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Alfajores son amores: la pareja que consolidó El Morseño como el mejor producto artesanal de la provincia

Gisela y Ariel compartieron la historia del emprendimiento que los llevó a quedarse con el primer premio en la Fiesta Provincial del Alfajor Artesanal que se celebró en Rawson por novena edición.

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Junín fue el punto de encuentro para que desde hace cuatro años Gisela, de Morse, y Ariel, de Arribeños, iniciaran un proyecto de vida y un desafío emprendedor que este domingo los llevó a ser reconocidos con el mejor alfajor artesanal de la provincia en la novena edición de la Fiesta celebrada en Rawson que rinde tributo a una de las mayores debilidades gastronómicas de los argentinos.

Con un total de 66 alfajores en competencia, uno seleccionado por cada emprendedor participante, la variedad de masa de nuez, corazón de higos en almibar y baño de chocolate blanco presentada por El Morseño se llevó el primer premio y el elogio del jurado que ofició también como medalla a la constancia, el amor y al hecho de jamás bajar los brazos por mucho que hubiera que remar en un mar de dulce de leche.

«La verdad que es la primera experiencia que tuvimos en ferias exclusivas de alfajores, saliendo de nuestra zona de confort. Ya era importante participar, mostrar nuestro producto en otros lugares y a otra gente. Y después una emoción tremenda, porque si bien teníamos mucha esperanza y confianza en nuestro producto para poder ganar, estuvimos en duda hasta último momento sobre cuál era el alfajor que íbamos a presentar. La cobertura de chocolate blanco fue motivo de la desconfianza, el miedo, porque casi siempre gana el chocolate negro. Pero estábamos confiados en el producto. Un alfajor que en la masa tiene la nuez pecán procesada, una contención de dulce de leche de repostería, un corazón de higo en almibar y una cobertura de chocolate blanco con una terminación en media nuez pecán por encima», le contó Ariel a Junín24.

El alfajor premiado. Masa de nuez, dulce de leche repostero, corazón de higos en almibar y baño de chocolate blanco.

«El alfajor es cien por ciento artesanal, desde el amasado que es a mano. Tenemos una amasadora chiquita y lo único grande que tenemos, por suerte, es el horno en el que entran bastantes tapas. Se rellena a mano, se bordea a mano, se baña a mano, con un tenedor. Lleva muchísimas horas de trabajo y para ir a este evento dejamos todo. Fueron pocas horas de sueño, cansancio, inversión en la materia prima. No es que uno duda del producto que tiene, sino que ante tanta, pero tanta competencia, sentís que es un montón. No es que no lo esperábamos, pero llegamos a dudar si podíamos ganar. Por eso cuando dijeron nuestro nombre fue increíble«, explicó Gisela.

Ella es pastelera y aunque se dedicó un tiempo a hacer viandas, con la llegada de la pandemia se decidió a hacer un alfajor que endulzó a los morseños en los inviernos. Él es chef, pero había llegado a Junín con 18 años para estudiar para contador. «Hace dos años y medio que empezamos a trabajar los dos juntos», dijo Ariel como introducción a la historia que dio origen al Morseño.

«En Morse los alfajores eran furor, pero los hacía por temporada. Me vine para Junín, conocí a Ari, hace cuatro años que estamos juntos. A él también le gusta la pastelería y me dijo ‘por qué no El Morseño’. Yo no es que dudaba, pero qué se yo. De ahí salió el nombre, pudimos registrar la marca el año pasado, después de la Fiesta del Cosechero, y nos llegó en febrero de este año. De ahí no paramos y cada vez va mejor. Pero como decía Ari, cuesta un montón. Más de una vez tuvimos ganas de bajar los brazos. Inclusive la semana pasada, jaja. Pero ahora con esto, es un mimo a tanto sacrificio, tantas horas. Sin dudas le ponemos todo el corazón a esto, porque nos encanta«, detalló Gisela.

El Morseño ya cuenta con casi 20 variedades, en tres líneas diferentes.

