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Estefanía Ríos: La revancha de La Flaka

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Estefanía Ríos fue una de las pocas jugadoras que en 2019 llegaron desde fuera del ámbito de la Liga Deportiva del Oeste para reforzar el plantel de Sarmiento de cara a la que iba a ser su primera incursión en la Primera B de AFA. Fue titular en el debut absoluto ante Argentino de Quilmes y en el primer partido fuera de casa ante Atlanta, ambos con victoria para Las Maestras. Pero una lesión le puso freno a su impulso.

Un primer diagnóstico erróneo mantuvo a Sergio Barbagelata y a sus compañeras a la expectativa de poder volver a contar con ella pronto. Pasaron las semanas, después los meses, sin signos de recuperación. Hasta que nuevos estudios determinaron que había sufrido una rotura de ligamentos, que debía someterse a intervención quirúrgica… Y el mundo futbolero de La Flaka se vino abajo, pensando en el tiempo perdido y también en todo el que faltaba para volver a pisar una cancha.

«Después de una lesión así ya no sos la misma», asegura la oriunda de 9 de Julio y lo justifica repasando los diferentes estados anímicos que atravesó desde entonces. Hasta que se convenció de que tenía que volver, levantó el teléfono y preguntó al DT por la posibilidad de reincorporarse a los entrenamientos una vez finalizado el Nocturno 2021 en que Sarmiento se coronó campeón. Estefanía Ríos va en busca de una revancha personal en un equipo que busca a la vez esa revancha colectiva tras el sabor amargo que dejó la fatídica final ante Comunicaciones en Salto. Ya no son meses los que tiene que tachar. Solo las horas que la separan del inicio de una nueva temporada.

-Más allá de haber jugado el amistoso contra Claypole, volví a verte entrenar diferenciado. ¿A qué se debe y en qué momento estás de tu recuperación?

-Yo vi a Mauro (Ferraiuolo) y me dijo que necesitaba fortalecer un poquito más, que la rodilla estaba bien, que podía entrenar, meter incluso doble turno, pero que evitara el tema de ir al choque, los saltos en la disputa de una pelota, porque todavía necesito fortalecer un poco más la musculatura. Eso es lo principal después de una lesión de ligamento cruzado. También estoy trabajando la extensión total, que me falta muy poquito para volver a tenerla. Además no había hecho rehabilitación. Habré estado dos meses y después ya no, porque estuve al borde de la depresión. Peor con esto de la cuarentena, el encierro. Y no podía venirme para Junín, porque en ese momento tenía que dejar un trabajo. Pensé que se iba a atrasar más el torneo y me iba a dar tiempo para volver, pero no lo pensé desde el lado de hacer una buena rehabilitación. Yo tendría que haber puesto más de mí, pero pienso que de todas maneras no es lo mismo hacerlo sola, que necesitás el acompañamiento de un profesional.

-¿Te pasó en algún momento ver los partidos de Sarmiento ya no como una jugadora más del plantel?

-Sí, me pasó. Después que me operé me fui a lo de mi hermana porque no podía sola, necesitaba ayuda. Cuando hablaba con ella ya le decía «las chicas ganaron». Y por ahí antes cuando hablaba de Sarmiento decía «ganamos». Pero es la cabeza, el mismo estado de ánimo. La pasé re mal en un momento. Incluso tenía la duda de si iba a volver. En un momento llegué a pensar ya fue, se me va la oportunidad. Sobre todo a mi edad, que tengo 31. Es muy distinto. Cuando yo llegué desde 9 de Julio sentía que estaba muy bien, físicamente, futbolísticamente. En todo. Yo sabía lo que se me estaba presentando, pero a la vez nunca sentí esos nervios. Siempre entré segura. Por ahí todavía no había caído. Ahora me pasa que pienso que me falta un montón. Por ahí me pone más nerviosa pensar en jugar ahora que cuando llegué. Una lesión así te cambia en muchas cosas.

-Tal vez porque cuando llegaste tampoco tus compañeras terminaban de dimensionar lo que era la Primera B, porque nunca la habían jugado, no sabían qué equipos se iban a encontrar. Ahora ya hay toda una temporada de experiencia, incluso las nuevas saben de qué se trata porque se vio, se mostró…

-Tal cual. Y yo siento que me quedó eso pendiente. No sé cómo me hubiese ido si no tenía la lesión. Porque yo te puedo decir que me sentía muy bien, pero tal vez no estaba tan bien. Son cosas que pasan.

-¿Con la lesión también tardaste en caer en qué era lo que se venía?

