Controles de tránsitoㅤmaniobras peligrosasㅤmotosㅤruidos molestos

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Cansado de reclamarle a un vecino por las reiteradas molestias ocasionadas con su moto, tomó al toro por las astas

Locales

Si bien trasciende por estas horas, la situación se vivió este sábado en calle Ángel María de Rosa.
El mismo infractor habría sido el que reclamó la presencia de uniformados para que intervengan y poder recuperar así su moto, aduciendo un robo.

Una sociedad anómica

Algunos de los problemas que la sociedad atraviesa es el desapego a las normas y una paciencia que se agota ante la falta de respuesta por parte de las autoridades responsables de mantener el orden en la sociedad.
Nada justifica la reacción del ciudadano común de retener el objeto que origina su malestar y altera su tranquilidad a diario.

Pero tampoco tiene derecho el motociclista de generar a diario ruidos molestos y el uso indebido del rodado que pone en riesgo a los vecinos con maniobras peligrosas o altera la tranquilidad propia de los barrios.

El detonante

La mañana de este sábado, una combinación -entre el abuso por un lado y el hartazgo por otro- fue el detonante.
Un hombre cansado por los ruidos molestos y un motociclista desaprensivo terminó cuando el primero le retuvo la Honda al segundo.
Intervino personal policial, las aguas se aquietaron y la moto volvió a manos de su dueño.

Y ahora qué

La pregunta ahora es: ¿alguien se ocupará de resolver el fondo del problema?
El mal uso o abuso que motociclistas hacen de sus rodados se repiten a diario. Ruidos molestos, maniobras peligrosas, falta de respeto a las señalizaciones en el tránsito, picadas a cualquier hora del día sin importar la intensidad del tránsito, motos que circulan sin patente, caños de escape antirreglamentarios.

Y en esto hay que darle la derecha a los legisladores, locales, provinciales o nacionales. Las normas existen…el problema es que no se respetan y algo falla en los controles.

Reacciones

Así como este sábado un vecino intentó hacer lo que las autoridades no concretan, en el curso de esta semana que termina, una mujer que transitaba junto a su hija menor de edad –7 años– por avenida San Martín entre R. S. Peña y Rivadavia– estuvo a nada de terminar en una tragedia provocada por dos ciudadanos muy jóvenes que casi las embisten.
La reacción de una madre fue rápida: retener la moto.

Los protagonistas no sólo no se hicieron cargo…salieron corriendo y la dejaron abandonada.
Cuando efectivos policiales llegaron al lugar y consultaron si sobre el rodado pesaba algún pedido de secuestro, la respuesta fue sí. Era robada.

En síntesis, otra vecina reacciona ante la falta de acción necesaria para asegurar la tranquilidad de los ciudadanos.
Y algo más concreto, la problemática: Las motos o, mejor dicho, los conductores y una falta de respeto a las normas que como consecuencia de un verano que se acerca, no hace falta ser adivino para pronosticar, puede hasta terminar en tragedia.

Vale por cierto una aclaración: La mayor parte de las personas que se movilizan en moto lo hacen circulando con la documentación en regla, acatan las normas, llevan espejos -no los sacan para evitar rozarse en las picadas-, usan casco (aunque no taaaanto).

La fábula

“El gato y los ratones” es una fábula que se le atribuye a Esopo y narra el día que un grupo de ratones que vivían atemorizados por un gato que no paraba de cazarlos, se reúnen a debatir y encontrar una solución.
Una de las propuestas surgidas en esa asamblea fue la de colocarle un cascabel al cuello del felino. De esa manera advertirían la cercanía entre ellos y el cazador dándoles tiempo a huir evitando caer en sus garras.
Y se escuchó la voz del ratón más experimentado: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
La respuesta…fue el silencio…nadie se atrevía.

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