia: «En su momento tuvimos la oportunidad de que vinieran a entrenar con nosotras algunas chicas de Villa y eso nos sirvió un montón. Te dan otra presencia en la cancha, por más que sea un entrenamiento. Te ayudan, ves las cosas que por ahí a vos te faltan y decís, ah pero yo también lo puedo hacer«.

Precisamente hablando de refuerzos, también hay un intento porque una sexta Alonso se sume a acompañarlas, aunque sea a préstamo por un campeonato: «Cuando empezó la pandemia estábamos haciendo todos los papeles para entrar a la Liga. Y nos queríamos traer a Martina de Rivadavia», reveló Melina. «Igual, ella está re bien allá», aclaró Macarena. Pero Milagros redobló la apuesta: «Una vez la traje a entrenar. Le tira el club y le tira jugar con nosotras. Pero en Rivadavia la van a matar, jaja«.

Cuando el nerviosismo iba en aumento y empezaban a aparecer algunos temores por lanzarse de lleno a jugar una competencia oficial, siempre superados por el deseo de jugar; a Caro Cravero le tocó dar a sus jugadoras la noticia de que había que parar. Ni ellas, ni nadie podría haber imaginado que sería por tanto tiempo. Por eso mismo las Alonso coincidieron en señalar que cuando se retomen las actividades para ellas será como un volver a empezar. «Veníamos con muchas ganas y fue difícil parar», dijo Milagros. «Si nos hubiese tocado jugar el torneo este año, por ahí nos iba a ir mal desde los resultados, pero nos hubiésemos parado con mucha voluntad adentro de una cancha. Veníamos bien preparadas«, acotó Valentina.

SE EXTRAÑA TODO

Para las Alonso la suspensión del fútbol no solo fue poner en pausa lo que para ellos era una aventura nueva, sino también tener que desistir de algunas tradiciones que las acompañaron durante toda la vida y que están vinculadas con el club.

«Como los varones de nuestra familia siempre jugaron acá, porque recién ahora se están retirando, para nosotras era venir a ver los partidos, sentarnos con el sanguchito y la gaseosa, ir a la pileta«, recordó Macarena. Y Valentina agregó: «En este club estamos desde que nacimos. Y los domingos eran sagrados. Te venías a comer un asado y estabas toda la tarde, con familia, con amigos. La pasábamos bien y nos daba energía para arrancar la semana de otra manera».

Tan vinculado están familia y club que tanto Macarena como Agustina tienen a sus hijos jugando en la Escuelita. Hay Alonsitos y Alonsitas para lo que viene. Incluso una que ya está pidiendo pista para jugar con ellas. «La hija del Chachi Alonso quería empezar este año y no se le dio, pobre. Justo la semana que iba a arrancar se declaró la cuarentena y se quedó con las ganas. El papá le ponía los conos en el patio y ella entrenaba», dijo Valentina. «Ella tenía muchas ganas de arrancar para jugar con nosotras. Lloró una semana cuando no pudo.  Nos veía jugar y ella también quería. La motivamos más a ella que a nosotras, jaja», confesó Melina.

Dedicado especialmente a Lorena García.

Por Juani Portiglia

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