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Por qué los huevos están fuera de la heladera en el supermercado y en casa conviene refrigerarlos

La imagen de los huevos en góndola sin frío genera confusión, pero tiene una explicación sanitaria y logística. Expertos aclaran por qué en el hogar es más seguro guardarlos en la heladera y cómo evitar riesgos como la salmonella y la condensación.

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Uno de los interrogantes más frecuentes al hacer las compras es por qué los huevos se exhiben a temperatura ambiente en el supermercado, mientras que al llegar a casa la recomendación general es guardarlos en la heladera. Aunque parezca una contradicción, la diferencia responde a criterios de seguridad alimentaria y conservación.

Durante décadas fue habitual encontrar huevos en canastos fuera del frío. Esa práctica funcionaba en un contexto de cadenas de distribución cortas, traslados breves y cocinas con temperaturas más estables. Sin embargo, hoy el escenario es muy distinto. La nutricionista Boticaria García explica que, con recorridos más largos y múltiples cambios térmicos, “la mejor opción es la nevera, para conservarlos con seguridad”.

Desde el punto de vista microbiológico, la cáscara del huevo no es una barrera completamente sellada. Tiene poros microscópicos por los que pueden ingresar bacterias, entre ellas la Salmonella. Para reducir ese riesgo, el huevo cuenta con una protección natural llamada cutícula, una capa invisible que sella esos poros y actúa como defensa inicial frente a los contaminantes.

El problema aparece cuando esa protección se debilita. “Si el huevo suda, es decir, si se forma humedad sobre la cáscara por un cambio brusco de temperatura, la cutícula puede deteriorarse y facilitar la entrada de bacterias”, advierte la especialista. Esa condensación se produce cuando el huevo pasa del frío al calor o viceversa en poco tiempo.

Por ese motivo, en los supermercados se evita refrigerar los huevos: mantenerlos fuera del frío reduce la posibilidad de que sufran condensación durante el traslado hasta el hogar. El calor del auto, la calefacción o el vapor de la cocina pueden generar ese “sudado” que incrementa el riesgo sanitario si el huevo ya estaba frío.

Una vez en casa, el escenario cambia. La recomendación es clara: guardar los huevos en la heladera, con una temperatura estable y constante. De esta manera se prolonga su vida útil y se minimiza la proliferación de bacterias. Además, es importante conservarlos en su envase original, que los protege de golpes y de la absorción de olores de otros alimentos.

Otro punto clave es el lugar dentro del refrigerador. No se aconseja colocarlos en la puerta, ya que allí la temperatura varía con cada apertura. “Es el peor sitio, porque los cambios térmicos son constantes”, señala Boticaria García. Lo ideal es ubicarlos en un estante interno, donde el frío sea más uniforme.

Como recomendación final, conviene consumir los huevos dentro de plazos razonables, manipularlos con cuidado y mantenerlos alejados de fuentes de calor. En el hogar, la combinación de refrigeración, envase adecuado y estabilidad térmica es la mejor estrategia para reducir riesgos y garantizar un consumo seguro.

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