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RECLAMO CONTUNDENTE

Silvia Velasco: «No podemos naturalizar que una docente tenga miedo de ir a enseñar o denunciar»

«Se necesitan escuelas seguras», dijo la secretaria general de SUTEBA Junín a JUNIN24. En la Plaza 25 de Mayo, docentes y la comunidad educativa se movilizaron en el marco de la jornada nacional de protesta para visibilizar la violencia de género, pedir justicia por el crimen de la maestra correntina Nancy Godoy, el desfinanciamiento educativo y las precarias condiciones laborales del sector.

Sociedad

En el marco de la jornada nacional de paro y movilización convocada por la CTERA, la comunidad educativa de Junín se congrego en la Plaza 25 de Mayo para expresar su indignación y exigir justicia por el femicidio de Nancy Godoy, la docente correntina asesinada cuando se dirigía a trabajar a una escuela rural.

Durante la transmisión en vivo realizada por JUNIN24, la Secretaria General de SUTEBA Junín, María Silvia Velasco, dialogó sobre el reclamo que encabeza el colectivo docente y la urgencia de politicas públicas efectivas.

Un reclamo que atraviesa a la educación y a la sociedad

La movilización, que reunió a docentes en actividad, jubilados, familias y estudiantes, buscó visibilizar las problemáticas complejas que impactan directamente en el ámbito escolar y en las condiciones de vida de las trabajadoras de la educación.

«Es un día de duelo nacional. Nos encuentra reclamando por una docente, una compañera, una trabajadora que estaba yendo a cumplir con su labor en condiciones de mucha precariedad y que fue víctima de la violencia machista. No podemos naturalizar que una docente tenga miedo de ir a enseñar o de denunciar», expresó Silvia Velasco durante la entrevista.

Velasco remarcó que las escuelas se han transformado en una «caja de resonancia» del deterioro social y de la escalada de violencia en general, agudizada por la falta de recursos y políticas preventivas adecuadas.

Exigencia de justicia y escuelas seguras

Entre los puntos centrales manifestados durante la jornada, el gremio y los asistentes destacaron:

Justicia por Nancy Godoy: Esclarecimiento del femicidio de la docente y respuestas concretas para la prevención de la violencia de género en todo el territorio.

Garantías de seguridad laboral: Espacios de trabajo dignos que permitan enseñar y aprender sin temores ni amenazas.

Fin del desfinanciamiento: Inversión en infraestructura escolar, salarios dignos y presupuesto destinado a la contención social.

Espacios de diálogo: Mesas de cogestión para implementar propuestas concretas que detengan los discursos de odio y la violencia institucional o social.

«Queremos que el Estado esté presente para garantizar las condiciones dignas, seguras de enseñar y aprender y debemos pensar en qué sociedad estamos, como se naturaliza la violencia», señaló la dirigente sindical.

El paro como herramienta de visibilización

Ante las críticas sobre las medidas de fuerza, la dirigente gremial fue contundente:

«El mejor homenaje que le podemos hacer a la compañera es exigir políticas públicas que garanticen una educación en condiciones dignas y seguras. El paro es una medida de lucha para visibilizar lo que pasa. Ningún docente quiere estar fuera del aula; queremos estar en las escuelas con nuestros alumnos, pero en condiciones garantizadas por el Estado», concluyó Velasco.

La jornada finalizó con la lectura de escritos elaborados por docentes locales y llamados a la reflexión conjunta para fortalecer la presencia comunitaria y evitar la naturalización de la violencia.

«Sabemos muy bien qué nos está matando y no nos vamos a callar más»

Una docente juninense hizo llegar a JUNIN24 una reflexión ante este trágico suceso que conmociona al mundo educativo, a la sociedad y al país:

«Hoy no hay pedagogía que alcance, hoy no hay planificación que nos sostenga, porque nos falta una. Nos falta Nancy. Y nosotras, que somos el 77,2% de esta escuela pública, que somos el 94% de las que sostienen la estatal con el cuerpo, estamos hartas de que nos quieran explicar lo que nos pasa con palabras vacías.

Estamos rotas. Y no necesitamos que nos lo digan porque la realidad se hace carne y la mentira instalada se cae a pedazos cuando nos escuchamos en pasillos repetir y tachar dias del calendario oficial. Argumentos nos sobran pero recientemente se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional de CTERA que NO SORPRENDEN PERO SÍ ALERTAN: Tres mil trescientas sesenta y cinco docentes de diecinueve provincias le pusieron el cuerpo y dijeron la verdad: ocho de cada diez estuvimos enfermas este último año por enseñar. No por un virus, por enseñar.

Con la voz destrozada, con la columna partida, con la ansiedad que no nos deja dormir, con el pánico que nos cierra la garganta. Y lo más perverso es esto: de ese ochenta por ciento que se enfermó, solo el cuarenta por ciento pudo parar. El sesenta por ciento fuimos igual, con fiebre, afónicas, medicadas, a pararnos frente a treinta pibes, porque este sistema extorsivo nos inventó un premio por no faltar nunca, por no cuidarnos nunca. Nos pagan para que vayamos rotas. Eso es el presentismo. Es una política de disciplinamiento en el cuerpo de las mujeres. ¿Cuántas veces fuiste así, compañera? ¿Cuántas veces te sentiste culpable por enfermarte? ¿Quién te enseñó que cuidarte es fallar?

