Foto: Prensa River Plate
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El sábado tocó arrancar temprano, aunque quién sabe si alguna habrá conciliado el sueño profundo después de tantos meses de espera. Pasaron tantas cosas en el medio que hasta el vestuario se veía diferente. Para bien, porque por primera vez las esperaban camisetas con sus apellidos estampados en la espalda. En la cancha auxiliar, con un Monumental de fondo que algún día necesariamente deberá abrirles las puertas para siempre, los aplausos se comieron al silencio en homenaje a Maradona. Y cuando el reloj marcó las nueve de la mañana, volvió a rodar la pelota de manera oficial para Las Millonarias.

A Agustina Vargas podría estar comiéndosela la ansiedad como a cualquier piba de 18 años ante semejante cóctel de sensaciones. Pero está tranquila. No sabe por qué será, si se le cayó el mundo cuando le dijeron que había que frenar todo por una pandemia mundial. Si la felicidad no le entraba en el cuerpo cuando le avisaron que se retomaban los entrenamientos. Si había tenido sesión de fotos y video con la nueva casaca, justo ella que todavía se muere de vergüenza con la exposición. No hay por qué, pero estaba tranquila.

Le tocó esperar en el banco de suplentes a que llegara el momento. ¿Qué son unos minutos más después de tantos meses? Vio a sus compañeras ser una máquina desde el inicio ante Lanús. O más bien confirmó todas esas buenas sensaciones que le habían dejado los entrenamientos y amistosos. Pasaditos los 20 del segundo tiempo, con River ganando 5-0, sonaron las palabras mágicas. Probó tapones, alineó canilleras y esperó que el saludo de Justina Morcillo y Carolina Birizamberri le diera el paso junto a Florencia Fernández.

42 marcaba el reloj y Las Millonarias salieron de contra a puro vértigo. Lezcano la ubicó en tres cuartos de cancha, en línea recta al arco, y le cedió la pelota. No era chamuyo que tenía en cero los niveles de nerviosismo. En dos toquecitos se acomodó la pelota y sacó un derechazo poderoso que se le metió por encima a la arquera Díaz. Las cámaras de la tele, que la inhiben mucho menos cuando está enfocada en hacer lo que más le gusta, se quedaron en su sonrisa, en el 15 de la espalda y en esa estampa nueva que la presenta. Vargas, Agustina. Mucho gusto.

-¿Fue el mejor sábado de tu 2020?

-¡Obvio que fue el mejor! Tener la camiseta con mi apellido atrás fue una de las cosas más lindas y un sueño que quería cumplir. Se me dio llevar esa casaca, que por ahora va a quedar en la utilería del club. Ojalá algún día vaya a casa. Pero no se la doy a nadie, me la quedo para mí.

-¿Qué análisis hacés del rendimiento del equipo en la vuelta a la competencia oficial?

-A nivel equipo estamos de diez, venimos entrenando muy bien, después lo llevamos a los partidos y mucho mejor. Mis compañeras están de veinte, muy motivadas con el torneo, con el nuevo cupo para la Libertadores. La verdad que estamos muy bien. Cuando nos enteramos de ese cupo fue sonrisa de oreja a oreja y decirnos esto tiene que ser nuestro. Así que a morder el cuchillo entre los dientes…

-Se nota que toman todos los partidos con mucha seriedad y es parte del apuro pensar en un posible cruce con Boca. Si eso pasa, ¿crees que se va a dar un partido muy diferente del de la primera fecha del pasado torneo?

-Todos los equipos están muy bien. Van a ser muy duros todos. Creo que si nos toca volver a cruzarnos con Boca, la paridad del partido va a ser muy diferente al de la primera fecha del campeonato pasado. Venimos mejorando día a día. Si por algo nos bajoneó la pandemia fue porque habíamos arrancado el año con todo y nos pasó esto. Pero creo que arrancamos ahora incluso mucho mejor que el torneo pasado.

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-¿Y cómo la pasaste en esa cuarentena?

-Bien, tranquila. Sabía que si me ponía a pensar todo el tiempo en fútbol iba a estar mal. Entrenaba con mis compañeras por Zoom y eso me alegraba un poco más el día. Hasta que llegó el momento en que dijeron que empezábamos y me volvió el alma al cuerpo. El primer día de entrenamiento fue raro, pero a la vez tenía una felicidad enorme en el cuerpo por volver a entrenar, a pisar el césped.

-Entre tantas sensaciones juntas que tuvo el sábado, hubo también homenaje a Maradona. ¿Cómo lo viviste?

