Con calor intenso y lluvias frecuentes, el barigüí vuelve a hacerse sentir en distintas zonas del país. Por qué es tan agresivo, qué síntomas provoca su mordedura y cuáles son las medidas más efectivas para evitar ataques durante el verano.
Barigüí: cómo prevenir las mordeduras del insecto que reaparece cerca del agua en verano
La combinación de altas temperaturas, lluvias abundantes y cursos de agua activos genera cada verano un escenario ideal para la reaparición del barigüí, un pequeño insecto volador que, a diferencia del mosquito, no pica sino que muerde. Su presencia se volvió especialmente notoria en zonas cercanas a ríos y arroyos, donde vecinos reportan lesiones dolorosas e intensamente molestas en la piel.
Lejos de tratarse de una especie nueva o invasiva, el barigüí forma parte del ecosistema natural. El biólogo Andrés Visintin, especialista en artrópodos hematófagos, explicó que estos insectos siempre estuvieron presentes, pero que en determinados momentos del año sus poblaciones crecen de manera explosiva, coincidiendo con áreas urbanizadas.
El barigüí pertenece a la familia de los simúlidos, emparentados con mosquitos y tábanos. Su mecanismo de alimentación es lo que lo vuelve especialmente molesto. En lugar de perforar la piel como una aguja, lacera el tejido. Sus piezas bucales cortan pequeños capilares y generan una microherida de la que el insecto se alimenta, provocando dolor inmediato, inflamación y una picazón intensa.
El profesor Guillermo Tarelli, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, explicó que se trata de un insecto telmófago, es decir, no succiona sangre directamente del vaso sanguíneo, sino que consume la sangre que brota tras la lesión. Esto explica por qué la mordedura suele dejar marcas más persistentes y, en algunos casos, heridas costrosas.
Aunque suele asociarse al entorno ribereño, el barigüí puede aparecer a varios kilómetros de ríos o arroyos. Las hembras, que son las responsables de las mordeduras, tienen capacidad de desplazarse largas distancias desde los lugares donde nacen. Su ciclo de vida se desarrolla en agua dulce en movimiento, bien oxigenada y con materia orgánica, lo que hace que lluvias intensas y crecidas aceleren su reproducción.
Las mordeduras pueden generar manchas rojas, inflamación localizada, picazón severa e incluso reacciones alérgicas en personas sensibles. En algunos casos se ha registrado fiebre leve. El principal riesgo aparece cuando la persona se rasca, ya que puede introducir bacterias y provocar infecciones secundarias.
Ante una mordedura, los especialistas recomiendan lavar de inmediato la zona afectada, aplicar frío local y evitar rascarse. En cuanto a la prevención, el control ambiental resulta complejo, por lo que las medidas individuales son clave.

Entre las recomendaciones más efectivas se encuentran usar ropa clara y de manga larga, aplicar repelentes con DEET al 25% o superior, y evitar actividades al aire libre cerca de cursos de agua durante el amanecer y el atardecer, que son los momentos de mayor actividad del insecto. La entomóloga Eliana Ordoqui remarcó que la hembra del barigüí es predominantemente diurna y especialmente agresiva en esas franjas horarias.
En la Argentina se registran al menos 71 especies de simúlidos, con presencia que se extiende desde el norte del país hasta la Patagonia. Según la directora del CEPAVE, Victoria Micieli, si bien el barigüí no transmite enfermedades graves en la región y no ingresa a las viviendas, su impacto se vuelve evidente cuando las condiciones ambientales favorecen su proliferación.
Como cada verano, la clave frente al barigüí sigue siendo la misma: información, prevención y cuidados básicos para reducir molestias y evitar complicaciones innecesarias.
























