Es inimaginable para quienes no lo han vivido, describir el terror que se debe sentir al verse literalmente entregados a sujetos encapuchados y armados, en tu propia casa, que exigen… golpean… gritan… exigen… vuelven a golpear… amenazan… amedrentan.
Robo en Costa Verde: El terror en primera persona
Parece que nada los conforma.
Julieta y Facundo hoy pueden relatarlo en primera persona. Todavía no logran recuperarse. Más aún ella, que hace 17 años, perdió a su padre en una situación similar.
La inseguridad
Los hechos de inseguridad se multiplican y los medios de comunicación apenas reflejan un porcentaje ínfimo de lo que en realidad sucede. Muchas veces porque si se trata de delitos menores no todos lo denuncian, otras porque las víctimas prefieren no hablar ni hacerlo público, como si de ello dependiera que se repitan.
Mientras tanto, están los que buscan protegerse.
Alarmas, cámaras de seguridad, tapiales cada vez más altos, alambrados con púas intentando complicar el ingreso a sus viviendas… nada es suficiente.
Otra opción son las zonas que parecen más seguras, como en este caso.
Facundo y Julieta viven en un barrio privado.
Personal de seguridad, alambrados perimetrales, cámaras distribuidas estratégicamente…
¿Qué más haría falta?, podría ser la pregunta.
Pero parece que nada alcanza.
Aquella noche de miércoles, la pareja se había acostado temprano.
Ya estaban descansando cuando se despertaron. Violentamente, tres individuos encapuchados ingresaron corriendo en la habitación. Mientras se alumbraban con un reflector y los apuntaban –con dos armas cortas y una larga– al grito de que no se movieran.
Seguidamente, los obligaron a que se dieran vuelta, quedando en la cama, boca abajo.
Al hombre le exigían la caja de seguridad mientras le pegaron varios culatazos.
Los iban a atar de pies y manos, siempre gritando, siempre exigiendo, pidiendo dinero, bajo amenaza de ejecutarlos si no hablaban.
Julieta, con su dolorosa experiencia a cuestas, solo atinaba a pedirles que se calmen, que no los maten, que no lo sigan golpeando a Facundo.
Los sujetos se mantenían en contacto a través de un handy, con alguien que seguramente aguardaba en el exterior del predio del barrio Costa Verde.
Una vez que lograron apoderarse de dinero, no se conformaron. Dieron literalmente vuelta todo, revisando. Así se apoderaron de 12 relojes, zapatillas, ropa, alhajas.
Después del horror… la calma…. cuando se fueron.
Ella pudo liberar una de sus manos y pedir ayuda a la seguridad privada del barrio.
Se cree que se fugaron por un sector del perímetro que resultaba ser un «punto ciego», por allí hacia un campo que comunica con la ruta provincial 65.
Al calvario, entonces, se sumaría otro elemento… ¿los delincuentes sabían que existía ese «punto ciego» que les daría una mayor seguridad para ingresar al barrio?
No todo quedaría allí.
Al día siguiente, una familia del mismo Costa Verde, que se había circunstancialmente ausentado, al regresar se encontró con que los habían desvalijado. Los sujetos se habían manejado con tanta calma que hasta llegaron a comer en esa casa, que es posible hayan usado como aguantadero hasta asegurarse y cometer el segundo robo.
¿Tenían el dato de que esa propiedad iba a estar vacía?
Estas y muchas otras preguntas son las que la justicia deberá resolver.
Pero nadie le quita a Julieta y Facundo el horror que vivieron en esa casa a la que se habían mudado poco tiempo antes, buscando seguridad, tranquilidad…
«Mataron a mi papá»
Ahora, la pareja trata de seguir… de superar el horror… más aún Julieta.
Es que en unos días se van a cumplir 17 años desde aquel mes de abril en que, en una pequeña localidad del Departamento Judicial Junín, sus padres descansaban en su casa cuando tres delincuentes – a cara descubierta– ingresaron durante la madrugada. También armados y exigiendo dinero.
El final fue diferente y más trágico. Su padre terminaría falleciendo.
En aquel entonces, la investigación recayó en el entonces titular de la UFI 1, Dr. Roberto Rodríguez, hoy jubilado. En esta ocasión, es la Dra. Fernanda Sánchez, a cargo de la UFI 6, la que lleva adelante la causa.