En esa fusión, fue Ariel quien salió de la zona de confort, porque como se encargó de explicar «al que estudia concina, por ahí le gusta más la parte de la comida salada». Pero fue ejerciendo como profesor en el Instituto Gastronómico Internacional que terminó de despejar las dudas que tenía por volcarse él también a la pastelería. «Practiqué mucho porque sentía que era mi parte más débil. Empezamos con esto, a probar recetas. Al principio nos enfocamos mucho más en las masas que en los rellenos, que eran todos de dulce de leche. Después sí empezamos a incursionar también en los rellenos».

PUPPA PARA SEGUIR CRECIENDO

El Morseño está en pleno trámite del PUPPA, que es la habilitación provincial para Pequeñas Unidades Productivas de Alimentos Artesanales, para poder expandirse todavía más como marca y ganar terreno en comercios de la ciudad y la zona. «Si bien otros municipios permiten trabajar sin esta habilitación a los alfajoreros, Junín no. Hay una normativa que lo exige y la verdad que eso permitiría salir un poco más acá en Junín. Estamos terminando de organizar las poquitas cosas que nos quedan para solicitar la habilitación en el transcurso de la semana», explicó Ariel.

Y agregó: «En kioscos, por este tema, no podemos vender. Tratamos de evitarlo para no generarle un problema al kiosquero, al almacenero, porque es posible que una inspección vaya a decomisar un alfajor que no cuenta con la habilitación del PUPPA. Más que nada nos contactan por Instagram, por whatsapp, es una venta más personal. Pero nos interesa mucho tener esa llegada. Esto terminó de explotar y nos preguntan por nuestros alfajores desde varios lugares».

EL HIGO Y EL QUINTO, FRUTOS DE PERTENENCIA

Dos de los corazones más valorados en los alfajores de El Morseño utilizan frutos que son característicos de los campos, patios y jardines de la zona. También en esa pertenencia se justifica la decisión de apostar a competir en la Fiesta Provincial del Alfajor Provincial con un producto que se salía de los parámetros de los habituales ganadores. Y por eso el primer premio fue también tributo al pueblo que le dio nombre.

«En realidad, todo lo que es el higo y el quinoto, nos lo hace Valentina, que es la madre de Guillermina Sofía, la delegada de Morse. A mí particularmente me encanta el higo. Es algo que consumo en estación, hago dulce y también se lo compro a ella, que tiene una florería en Morse y hace todo tipo de dulces año tras año. La combinación la eligió Ari, aunque no le gusta ni la nuez, como a mí, ni el higo, pero salió un alfajor terrible. Él dice que se tendría que comer con una bocha de helado, porque realmente queda como un postre. Pero sí tiene esa parte de Morse», dijo Gisela.

VARIEDADES PARA TODOS

«Trabajamos tres líneas. La clásica que trabajamos desde el inicio, con el marplatense tradicional que es una base de cacao, dulce de leche y baño de chocolate semiamargo. Uno que es masa de coco, bañado con un chocolate con leche. Otro que es una masa de café, bañado con chocolate semiamargo. El de nuez lo trabajabámos inicialmente con dulce de leche y baño de chocolate blanco. Después lo adaptamos a este que tiene el higo en almibar. El de chocolate blanco, que antes lo hacíamos con una masa de cacao para bajar el dulzor, pero lo cambiamos a masa de vainilla por pedido de la gente. Y tenemos uno similar al marplatense, pero con corazón de frutos rojos», detalló Ariel.

«En la misma línea que sacamos el de higo en almibar sacamos otro con el corazón de quinoto en almibar. Tenemos uno con corazón de pasta de maní, que lo pasamos también por maní picado y lo bañamos en un chocolate negro. Tenemos el de coco con una pasta de coco, tenemos pistacho. Y después trabajamos una línea todavía más golosa, con más relleno, que los hacemos con bonobon, marroc, mentitas, dentro del alfajor. Tienen un peso de entre 130 y 160 gramos. Es muy grande. Pero tiene que ver con cosas que nos empezaron a pedir. Tratamos de escuchar a la gente y ver qué se puede hacer, qué se puede adaptar, para cubrir todos esos gustos», continuó.

Y concluyó: «Ayer presentamos casi 20 variedades arriba del stand y nos parece un montón. Como decía Gise, hay veces que dan ganas de bajarlos brazos, pero confiamos en el producto que hacemos. El premio de ayer es el reconocimiento al sacrificio y al tiempo que le dedicamos a cada alfajor».

 

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