-Terminé de caer el día que vieron la resonancia y me dijeron que era quirúrgico. Me fui amargada. Lo que pasó es que después de enterarme que estaba rota dejé pasar un tiempo. Si bien cuando llegué a mi casa lloré, estaba re mal, dejé pasar un tiempo y fueron un par de meses. Yo me lesioné en septiembre y en diciembre recién me entero que estaba rota. Porque yo había ido al kinesiólogo, estaba haciendo rehabilitación y todo eso. Pero después de un mes seguía todo igual. Supuestamente lo mío era una distensión de ligamentos. Entonces recién terminé de caer cuando me operé. Ese fue el peor momento, porque había dejado pasar mucho tiempo y porque a la vez sabía todo el tiempo que me esperaba sin jugar.

-Me decías que estuviste al borde de la depresión… ¿A qué te aferraste? ¿Quiénes o qué cosas fueron tu sostén?

-Cuando me pasó todo esto, en un primer momento lo agarré para el lado que no me importaba nada. Siempre digo que después que me pasó yo no fui la misma persona. Mi hermana y mi cuñado eran los que me estaban encima y me decían cuándo vas a volver. También mi viejo, mi vieja. Yo de muy chiquita tuve la oportunidad de irme afuera a jugar y no había tenido ese apoyo. Ahora de grande mi viejo que es el más futbolero, mi abuela, me apoyan mucho más. Pero mi hermana y mi cuñado fueron los que en ese momento más estuvieron diciéndome vamos a hacer esto y aquello, se encargaban de sacarme turnos, me acompañaban, me traían a Junín… Yo estaba re negada y eso que soy una persona re positiva. Creo que todos ellos, más allá del amor que yo le tengo al fútbol, fueron mi sostén.

-¿Llegaste a no querer ni saber cómo le iba a Sarmiento producto de ese dolor?

-Me dolía. Por ahí decía la puta madre, podría estar viviendo esto más de cerca. Obvio que todo el tiempo les desee lo mejor, pero sí que por momentos me hacía mal. Todo el tiempo veía cosas en el Face, algunas compartía, otras no. Pero siempre me alegré por sus logros, porque creo que se merecían llegar hasta donde llegaron. Fue el primer año y estuvieron más que bien.

-¿Siempre supiste que ibas a volver a Sarmiento o en algún momento lo dudaste?

-No sé si lo sabía. Si bien mi mente siempre estuvo en volver, porque amo el fútbol. Sabía que iba a volver a jugar, pero no si iba a ser en Sarmiento. Sí en muchos momentos me hacían seguir sintiéndome parte. De vez en cuando hablaba con Sergio (Barbagelata). Después tuve algunos problemas con el celular y anduve medio incomunicada. Él me decía que me uniera a las charlas, a las videollamadas. Pero justo ese era el tiempo en el que estaba más bajoneada y no quería saber nada. También tenía mensajes de las chicas que me preguntaban cómo estaba, cuándo iba a volver y me decían que el equipo me necesitaba. En ese sentido no me puedo quejar porque nunca dejé de sentir el interés de Sergio y mis compañeras. Desde ese lado es que también me dije que tenía que volver. Pero a la vez también pensaba que un día Sergio iba a levantar el teléfono y me iba a decir no llamaste más, no apareciste más… Y me preocupaba. Pero era yo que estaba mal.

-¿Cómo se gestó tu vuelta?

-Yo sabía que estaban jugando el Nocturno. Ya veníamos hablando con Sergio, con más frecuencia. Un día me levanté y me dije no puedo seguir más así, si no lo hago yo no lo va a hacer nadie. Tenía ganas de volver a jugar, de sentirme bien, sentirme viva. Le mandé a Sergio y le pregunté si podía ir al entrenamiento. Sergio me dice sí, obvio. Cómo no vas a poder venir. Lo primero que hice fue hablar en mi trabajo, lo dejé el jueves y el viernes me vine en moto hasta acá. Vi al kinesiólogo que me dijo que tenía que trabajar en la extensión y en fortalecer. Lo vi a Fede (Coronel) y dijo que se venga. Me preguntó si tenía problema de venirme y yo ni lo pensé, aunque no sabía con lo que me iba a encontrar. Me tomé una semana más para acomodarme y me vine.

-¿Qué te generó volver a pisar la Ciudad Deportiva para entrenar?

-Una alegría increíble. Si bien sabía que me tenía que ir de 9 de Julio y dejar todo allá, saber que podía volver a jugar con Sarmiento fue inexplicable. Sobre todo porque en su momento la pasé tan mal.