-Es una tristeza enorme para el pueblo que se haya ido el mejor de la historia. Yo no lo vi jugar, sí vi muchos videos y aprendí, porque mirando aprendés. Pero el momento del minuto de silencio lo viví con mucha tranquilidad. Creo que no hay que estar todo el tiempo tan pendiente, sino desear que descanse en paz.

-¿Cuándo te llamaron para entrar se perdió algo de esa tranquilidad?

-Obvio que aceleró el corazón porque era la vuelta a jugar, pero yo antes de los partidos no siento nervios ni nada. No sé por qué, pero soy muy tranquila.

-¿Nunca te comieron los nervios antes de un partido?

-En mi primer clásico contra Boca sí estuve un poco nerviosa. Tenía 16 años. Pensaba si hago una cosa mal, qué le digo a mis compañeras.

-¿Metiste el mejor gol de la goleada?

-Del partido, el que más me gustó fue el segundo de Lu Martelli, por toda la jugada. Fue el mejor gol del finde. El mío lo pongo en mi Top 3 personal.

-¿Cuáles son los objetivos principales que te marcás a nivel individual?

-El principal es siempre dar lo mejor para el equipo. En eso tengo siempre la cabeza. Después obviamente viene el deseo de ganar partido tras partido y apostar al campeonato para poder clasificar a la Libertadores.

-Habiendo hecho experiencia ya en juveniles, ¿en Selección no pensás?

-Ojalá pueda pasar. Pienso mucho en la Selección y me digo que en algún momento tengo que estar en la mayor, con mis excompañeras y las actuales. Pero ahora estoy mucho más concentrada en River.

-¿Qué cambió para vos desde que empezaste a tener una agencia de representación?

-Empezamos este año con Sportway. Es mi primera representación. Creo que nos permite estar plenamente concentradas en lo nuestro que es el fútbol. Nos ayuda un montón. Es algo que le hacía falta al femenino. El Ruso (Diego Garello) conmigo es un diez. Me ayuda en todo lo que necesito.

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LOS INICIOS

En José León Suárez, los arcos se improvisaban con piedritas y todos los días eran de fútbol con amigos en el barrio. Las ganas eran tantas que además empezó a entrenar en el club Independencia, a dos cuadras de su casa. Y aunque era la primera en llegar a entrenar, tenía que conformarse con jugar los amistosos, porque la liga no le permitía fichar en un equipo de varones.

-¿Qué sentías cuando te decían que no podías jugar?

-Yo con ir a entrenar me ponía re contenta. Llegaba una hora antes para ver a las otras categorías. Cuando se acercaba el fin de semana me ponía un poco triste porque sabía que no iba a jugar. Pero iba a ver todos los partidos y a alentar a mis compañeros.

-¿Esa pasión es heredada o nació con vos?

-Mi papá y mis hermanos son también re futboleros. Siempre jugaba con ellos en mi casa. Nos matábamos. Tengo tres hermanos más grandes y uno más chico. A veces no me dejaban jugar porque tenían miedo a lastimarme, hoy me explican eso. Y mi hermano más chico siempre dice mentira, si te iba a dar un baile… Yo les creo que fue por eso.

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-¿Fútbol once siempre en River?

-Sí, aprendí y sigo aprendiendo acá. Desde los 13 años hacía fútbol sala en el club hasta que un día decidí irme a probar a once, creo que con 15 años. Tenía una amiga que jugaba futsal y 11, entonces nos dijo a Stefi Melgarejo y a mí se queríamos ir, porque obviamente nos iba a servir un montón. Fuimos con Iara Leiva también, las tres. Estuvimos una semana con la escuelita y a la segunda semana nos subieron con la Primera División.

-¿Costó el paso del futsal al once?

-El fútbol sala es uno de los deportes más lindos que hay. No se compara con nada. Hay muchas diferencias con el 11. La cancha es más chica, podés pisarla y encarar más. En 11, sobre todo en mi posición de mediocampista, tenés que jugar a dos toques. En sala era posicional de ala y si la perdía sabía que podía volver, replegar rápido. Son dos juegos diferentes. Creo que no me costó tanto agarrar el ritmo al 11, porque empecé casi a la misma edad y aprendí de los dos.

TOP 3 DE GOLES, ELECCIÓN DE AUTORA

En el Top 3 me quedo con este último contra Lanús, más que nada por la jugada. Porque salimos de contragolpe en un ataque directo. Segundo uno que le hice a UAI Urquiza, jugando en Reserva. Y el mejor fue el que metí contra Gimnasia, que hace un quite mi compañera, yo la fui a pelear y la gané. Me quedó para pegarle y le di.

Por Juani Portiglia

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