Una especialista en alimentación encendió el debate sobre un hábito cotidiano muy extendido en los hogares argentinos: beber un vaso de agua justo antes de acostarse.
Una nutricionista advirtió por qué no conviene tomar agua antes de dormir
Según explicó, lejos de ser beneficioso, podría interferir en la digestión nocturna y afectar el descanso.
La nutricionista Ana Chezzi sostuvo que no es recomendable tomar agua antes de irse a dormir, especialmente después de una cena abundante. De acuerdo con su explicación, hacerlo puede licuar los jugos digestivos, dificultando el proceso digestivo durante la noche.
“Si cenamos pesado, hay que tratar de evitar el agua antes de dormir”, señaló la especialista. En cambio, recomendó hidratarse a lo largo del día, priorizando el consumo de agua antes de las comidas y alcanzando entre un litro y medio y dos litros diarios.
La hora ideal para cenar y qué evitar
Consultada sobre el mejor momento para la última comida del día, Chezzi indicó que lo ideal es cenar alrededor de las ocho de la noche y optar por preparaciones livianas. “El aparato digestivo trabaja todo el tiempo, no espera a que uno se despierte”, explicó, al remarcar la importancia de facilitarle la tarea durante el descanso.
En ese sentido, aconsejó moderar el consumo de grasas, especialmente crema, manteca y lácteos, ya que dificultan la digestión nocturna. “Para dormir bien, es clave dosificar estos alimentos”, afirmó.
Claves para una buena digestión nocturna
Entre sus recomendaciones, la nutricionista destacó que, tras la cena, conviene esperar al menos una hora antes de acostarse, sobre todo si se consumieron grasas procesadas. Según explicó, el cuerpo “no entiende” fácilmente ese tipo de productos y requiere más esfuerzo para procesarlos.
Además, reconoció que comer sano suele ser más costoso, pero insistió en que el impacto positivo sobre la salud digestiva y el descanso justifica el esfuerzo.
Cuándo consumir grasas e hidratos
Durante su participación en LN+, Chezzi también detalló cómo distribuir los alimentos a lo largo del día. En el desayuno, recomendó incluir proteínas y grasas saludables, mientras que los hidratos de carbono resultan más convenientes si se realizan actividades físicas. “Si te sentás ocho horas en una oficina, el hidrato no es la mejor opción”, aclaró.
También alertó sobre la alimentación infantil y el exceso de productos ultraprocesados. “Galletitas y jugos en caja no dan energía real, son puro azúcar y generan picos de glucemia”, explicó, al mencionar la presencia de jarabe de maíz de alta fructosa, asociado a conductas adictivas.
Alimentación y emociones
La especialista también vinculó la comida con los estados de ánimo. Según describió, en momentos de tristeza o enojo, las personas tienden a elegir alimentos ricos en hidratos de carbono por la sensación inmediata de placer que generan, lo que puede derivar en un círculo vicioso.
Para cerrar, recordó que los alimentos naturales como frutas, verduras, huevos y carne siempre estuvieron presentes en la dieta humana y recomendó un consumo moderado: “Se pueden comer hasta cuatro yemas por día”.

























