Foto de Marcos Leguizamón

La secuencia más feliz del último video que se publicó en las redes sociales de Rivadavia de Lincoln de los entrenamientos de su equipo de fútbol femenino, sin dudas es la de Violeta Ledesma tirando un centro al área. Es que quienes no compartimos el día a día de Las Valquirias la habíamos visto por última vez en cancha de Villa Belgrano, en el debut del equipo en el Torneo Nocturno 2021 ante Moreno. Después, el susto de una operación de urgencia que la obligó a perderse el siguiente partido ante UNNOBA. La obligó, decimos, porque de haber sido por ella hubiese subido a ese colectivo con los puntos que resguardaban la herida.

Tanto había esperado con la pandemia para jugar que ese solo partido no le iba a sacar las ganas y por eso espera ansiosa que haya noticias sobre la vuelta de la competencia en la Liga Deportiva del Oeste. Mientras tanto, trata de sacar el mayor provecho a los entrenamientos que hoy por hoy en Lincoln tienen menos restricciones que en Junín y se ilusiona con un torneo en que el equipo que representa desde la práctica fundacional vuelva a ser protagonista.

-Hubo mucha preocupación cuando el club dio la noticia de tu operación. ¿Vos cómo lo viviste en lo personal y en relación al equipo?

-Fue después del partido contra Moreno, justo antes de jugar contra UNNOBA. Me quería morir. Yo entraba al quirófano y en lo único que pensaba era en el partido. Fue lo peor. Encima una de las chicas me hizo una videollamada y yo miraba el partido en el celular mientras comía. Sabés cómo lloraba. Encima no pude viajar con ellas en el colectivo porque todavía tenía los puntos. Por suerte me recuperé muy rápido. Apenas me sacaron los puntos, al otro día fui a entrenar. Empecé a caminar, trotar y nunca me dolió. Cuando empecé a hacer un poquito de fuerza me empezó a doler y volví como al primer entrenamiento. Y ahora en esta vuelta súper bien.

-Por lo que decís te recuperaste muy rápido, ¿pero fue de riesgo la operación?

-Sí. A mí me operaban de apendicitis, pero no era eso lo que tenía sino un pólipo en el ovario. Tenía sangre en la panza que me estaba llegando a la parte de la garganta. A mí me apretaba todo el pecho y era por eso. Si esa sangre me hubiera llegado a la cabeza, me moría. Después me había quedado una irritación que gracias a Dios se me fue rapidísimo. Te digo la verdad, yo no tenía ni miedo de operarme. Solamente quería que me saquen el dolor porque era insoportable. Cuando me levanté no sabía de qué me habían operado. Ya cuando se me fue yendo la anestesia me contaron.

-¿Sentís que al equipo lo afectó todo lo que te pasó cuando tuvo que salir a jugar contra UNNOBA?

-Creo que sí. Algunas me decían que iba a hacer falta en el equipo. También cuando volví a los entrenamientos Darío (Eletto) me dijo que había hecho falta jugando por el costado. Para mí en lo futbolístico no las afectó. Pero desde lo grupal por ahí sí. Muchas me dijeron que me extrañaron, que se había sentido que no estuviera con ellas ahí en la cancha.

-¿Cuánto hace que retomaron los entrenamientos?

-En Rivadavia hace tres o cuatro semanas que retomamos los entrenamientos por suerte. Y ya podemos hacer un poquito más, entrenar con el grupo completo. Siempre cumpliendo con los protocolos, obvio. Fútbol no estamos haciendo porque no tenemos contra quién muchas veces. Sí el jueves (hoy) hacemos un amistoso contra los chicos del club, para movernos un poco.

-Se ven cada vez más los entrenamientos con equipos masculinos…

-Sí, porque aparte aprendés un montón. Es otra velocidad de juego. A mí me gusta mucho. Hace un par de años los chicos no querían jugar contra mujeres porque cómo van a estar jugando las mujeres. Eso fue cambiando. En Rivadavia nunca hubo problema. Cuando yo empecé en Juventud, a los 7, no te dejaban jugar con varones ni locos.

