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Cómo lavar las verduras correctamente para reducir riesgos en la cocina

Lavar los vegetales con agua y fricción ayuda a retirar suciedad y parte de los microorganismos de la superficie. Además, hay productos que no deben utilizarse para higienizarlos.

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Las verduras frescas forman parte de la alimentación diaria, pero antes de consumirlas es importante realizar una correcta limpieza para reducir la presencia de suciedad y microorganismos que puedan encontrarse en su superficie.

El procedimiento no requiere productos especiales. La combinación de agua potable y fricción permite limpiar los vegetales antes de prepararlos o consumirlos.

Cómo lavar las verduras correctamente

El primer paso consiste en lavarse bien las manos antes de manipular los alimentos. Luego, las verduras deben colocarse bajo agua corriente y frotarse suavemente para retirar tierra, restos visibles y otras impurezas.

En vegetales con superficies firmes, la fricción puede realizarse con las manos o con un cepillo limpio destinado exclusivamente a los alimentos.

Después del lavado, es importante manipular las verduras con utensilios y superficies limpias y evitar que entren nuevamente en contacto con alimentos crudos que puedan contaminarlas.

Por qué no hay que usar jabón ni detergente

Aunque pueda parecer una forma de lograr una limpieza más profunda, no se recomienda lavar verduras con jabón, detergente ni otros productos de limpieza doméstica.

Estos productos no están diseñados para ser utilizados sobre alimentos y pueden dejar residuos que luego sean ingeridos.

Tampoco conviene utilizar lavandina de manera improvisada. Si una autoridad sanitaria indica algún producto específico para desinfectar determinados vegetales, deben respetarse exactamente las instrucciones de uso, concentración y enjuague correspondientes.

La contaminación cruzada también importa

La higiene no termina cuando se lava la verdura. Para reducir riesgos, es fundamental evitar la contaminación cruzada durante la preparación.

Las tablas, cuchillos, mesadas y otros utensilios deben mantenerse limpios, especialmente cuando previamente estuvieron en contacto con carnes, huevos u otros alimentos crudos.

Con hábitos simples como lavarse las manos, utilizar agua potable, frotar los vegetales y mantener limpias las superficies, es posible mejorar la seguridad de los alimentos que llegan a la mesa.

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