-Te encontraste con un equipo muy diferente al de septiembre de 2019…

-Sí, porque muchas se han ido y muchas han llegado. Pero lo veo re bien al equipo. Falta trabajar, porque muchas jugadoras llegaron hace muy poquito y falta que nos conozcamos todas un poco más. Pero hay muy buenas jugadoras, buena calidad, chicas de muy buen pie y que tienen muchas ganas. En el último amistoso contra los chicos de Independiente se vio, estuvo muy lindo. En el primero que habíamos tenido no se había visto ese juego. Se tocó, se jugó.

Foto de Mabel Panero

-Imagino que el partido con Claypole, más allá de haber sido un amistoso, fue muy especial para vos.

-Fue importante sentir que Sergio ya me daba esa confianza. Me puso de entrada y a mí me da mucha seguridad, que por ahí es lo que necesito. Quizás si no me dieran esa confianza yo no trabajaría tanto para superarme, porque en los primeros entrenamientos pasaba al ataque, quería tirar el centro y no la podía levantar. Volver a jugar, aunque haya sido un amistoso, fue terrible, re importante para mí. A la noche me acosté y seguía pensando en el partido.

-Personalmente, ni acá en Junín ni en la Primera B vi una defensora lateral con tanto manejo de pelota. ¿Sentís que eso te da un plus?

-Yo acá empecé a jugar de tres, porque allá no. Por ahí el hecho de haber jugado en otro puesto me da esa salida desde el fondo. A mí me gusta tener la pelota. Si me dieran a elegir busco otro numerito, jaja. Pero lo hago encantada. Muchas veces me pongo a pensar si voy a poder volver a darle al equipo eso que yo sentía que le daba cuando llegué. Siempre Fede me dice que tengo que estar tranquila.

-Teniendo en cuenta que seguimos en pandemia, que hubo un rebrote de casos, ¿te gustaría que la B empiece ya por todo lo que te tocó esperar? ¿O preferís que se retrase unas semanas más para terminar de ponerte a punto?

-Yo tengo ganas de que arranque el torneo y tengo ganas de jugar, ni hablar. Puede ser un poco egoísta, pero me gustaría que pasen unas semanas más y me de ese tiempo a terminar de acomodarme. Y no solo sería por mí, creo que mis compañeras también lo necesitan porque el grupo está muy renovado y hay que terminar de conocerse. Pero lo más importante es que se vuelva a jugar, porque después de tanto prepararse, de tanto entrenamiento, una necesita salir a jugar.

¿Hace cuánto que jugás al fútbol?

-Arranqué a jugar cuando tenía 15 años más o menos. Mis viejos se separan y me voy a vivir a 9 de Julio, porque antes vivía en el campo. Arranqué en esos Torneos Bonaerenses. Jugué muy poquito, dejé y a los 21 retomé en El Fortín. Ya de ahí no paré, fue algo continuo hasta ahora. Después me vieron de French, que siempre digo que es el club que me desarrolló en el fútbol. No me moví de ahí desde el 2011 hasta que llegué a Sarmiento. En ese entonces me conoció Sergio, porque nosotras teníamos la Selección de French y él estaba con la Selección de Junín. Mari Costa ha jugado algún campeonato con nosotras, Sofí D’Ambrosio también… Era cuestión de invitarlas y no tenían problemas. Como también si nos invitaban a nosotras íbamos. Hemos viajado mucho para jugar en ese entonces.

-¿Tu primera llegada a Sarmiento cómo se dio?

-Antes que arranque el torneo de AFA de 2019 ellos fueron a hacer una prueba a 9 de Julio. Mi entrenador agarró y me dijo te anoto Flaka. ¿Vos decís? Le dije, porque pensé que por ahí iban a buscar jugadoras más jóvenes. Yo tenía 29 años. Y él me dice pero vos tenés condiciones, yo te anoto. Hasta un día antes yo no sé si quería ir. Es más, tenía una fiesta y me quería ir a una fiesta, jaja. Pero me insistió tanto que fui. Me puse a jugar como juego siempre, no es que estaba pensando que me estaban mirando. Ya le había dicho que si me iba a anotar me anotara de doble cinco… Más vale, me dijo. Y después pasó lo que pasó, jaja. ¡A la cueva! Después Sergio me llamó, me dijo que le había gustado y me invitó a entrenar acá en Junín. En ese entonces era tres veces por semana.

-¿Tu revancha ya va a ser el hecho de jugar en Primera B o querés más?

-Obvio que quiero más. Siento que no pude dar lo que tenía en aquel momento. Siento que ya soy grande. Todo lo que venga quiero aprovecharlo. Por eso es también que dije cierro los ojos y me vengo para Junín. Lo tengo que hacer así, porque si no se me va y se me va. No se si volvería a tener esta oportunidad en otro momento. Y nos tengo mucha fe para ascender, así como confío mucho en lo que puedo dar.

Por Juani Portiglia

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