Una tormenta solar de gran intensidad impacta sobre el planeta y mantiene en alerta a la comunidad científica. El evento, clasificado en un nivel cercano al máximo, provoca auroras boreales inusuales y reaviva el debate sobre los posibles riesgos para satélites, comunicaciones y sistemas eléctricos.
Una tormenta solar extrema sacude a la Tierra y revive un fenómeno que no se veía desde 2003
Una potente tormenta geomagnética comenzó a afectar a la Tierra en las últimas horas del lunes 19 de enero de 2026 y, lejos de debilitarse, muestra signos de nueva intensificación, según alertan especialistas en clima espacial.
Datos oficiales del Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA indican que el fenómeno ya alcanzó el nivel G4, apenas un escalón por debajo del máximo de la escala utilizada para medir este tipo de eventos. Se trata de una intensidad poco frecuente, capaz de generar impactos sobre la infraestructura tecnológica global.
Expertos explican que tormentas de esta magnitud pueden alterar la orientación de los satélites, provocar interferencias en las comunicaciones por radio, afectar los sistemas de navegación satelital e incluso generar fallas en redes eléctricas. Hasta el momento, no se reportaron daños concretos, aunque el monitoreo continúa de forma permanente.
Uno de los efectos más visibles y llamativos es la aparición de auroras boreales fuera de las latitudes habituales, un espectáculo que ya pudo observarse en amplias regiones de Europa, favorecido por condiciones astronómicas excepcionales.

Qué originó la tormenta solar de enero de 2026
El evento tuvo su origen en una eyección de masa coronal extremadamente veloz, asociada a una llamarada solar de clase X1.9, considerada la más potente dentro de la clasificación actual. Así lo explicó Mauro Messerotti, profesor de Meteorología Espacial de la Universidad de Trieste.
Las eyecciones de masa coronal (CME) consisten en enormes expulsiones de plasma desde el Sol. En este caso, la nube de partículas viajó a una velocidad estimada de entre 1.000 y 1.400 kilómetros por segundo, casi el triple de lo habitual, alcanzando la Tierra en apenas 25 horas.
A este fenómeno se sumó una tormenta de radiación solar, que aún permanece activa. Este tipo de evento ocurre cuando una llamarada solar acelera partículas altamente energéticas, principalmente protones, que pueden desplazarse a decenas de miles de kilómetros por segundo.
Estas partículas llegan a nuestro planeta en menos de 30 minutos y pueden mantenerse durante varios días. Como consecuencia, la tormenta alcanzó el nivel S4, el penúltimo de una escala que va de S1 a S5. “Se trata de una intensidad realmente inusual”, subrayó Messerotti, quien recordó que, según registros de la NOAA, no se observaba un evento similar desde octubre de 2003.

Si bien estas tormentas solares no representan un peligro directo para la población gracias a la protección del campo magnético terrestre y la atmósfera, sí pueden complicar las operaciones de astronautas, afectar satélites y naves espaciales, y generar inconvenientes en vuelos que cruzan zonas polares. En regiones cercanas al Ártico, las comunicaciones de alta frecuencia pueden quedar interrumpidas durante varios días.
La actual tormenta, comparable a la recordada “tormenta de Halloween” de 2003, vuelve a poner en foco la vulnerabilidad de la tecnología moderna frente a la actividad extrema del Sol.
























