Fue el propio Negro Enrique el que se encargó de abrirnos los ojos cuando señaló, con el pecho inflado, que si él hubiera decidido dar a la pelota cualquier otro destino que no hubiese sido Maradona aquel 22 de junio de 1986 no hubiera existido el mejor gol en la historia de los mundiales. Tal vez, incluso, la Selección Argentina no hubiera terminado ganando el segundo y último Mundial de sus vitrinas.

En 2002, en Los Toldos y unos meses después que Argentina se volviera en primera ronda del Mundial de Corea y Japón, llegó al mundo La Mona, que si el último domingo hubiera decidido dar por perdida una pelota que parecía escaparse por la línea de banda cuando el partido contra Puerto Nuevo todavía estaba cero a cero, si no se hubiera tirado al piso a barrer esa misma pelota que segundos después estaba en los pies de Sofía D’Ambrosio en carrera directa al arco rival; tal vez no hubiera dado lugar a la fiesta más grande que hayan vivido Las Maestras desde que juegan en AFA.

«Me joden porque imaginate que odio correr. ¡Y ahí de cinco! Pero me sentí bien. Yo pensé que la pelota se iba. Me tiré y me quedé mirándola desde el piso. Cuando veo a la Popi corriendo… ¡Una alegría! Se empezó a ir para el arco y ahí dije chau», le contó a Junín24 Sofía Nieves, que le cumplió con creces a la apuesta del cuerpo técnico de ponerla a jugar como doble cinco en el partido que terminó con victoria 6-0 para Sarmiento.

Precisamente sobre el nuevo rol que le tocó ocupar dentro de la cancha, pero que a su vez le dio la oportunidad de ser titular que no había tenido en el inicio del reducido ante Comunicaciones, destacó: «Siempre me han puesto más de enganche, incluso en estos últimos partidos. De cinco nunca había jugado. Pasa que salió Lourdes Castro que es volante (jugó por derecha ante Comunicaciones) y Mari Costa estuvo a disposición para jugar ahí. Sergio (Barbagelata) me quiso poner de doble cinco con La Pocha (Flor Gamarra). Salió demasiado bien».

Con su socia en mitad de cancha intentaron descansar unas horas en la previa del partido, pero la ansiedad era tanta que las cosas no resultaron como esperaban, al menos hasta que tocó salir a la cancha, donde mejor imposible. «Estábamos con La Pocha antes del partido y me dice vamos a acostarnos un rato… Tenemos cuchetas en la pensión y yo escuchaba que se movía de un lado al otro, le pegaba a la cama, cantaba… No me puedo dormir, me decía. Y no dormimos nada, o sea que los nervios y la ansiedad estuvieron hasta que llegamos a la cancha y empezamos a cambiarnos. Después, estando todas juntas, ya empezamos a calmarnos», relató.

Foto de Liliana Galli (Los Toldos)

El partido contra Puerto Nuevo era también una medida para ver si se había aprendido la lección que dejó el primer amistoso de la pretemporada post-cuarentena, ante el mismo lugar. En aquella ocasión, más allá del resultado favorable, el juego de las de Campana había frustrado a las dirigidas por Sergio Barbagelata, que se sintieron incómodas durante varios momentos del encuentro.

«El amistoso fue un desastre. No podíamos hacer ni cuatro pases seguidos en el primer tiempo. A la vez pienso que estar en nuestra cancha, con la hinchada que llegó, con la gente que te quiere yéndote a ver y todo eso te re motiva, entrás con otras ganas», opinó La Mona, todavía con el sonido de las trompetas dándole vueltas en la cabeza. Y agregó: «Cuando empezaron a tocar creo que nos miramos todas, porque nunca nos había pasado. ¡Teníamos una emoción! Justo el partido se había parado por un golpe y La Negra me dice empezá a escuchar las trompetas, yo por eso metí el gol… Re cebada. Nos pusimos re contentas.  Ya nos estábamos imaginando lo que iba a ser el último partido».

Como una de las integrantes del plantel que jugaba en la Liga Deportiva del Oeste, al inicio del sueño de AFA Sofía Nieves sintió, al igual que otras compañeras, que la llegada de tantos refuerzos de jerarquía podía relegarla en la consideración de Sergio Barbagelata, un entrenador que también era nuevo para muchas de ellas. Sin embargo, reconoció que el correr de los partidos y las charlas constantes con el cuerpo técnico sirvieron para cambiar esa mentalidad y llegar al día de hoy habiendo entendido que los objetivos solo pueden cumplirse con el aporte de todas.

Foto de Mabel Panero

«Era entendible que muchas de las que ya estábamos fuéramos a jugar menos de lo que lo veníamos haciendo. Ya era algo que se venía hablando. Después, siempre me seguí esforzando para querer estar, jugar. Más allá de que era más chica y que fueron a buscar jugadoras más grandes también por la experiencia. En algún momento sí te sentís bajón, porque era como que llegaban chicas a ocupar tu lugar. Pero también sirve de aprendizaje. El otro día lo hablábamos con Lu Inglese y coincidíamos en que nosotras teníamos admiración por las chicas que llegaron, entonces tampoco te sentís tan mal, porque sabés que algún día te va a tocar a vos ocupar ese lugar y va a haber chicas más chicas en el lugar que nos toca estar a nosotras hoy».

