La última vez que la habíamos visto jugar fueron 45 minutos de pisadas y gambetas frente a BAP. En el entretiempo, con el trámite igualado, creímos que si había alguien capaz de destrabar el partido y darle el triunfo a Independiente era ella. Minutos después de iniciado el complemento, un cable se cruzó así como si nada y pegó una patadita sin pelota, nada grave pero a los ojos de un árbitro que le mostró la roja con razón, rompiéndonos el corazón a todos los que la estábamos disfrutando.

Mili Moreno viene con el combo completo. Es el derroche del más puro talento de potrero, ese cuyas poseedoras pueden contarse con los dedos de una mano, pero también es ese brote de locura sin maldad que le ha jugado alguna que otra mala pasada al desarrollo de todo ese potencial.

En el medio hubo una pandemia, una cuarentena eterna que le devolvió muchas de esas ganas que ella misma reconoció por momentos haber perdido. Hubo charlas con otras jugadoras, amigas y consejeras. Y a menos de un mes para el inicio de un nuevo Nocturno, con 20 años, asegura que hubo un click y un cambio de mentalidad para respaldar todo ese talento que parecería acompañarla desde la cuna.

-Cada vez que te veo se me viene a la cabeza ese partido contra BAP… ¿Sos consciente de la jugadora que podés ser si no aparecen esos arrebatos?

-Me lo pongo a pensar muchas veces, por ahí cuando estoy en casa. Yo nunca me vi jugar, que me grabaran. No sé ni cómo juego. Pero a la vez se que soy una gran jugadora. En ese partido contra BAP me acuerdo que estaba enojadísima y pobre chica le di la patada. Fue una boludez. Directo afuera. Siento que se jugar a la pelota y además le pongo todo. Ojalá algún día tenga la oportunidad de jugar en algún club de AFA, como Sarmiento. Estaría bueno.

-Entonces para vos es más que diversión, ¿te gustaría llegar a ser profesional?

-Yo quiero ser jugadora de fútbol, dedicarme a esto. Totalmente. Pame Rodríguez (jugadora de Ambos Mundos, DT y dirigente de la LDO) es alguien que habló mucho conmigo, que quiere sacarme adelante y que lo logre. También hablo con Fer Rivero (jugadora, dirigente de Independiente y de la LDO). Yo a veces soy colgada, no me pongo como me tendría que poner. Desde los 13 años que juego en Primera. Y antes jugaba en el barrio, en la calle con mis primos y mis hermanos.

-¿Y a Independiente cómo llegaste?

-Laura Rivero fue la primera que me invitó a jugar en un club. Me dijo que iban a poner el femenino acá en Independiente y me acerqué. Estuvo mortal. Ella me veía jugar en el barrio, porque era muy amiga de mi mamá. Siempre me avisó para jugar. Ahí era yo. Me la creía. Jugaba a morir y no me gustaba perder. Ahora no me hago tanta mala sangre por perder, sino que trato de divertirme en la cancha.

-¿Sentís que hubo momentos en que todas esas ganas te abandonaron?

-Sí, tuve momentos en que esas ganas no estaban. Ahora otra vez estoy con esas ganas de mandarle para adelante. Desde que volvimos con los entrenamientos le estoy metiendo a full. Pasa que ahora estamos entrenando dos días acá en Independiente y por ahí se complica un poquito. Estamos viendo de agregar un día más que para mí nos vendría muy bien.

-¿Sos consciente de que muchas jugadoras, compañeras y rivales, dicen que sos la mejor que hay en Junín?

-Jaja, sí. Varias chicas me lo dicen. Si yo tengo que elegir, voy por Mari Costa y Meli Garialdi.

-Si hay una jugadora parecida a Meli en estilo sos vos…

-Jaja, pero Meli juega muy bien. Hay cosas que yo veo en ella que a mí me gusta hacer. Siempre quiero la pelota, hago los movimientos que tengo que hacer. Me encanta pisar la pelota, aguantar con el cuerpo. Pasa que juego desde muy chiquita. En ese tiempo yo decía por qué no pondrán fútbol femenino en Sarmiento, porque siempre pensaba en jugar en Sarmiento. Y ahora que está no estoy, jaja. Pero apenas me enteré que había acá en Independiente me vine, a lo bien humilde.

-Formaste parte de la Selección de Junín, pero el último año no estuviste. Ahora que se habla de renovación, ¿te gustaría volver a formar parte?

-Estuve, pero ahí. Más o menos. Me llamaban medio que para completar. Yo iba a hacer lo mío, porque me gustaba. Yo no tengo la menor idea de por qué no estuve el último año, pero me encantaría volver a estar. Capaz que a mí tampoco me salía ir, porque eso también está mucho en una. Me costaba siempre ser parte de otro grupo. Y todavía me cuesta, no te voy a decir que no.

-¿Cuáles son los mejores recuerdos que tenés del fútbol?

-A los 13 cuando arrancamos con Mauro Bianco. Era un crack. Te explicaba todo, te motivaba siempre. Ahí llegamos a la final. Tres finales tuvimos. Contra Pinto, contra Rivadavia y contra UNNOBA. La de Pinto, que perdimos 1-0, fue un partidazo inolvidable. Para Pinto jugaba Teté (Varela). Acá en el Rojo teníamos un equipazo, con Meli (Garialdi), Luna Maimone… Llegamos todas rotas a la final, porque le pusimos todo en cada partido. También me acuerdo un partido jugando en Villa, que tuvimos un tiro libre en el último minuto empatando 0-0 contra Sarmiento. Le pegué y no salió, le quedó a la arquera. Pero apenas saca, me queda, tiro pared con una compañera, me gambeteo a dos defensoras y la clavé al ángulo. Cómo mierda hice y cómo mierda no quedó ese gol grabado, jaja.

¿Dónde te ves de acá a cinco años?

-¡En Rusia! Jaja. No sé. Ojalá que en cualquier lugar que me permita vivir del fútbol. Me encantaría.

Por Juani Portiglia

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