-¿Cómo fue el reencuentro después de una eliminación que, imagino, no esperaban?

-Nos preguntábamos qué había pasado. Nunca habíamos jugado dos partidos y quedado afuera. Siempre hemos perdido en una semi, en una final o hemos ganado el torneo. Ahí fue que nos quedó esa duda de qué pasó en el equipo. Porque nos conocemos entre todas, tampoco es que habían venido muchas chicas nuevas que necesitaban adaptación. Quedó esa duda. Después ya con Darío pudimos detectar varios puntos clave del partido en los que tal vez nos equivocamos. Y no era un rival cualquiera. UNNOBA es un rival muy fuerte. Nosotros sabemos que tenemos un buen equipo, que nos llevamos bien todas y que tenemos que volver a ser protagonistas. Siempre aparecen jugadoras en los pueblos. Ahora van a venir varios refuerzos, pero no se bien de dónde es cada una.

-¿Cuántas ganas de que vuelva la competencia?

-Esperé tanto y después jugué un solo partido, así que ya quiero que empiece todo otra vez. No aguanto más. El otro día las chicas le preguntaron a Darío en el entrenamiento si tenía idea de cuándo iba a volver a arrancar la competencia y nos dijo imagínense que en Junín todavía no volvieron a entrenar. Cuando dijo eso me quería morir. Nos vamos haciendo la cabeza de que hay que esperar y creo que ni nos vamos a dar cuenta cuando vaya a volver a empezar el torneo. Esto es parar y arrancar de nuevo. Está matando a las jugadoras eso, pero es lo que hay.

-Imagino que se siguen pensando candidatas a pelear el título…

-Sí, pero también sabemos que los equipos de Junín van mejorando mucho. Todos. Porque no son nada que ver a lo que eran algunos años atrás. Nosotras tenemos siempre en la cabeza querer salir campeonas, pero nunca pensando que tal o cual equipo es fácil. Salimos a jugar todos los partidos de la misma manera, porque van mejorando muchísimo los equipos y nunca terminás de saber con qué te vas a encontrar.

-Y se empezaron a tomar de manera muy diferente los entrenamientos. ¿Lo notás?

-Sí, tal cual. No sé si ha cambiado el pensar de las chicas, pero también han mejorado muchísimo individualmente. En comportamiento, dedicación. Y todo eso ayuda muchísimo al equipo. Con Darío hemos tenido muchas charlas en relación a todo eso. Cuando nosotras jugamos el primer torneo de Liga no se veía que algunos técnicos tuvieran muchas ganas de que las chicas evolucionen o algo. Era como que las mandaban a correr y listo. Acá, por ejemplo, yo estaba acostumbrada a jugar torneos en las canchitas sintéticas y esas cosas en las que no veías a muchas chicas entrenando. Yo siempre fui a entrenar y siempre lo tomé con mucha seriedad. Creo que eso nos hizo mejorar a muchas en el equipo.

-Se nota que sos súper futbolera…

-Sí, me encanta. Me hacés elegir con cualquier cosa y siempre me voy a quedar con el fútbol. En el cartel de “Se busca” que me hicieron para mis 15 ponían “la que siempre se va a jugar a la pelota”. Es que salíamos de la escuela y me decían vamos a casa a tomar mate. Y yo decía no, entreno. Me decían el viernes salimos. Y yo decía no, el sábado juego. Siempre que me iban a invitar a hacer algo me decían ¿hoy podés? Jaja. En la escuela he armado yo los partidos. En la semana del estudiante casi siempre hacíamos cronogramas para los deportes y ninguna quería fútbol. Con dos compañeras que sí queríamos las hacíamos jugar de prepo.

-¿Futbolera de mirar también?