Entre los muchos refuerzos que llegaron a Sarmiento, llegó quien para La Mona es una amiga de la vida. Brunella Gutiérrez, otra toldense con quien desde hace años comparte risas y festejos de cumpleaños, por haber nacido el mismo día. En el mencionado partido amistoso contra Puerto Nuevo, a La Chula le tocó lesionarse, al igual que a Camila Torres, y saber que no iban a poder ser parte de la definición de los ascensos desde adentro de la cancha. «Obvio que a todas nos pegó bajón el tema de las lesiones, por ellas sabiendo que se iban a perder los cuatro partidos, y por nosotras porque eran dos jugadoras titulares, importantes, que hicieron muchos esfuerzos. Pero el hecho de que sigan yendo a la cancha con nosotras, que siempre estén ahí, las hace parte y creo yo que las hace sentir un poco mejor», remarcó.

LOS INICIOS

De muy pibita, en Los Toldos, Sofía Nieves que todavía no era Mona se la pasaba jugando en el barrio, entre familia y amigos. Hasta que le llegó la invitación de una vecina para formar parte del equipo que iba a iniciar los entrenamientos en River de aquella ciudad. «Yo tendría 12 o 13 años y nunca había estado en un equipo. Después Sofi (D’Ambrosio) fue un tiempo, Nina (Laurens) también . Empecé ahí, pero todas eran mucho más grandes que yo. No me perdía un entrenamiento… a veces éramos dos», recordó.

Foto de Mabel Panero

Su llegada a Sarmiento se daría un tiempo después, cuando algunas de las jugadoras que hoy son sus compañeras llegaron a Los Toldos para disputar los Juegos Bonaerenses. «Me acuerdo que estaba Julieta (Chiófalo), que la conocí ahí, Lourdes (Pérez), Vicki (Jancich)… En ese momento entrenaba en French, jugaba en 9 de Julio. Mi abuelo, que siempre me llevó a todos lados a entrenar, ya me venía diciendo de ir a Sarmiento. Aproveché que Junín me quedaba más cerca, así que fui. Estuvo muy bueno porque además de jugar encontré muchas amigas«.

SARMIENTO, PLATENSE Y LOS ESTUDIOS

En pleno curso de la cuarentena, cuando Sarmiento ni siquiera había podido retomar los entrenamientos y mucho menos sabía qué le iba a deparar el futuro en relación a cuándo y cómo iban a disputarse finalmente los dos ascensos a Primera División, La Mona recibió un mensaje que no tenía otra intención que ofrecerle la posibilidad de jugar con Platense en la máxima categoría del fútbol argentino.

«Yo estaba en Insta. ¿Viste que te llegan mensajes para aceptar? Nunca los había abierto. Un día entré y un chico de acá, que conocía a un dirigente de Platense, me había dicho que quería hablar conmigo, que me había estado mirando. Le dije que le pase mi número para hablar directamente con él. Estuvimos hablando y me dijo si quería ir para allá, para jugar el torneo que quedaba este año y firmar para el año que viene. Pero no quise«, contó.

En relación a los motivos que la llevaron a descartar de plano el ofrecimiento, señaló: «Es el año en que termino la escuela, quiero estar con mis compañeras de escuela, pensaba en que en plena pandemia iba a estar allá sola. Y encima todo esto del ascenso, que quería jugarlo con mis compañeras».

No es casualidad que, más allá de ser apasionada por el fútbol, La Mona le haya dado prioridad al estudio, porque sabe que la relación entre lo que una jugadora da y lo que recibe sigue siendo desfavorable. «Ya tengo pensado irme a estudiar, básicamente porque del fútbol, al menos hoy en día, no voy a vivir. Así que quiero ponerme con el estudio, más allá que mientras pueda voy a seguir con el fútbol a la par. Pero principalmente pienso en irme a estudiar, ascendamos o no», explicó.

Y agregó: «Saber que todo el esfuerzo que hacemos nosotras por jugar al fútbol tiene muchas veces tan poca recompensa es un bajón. Tengo compañeras que dejaron trabajo, todo. Y una no recibe lo mismo que da. Lo hacemos porque nos gusta, porque tenemos amigas, pero no por otra cosa. Y ahora la cosa se empezó a poner más seria, pero igualmente cuánto te pueden pagar si eso pasa. No podés vivir de eso».

BAMBI, ESTO ES PARA VOS

Hubo una tarde, una foto casual en la Ciudad Deportiva de Sarmiento, que unió los caminos de La Mona y Bambi. El encuentro llegaría meses más tarde, para coronarse con un kilo de helado para compartir. «Estoy esperando el auspicio oficial, porque creo que doy muy bien para hacerle propaganda. No vaya a ser cosa que hagamos algo ahí… Bambi es el mejor helado de Junín, pero ¿vos probaste los de acá? En Los Toldos hay muy buen helado». Como en el último partido ante Puerto Nuevo, en esa barrida que quedará para la historia, la heladería que llega primero gana.

Por Juani Portiglia

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