Por Oscar Farias
Lonko Comunidad Mapuche_ Tehuelche de Junín (B) Petvmongeleiñ (Aún estamos Vivos)
Por Oscar Farias
Lonko Comunidad Mapuche_ Tehuelche de Junín (B) Petvmongeleiñ (Aún estamos Vivos)
La importancia de Osvaldo Bayer en la visibilización del genocidio de los pueblos originarios en la mal llamada “conquista al desierto” ha sido fundamental para nosotros, los mapuche-tehuelches, en las reparaciones simbólicas desmonumentando a Roca en toda la región del noroeste de la provincia de Buenos Aires, recordando entre muchas jornadas aquel día en la ciudad de Genral Pinto (B) cuando con el poder de su iniciativa sustituimos el nombre de Roca por Avenida Pueblos Originarios, junto a Carina Carriqueo oriunda de Río Negro y el escritor e investigador Marcelo Valko. Iniciativas que se repitieron en Vedia y en la ciudad de Rojas, en colaboración con el Intendente peronista Norberto Aloe. Importancia que se torna primordial en el rescate fidedigno del racismo étnico, particularmente de las masacres que sufrieron nuestros ancestros desenterrando hechos ocultos de la historia argentina.
Por tal razón, en una oportunidad con la Cátedra Libre de Periodismo (APENOBA), la Comunidad mapuche-tehuelche Nahuel Payún de Junín (B), acompañados por los hermanos mapuches de Los Toldos y demás originarios de la región, invitamos a Osvaldo Bayer a la universidad Nacional del Noreste Bonaerense –UNNOBA- a dictar una clase magistral sobre sus investigaciones en la Patagonia. En esa oportunidad se refirió al grupo «Awka Liwen» que en mapuche significa «Rebelde amanecer», grupo que comenzó a reunirse todos los juves junto al monumento al general Julio A.Roca, allí en la diagonal del mismo nombre, que manos anónimas rebautizaron
con el nombre de «Pueblos Originarios» y que convocaban a docentes e historiadores para hablar del tema y traían también a la discusión documentos históricos o diversas interpretaciones del tiempo en que se hizo la llamada «Campaña al Desierto».
En esos momentos, uno de los diarios que más importancia le daba a la defensa de Roca era el diario La Nación, y uno de sus más conspicuos redactores, Mariano Grondona, era quien más atacaba los debates del grupo. Cierta vez, en un artículo publicado en Página/12 Bayer señaló lo siguiente: «Al doctor Mariano Grondona le recomendaríamos leer su propio diario». «Sí -le dijimos-, La Nación del 17 de noviembre de 1878. Es decir, plena Campaña al Desierto. Dice textualmente en primera página bajo el título «Impunidad»:
“El (regimiento) Tres de Línea ha fusilado, encerrados en un corral, a sesenta indios prisioneros, hecho bárbaro y cobarde que avergüenza a la civilización y hace más salvajes que a los indios a las fuerzas que hacen la guerra de tal modo sin respetar las leyes de humanidad ni las leyes que rigen el acto de guerra. Esta hecatombe de prisioneros desarmados que realmente ha tenido lugar deshonra al ejército cuando no se protesta del atentado. Muestra una crueldad refinada e instintos sanguinarios y cobardes en aquellos que matan por gusto de matar o por presentarse un espectáculo de un montón de cadáveres”.
Bayer, en su clase magistral y refiriéndose al grupo «Awka Liwen» dijo:
“Nos llevó a hacer esto una cuestión de Ética. Cómo tener el monumento más grande dedicado a quien no sólo había realizado una campaña para eliminar a los
habitantes originarios de nuestras pampas sino, además, para quedarse con esas tierras. Pero no sólo eso: a quien había sido el que implantó la feroz Ley de Residencia contra obreros extranjeros que luchaban por normas reivindicativas, y autor de las primeras leyes represivas violentas contra el movimiento trabajador.
Ese iba a ser el comienzo de nuestro prolongado debate histórico, porque, en sí, el resultado final al cual queríamos llegar era obtener respuesta al por qué tanta crueldad había acompañado a toda nuestra historia, para así llegar a uno de los aspectos más impresionantes de la historia de esa crueldad: el sistema de desaparición de personas. ¿Cómo fue posible que tantos hombres y organismos de la sociedad se dedicaran a la feroz represión con la tortura, el secuestro, el reducir al prisionero a la nada, y el de terminar haciéndolo «desaparecer»? Más, la ferocidad máxima de quitar a las embarazadas sus niños al nacer y destinarlos a familias de militares o de allegados a éstos, al mismo tiempo que se hacía «desaparecer» a la madre que había dado a luz…”
Me di cuenta, nos dimos cuenta que estábamos frente a un hombre imponente.
Con la demolición, que repudiamos con todas nuestras fuerzas, de la escultura que le rendía homenaje, al decir de Ruy Farías Iglesias, cuando se refiere a los peones de estancia fusilados: “se quiere intentar borrar un hecho represivo de esas características, con la agresión al recuerdo de una figura central a la hora de poner luz sobre un aspecto tan oscuro de la historia de nuestra nación. Demoler la estatua de Bayer es como darle cuerpo al intento de imponer el negacionismo en la historia argentina”.
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