¿Te mirás los lunares?

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En determinadas circunstancias, un único lunar ubicado en un sitio determinado puede considerarse estético, incluso llega a estar de moda. En otras, posiblemente, sea mejor consultar con el dermatólogo.

El viernes pasado, -y mientras espera el resultado de la biopsia-, Mack Horton agradeció en su cuenta de Instagram a un fan por haber advertido al equipo médico australiano sobre el lunar que tenía en el pecho más grande y oscuro.

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«Un lunar común es un tumor en la piel; se forma cuando las células pigmentadas (melanocitos) crecen en grupos», explican desde el Instituto Nacional del Cáncer, de los Estados Unidos. La mayoría de los adultos presentan entre 10 y 40, aunque el número puede ser mayor. Crecen formando un nido de células y también se los conoce con el nombre de nevos.

Suelen aparecer a cualquier edad y en cualquier parte del cuerpo. No hay que perder de vista que la exposición al sol podría aumentar la cantidad y modificar el aspecto.

Usualmente, un lunar común tiene menos de 5 milímetros de ancho, es redondo u ovalado, con una superficie lisa y un borde definido, y, frecuentemente, presenta forma de cúpula. Por lo general, la coloración es rosada, tostada o castaña, uniforme. También pueden ser planos o abultados, rugosos o lisos.

Al menos una de cada diez personas tiene un lunar atípico, de aspecto distinto a los comunes. Por eso, es importante el autoexamen y consultar periódicamente con el dermatólogo. Cada lunar tiene su propio patrón de crecimiento. Pueden agrandarse u oscurecerse durante el embarazo y en la adolescencia.

En la mayoría de los casos, son benignos y, por lo tanto, no se los extirpa, aunque en alguna ocasión puede aparecer alguno atípico que dé lugar a un melanoma maligno. Por ello, no se debe demorar la opinión con el experto si cambian de tamaño, color o forma.

Rara vez, se convierte en melanoma -cáncer de piel-. Si bien no son cancerosos, las personas con más de 50 años tienen un mayor riesgo de padecer melanoma.

Desde el Instituto Nacional del Cáncer precisan: también hay que consultar si se nota cambio de color, si se vuelve más pequeño o más grande sin uniformidad, si cambia de forma, textura o altura, si la piel de la superficie se vuelve seca o escamosa, si se torna duro o se siente con bultos, y si comienza a picar, sangrar o exudar.

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