-Sí, miro muchísimo fútbol también, Me gusta ver movimientos y demás cosas para aprender.

-Mencionaste al pasar que tenías 7 años… Toda tu vida jugando.

-Y empecé hace más. Yo soy de Bermúdez, que está a unos 15 kilómetros de Lincoln. Es un campo. Antes había comisaría y otras cosas, pero ahora quedó en la nada, con dos o tres casitas nada más. Ahí empecé pateando una pelota de trapo que hice con mi hermano. A unas cuatro cuadras estaba la despensa y al lado un terreno. Atrás de mi casa había un monte y cortamos tres palos con mi hermano para armar un arco. Lo atamos con alambre y nos pusimos a hacer el pozo para clavarlo. Así empezamos. Después, para un cumpleaños de 5 años, ponele, pedí una pelota de regalo. Me decían cómo te vamos a regalar una pelota. Pero yo quería, entonces aparecieron con una pelota y una Barbie. Me regalaban cocinitas… Eso sigue existiendo. Quedó en el campo, nuevo, hasta con las etiquetas. Nunca usé nada. Yo era feliz con esa pelota.

-¿Pero en tu familia les gustaba que juegues?

-Por suerte ni mis padres ni mis hermanos nunca estuvieron en contra de que jugara a la pelota. Al contrario, siempre me ayudaron y me apoyaron. Somos cinco hermanos en total. La más grande, que es mujer, cero fútbol. Con los otros tres muchos sábados sigo yendo a jugar a la pelota.

-¿A Lincoln cuándo llegás?

-A los 7. Y al mes que me vine empecé a jugar en Juventud. Yo quería venir a jugar a la pelota pero no sabía si iba a haber fútbol femenino. Me anoté en la Escuela 2 y ahí una de las hijas de la profesora que jugaba en Juventud me invitó, porque cuando me presenté me preguntó qué me gustaba hacer y yo dije jugar a la pelota. Apenas salí de la escuela me fui a preguntar y al otro día arranqué. Eran todas mucho más grandes que yo. El primer entrenamiento fue en el parque, en la arena. Sabés lo que era yo… ¡Ni me veía!

-¿A Rivadavia fuiste por tu cuenta?

-Sí, fui. Porque estuve un año en Juventud y se terminó. Yo ahí jugaba con Mari Costa, que me dijo que había estado hablando con Darío y él iba a empezar con el fútbol femenino en Rivadavia. El mismo día que avisaron los horarios ella me dijo y yo arranqué. El primer día de entrenamiento de Rivadavia de Lincoln estábamos ahí, con varias más que hoy siguen jugando.

-Y se re ganaron un lugar, porque se re valora en el club al equipo de fútbol femenino.

-Sí. Cada vez que necesitamos algo y lo pedimos, el club enseguida nos da. Nos ayudan y siempre nos tienen en cuenta para cualquier cosa que se haga. Si necesitamos la cancha principal organizan para que la podamos tener. Nunca tienen problema.

-¿Son uno de los equipos con mayor sentido de pertenencia de la Liga?

-Yo creo que sí. Yo soy hincha, obvio. Son muchas las que sienten la camiseta a morir. También tenemos otras jugadoras que son fanáticas del Linqueño, pero que jugando para Rivadavia de Lincoln dejan todo. Todas sienten mucho la camiseta.

-Ya que estás desde la fundación del equipo de fútbol femenino, ¿hay algún torneo que por algo sea el más especial para vos?

-El que más me acuerdo es el primero que jugamos en Liga Deportiva del Oeste y llegamos a la final. Ese me marcó por ser el primero oficial que jugué. Perdimos la final con Sarmiento. Y el mejor fue el que salimos campeonas de la Copa Carnaval acá en Lincoln, que había unos re equipos como Aldosivi. A varias de las chicas las empecé a seguir porque pegamos una amistad re buena con todas. Y siempre ganan allá en Mar del Plata.

Por Juani Portiglia

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