¿Has visto ya la serie más perturbadora de Netflix?

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Lees que en Netflix hay una serie llamada No te metas con los gatos y automáticamente piensas que es para los amantes de los gatos. Como se explica en el primer episodio, estos felinos son intocables en las redes sociales. ¿Quieres tener una publicación con muchos likes? Pues sube una foto con tu mascota en una postura moni. Por este motivo había pasado la serie documental de largo cuando apareció en el catálogo de la plataforma en diciembre. Y menudo error el mío.

No te metas con los gatos comienza con una cacería: la que ejecutan (con toda la razón del planeta) unos desconocidos que se unen en Facebook para atrapar al desgraciado que asesina gatos y sube los vídeos a internet. Un aviso: la serie documental te destroza un poco por dentro porque, aunque eviten mostrar los momentos clave, sí se muestran los gatos que acabarán muertos (de formas atroces que sólo puede pensar un sádico).

‘No te metas con los gatos’ puede provocar malestar porque la procesas como un producto de entretenimiento… y es una tragedia real

¿Y por qué merece la pena No te metas con los gatos? Por todo lo que viene después y que prefiero no comentar. Son tres episodios por los que merece la pena dejarse llevar, dejarse sorprender y sobre todo dudar en todo momento que pueda ser real. Pero lo es. Hay que resistir al impulso de buscar en wikipedia el nombre del sospechoso, si existen los vídeos que se difuminan en la pantalla y quedar asombrado.

El secreto está en parte en que el director Mark Lewis tiene un pulso increíble. Se aprovecha la condición 2.0 de la investigación para crear un montaje dinámico que se alimenta de las búsquedas en Google, de los avisos de Facebook y de la hiperactividad de los usuarios delante de un ordenador. También destaca la impecable factura visual: el 99% de las series estarían encantadas de tener imágenes tan bonitas como la de una testimonio sentada en el porche de su casa y con la luz del atardecer bañando la escena.

Es una crítica a la cultura popular mal procesada

El otro secreto es la historia real que hay detrás de No te metas con los gatos y que es un delirio que nos parecería ridículo, absurdo y forzado si lo hubiera escrito un guionista de ficción. Pero no es ficción. Y, como está contado de una forma tan sensacionalista, te puede dejar con malestar en el cuerpo por el morbo que sientes por conocer más de la historia. ¿Hasta dónde puede llegar semejante locura? Te abstrae tanto como producto de entretenimiento que después te incomodas habiéndola visto con los códigos de la ficción.

Pero es que esto es No te metas con los gatos: una crítica a la cultura popular mal procesada, una especie de Asesinato de Gianni Versace: American crime story en clave de serie documental y con otro sujeto en el punto de mira que no es Andrew Cunanan. Es enfermiza como los hechos que te cuenta y, por más que la última escena convierta su discurso en obvio, esto no la hace menos imprescindible, menos buena, menos perturbadora.

Fuente: La Vanguardia .com

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