Y claro que somos mujeres. Claro que somos mujeres que cuidan. Por eso nos odian tanto. Porque el poder sabe que esta escuela la sostienen manos de mujeres que, además de enseñar a leer y a sumar, sostienen el hambre, el llanto, el golpe en la casa, el abrigo que no llegó, la vianda que no alcanza. Nos feminizan el cuidado para precarizarnos y después nos culpan por quejarnos. El setenta por ciento de nosotras declaró sobrecarga laboral crónica.

El treinta y nueve por ciento contesta mensajes de familias todos los días, a cualquier hora, con su propio celular y su propio crédito. Otro veintisiete por ciento varios días a la semana. Trabajo gratuito, invisible, infinito, que no entra en ningún recibo de sueldo. Setenta y siete por ciento vivimos solo de este salario de miseria y treinta por ciento tenemos que salir a hacer otro trabajo cuando termina la escuela. Cincuenta y seis por ciento tenemos entre once y veinticinco años de antigüedad y, sin embargo, solo el cuarenta y dos por ciento es titular. Andamos de prestadas por nuestras propias escuelas. Esa es la estabilidad que nos ofrece el Estado. ¿Cuánto más de tu vida les vas a dejar si llega el día 15 y no hay más nada que garantice la dignidad en tu hogar?

Sabemos muy bien qué nos está matando y no nos vamos a callar más. Nos mata el discurso de odio que baja desde el sillón presidencial y se replica en cada rincón, cuando dicen que adoctrinamos, que somos un curro, que somos ñoquis, que somos vagas con tres meses de vacaciones. No es un tweet, compañeras, es la autorización para el ajuste, para el desprecio y para la violencia. ¿Cuántas veces escuchaste a un colega repetir esa mierda? ¿De qué lado estás cuando repetís lo que dice el que te quiere sin sueldo? Nos mata la complicidad estatal, ese Estado que se retiró y que recortó el noventa y ocho por ciento de infraestructura, el cien por ciento de jardines y el sesenta y ocho por ciento de conectividad, y que deja a una directora sola, sin agua y sin señal, a caballo, para llegar a su escuela. ¿Dónde estaba el Estado cuando Nanci denunció el abandono? ¿Dónde está cuando denunciás vos que se te llueve el techo? Nos mata también la precarización para que sigamos enfermas, pluriempleadas y extorsionadas.

¿Hasta cuándo van a negociar nuestra salud sin nosotras? Y nos mata el silencio, el silencio de la sociedad que naturaliza que la seño aguante todo y el silencio de nuestros propios colegas que no empatizan, que callan y gritan a la vez.

Por eso hoy este silencio se rompe acá. Y se rompe por ella. Porque todo lo que contamos de nuestra realidad docente es brutal, pero lo que pasó con Nanci es más brutal todavía: a Nanci la mataron. No se murió. No falleció. No es una estadística. A Nancy la mataron por ser mujer. La mataron por ser mujer en un país que mata a una mujer cada 36 horas. Cada 36 horas nos arrancan a una. Esa es la cuenta sangrienta de este patriarcado que nos quiere calladas. Y mientras nosotros estamos acá  recordandola con dolor, hay discursos que la reducen a un número y que nos culpan a nosotras por ir a trabajar a escuelas vacías y peligrosas. ¿Quién vació esas escuelas? ¿Quién las dejó peligrosas? ¿Quién recortó la seguridad, el transporte, la infraestructura? El mismo Estado ausente que ahora se lava las manos con la sangre de una mujer.

Por eso hoy nuestro grito no es solo docente, es feminista y es político. Nos matan por ser mujeres y nos matan también por ser docentes que denunciamos las condiciones paupérrimas en que nuestros hijos deben permanecer 20 horas por semana. Nos matan en la casa, en la calle, en la estancia, en la escuela rural. El mundo entero es el peligro cuando sos mujer y este sistema lo hace más peligroso. Hoy el miedo que sentimos por la espalda, la angustia en la garganta, el dolor en el cuerpo y la bronca en el corazón no se esconden más, hoy se hacen paro, se hacen documento, se hacen grito colectivo para decir que Nanci no es una estadística, que Nanci tenía nombre, que Nanci tenía vida, que Nanci era una de nosotras y que su femicidio no se perdona.

¡JUSTICIA POR NANCY GODOY! ¡FUE FEMICIDIO! ¡EL ESTADO ES RESPONSABLE! ¡VIVAS, LIBRES, SANAS Y CON SALARIO DIGNO NOS QUEREMOS!

Ojalá que no nos sea indiferente la muerte de una maestra que dejó la vida por una escuela rural ,por sus alumnos! La educación pública no puede ser terreno de peligro para nadie»

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