Con los años, que no vaya a creer que son tantos, se ha forjado en torno a Las Guerreras una leyenda que se escribe con triple erre: de Ramírez, de Rubia y de Rústica. Como defensora, es considerada entre las mejores de la Liga Deportiva del Oeste por compañeras y rivales. Como deportista, tiene una conducta intachable incluso cuando juega con el cuchillo entre los dientes.

Para Nadia Ramírez, que a la vez estudia la carrera de contador público, la cuarentena se ha hecho más larga de lo que está siendo para cualquiera, porque una lesión de meniscos en la rodilla le impidió terminar de disputar el último Torneo Nocturno. Lesión de la que afortunadamente ya está recuperada, apelando a un método que no hace más que incrementar la épica.

«En marzo había arrancado con kinesiología y vino la cuarentena. Estuve como 15 días parada, diciendo qué hago. Y mi kinesiólogo me mandaba que haga esto y lo otro, porque los primeros días son fundamentales en toda lesión. Imaginate que fui tan carnicera que me saqué los puntos sola. Después de un mes, me dice venite que te voy a sacar los puntos. Cuando llego, le digo quédate tranquilo que ya me los saqué«, le contó a Junín24 Fútbol Femenino la defensora central de UNNOBA.

Cortesía Mabel Panero

Y recordó: «Me lesioné contra BAP, en el último partido de la zona. Me perdí lo mejor del torneo. No sabés la bronca que tenía. El partido contra Defensa, que fue en cancha de Ambos Mundos, yo estaba del otro lado del alambrado porque no quería escuchar nada. Re caliente, porque cuando vos lo ves de afuera es diferente. Me acuerdo que me fui y casi lloro, todo. El partido contra Rivadavia (semifinal), que íbamos ganando y lo dieron vuelta, terminé diciéndole a Diego que por favor me ponga para aguantar el partido».

Es que con La Rubia en cancha, UNNOBA tuvo sus mejores momentos en el torneo. Y un bajón lógico con su lesión, que no solo afectó desde lo futbolístico sino también desde lo anímico en un equipo que, como ella misma dice, ya es como una familia.

«A mí la mayoría de las personas que lo ven de afuera me dijeron que se sintió la ausencia, porque soy una persona que continuamente estoy corriendo, metiendo. En la defensa que tenemos armada nos re entendemos. Desde que se fue Gio (Dell’Osso), que se desarmó la línea de cuatro que teníamos, Diego (Carpinella) nos empezó a probar en línea de tres en los entrenamientos. Después en un partido contra Rivadavia, que le decíamos vos estás loco. Y es como que todo tiene que estar muy coordinado. Yo sé que si sale una tengo que quedarme… Las chicas también me dijeron que se sintió, porque soy la loquita que corre. Creo que de afuera se ve eso«, explicó Nadia Ramírez.

Cortesía Mabel Panero

Pero la realidad es que aunque La Rubia se sienta cómoda con eso de ser la rústica, su aporte y su valía como jugadora va mucho más allá. Por algo David Forconi, presidente del Departamento de Fútbol Femenino de la Liga Deportiva del Oeste, hace poco la destacó en una entrevista como una de las mejores jugadoras que hay en Junín. Por algo Valentina Bortel, quien dijo haber aprendido de su experiencia en la Selección de Junín, la definió como «la mejor defensora, lejos». Y por algo, también, Sergio Barbagelatta confió en ella como titular indiscutible en ese seleccionado. Como para dejar en claro que no solo Diego Carpinella y el resto de Las Guerreras entienden de la importancia de todo ese despliegue.

«Yo me siento valorada, porque me lo han dicho. Con Valentina (Bortel), por ejemplo, hemos compartido Selección. David Forconi también me lo ha dicho a mí. Ahora que está en Deportes, y yo en administración del Club Junín, he pedido permiso para ir a jugar al fútbol, porque me guardo más ese permiso que el de un examen, él me ha visto y ha dicho dicho es una de las mejores jugadoras que hay en Junín, rústica, no le tiene miedo a nadie. Y yo le dije sí, le tengo miedo a mi mamá con la ojota. Ahí corro«.

También es cierto que antes de ganarse sus dos últimas erres, antes de colgarse medallas y levantar trofeos a nivel local; pero también a nivel regional y nacional en los Juegos Universitarios, llegó al equipo de la UNNOBA como Nadia Ramírez, a secas, con poca más experiencia que la de haber participado de algún que otro Juego Bonaerense, según ella para rellenar el equipo, y la de haber compartido picaditos con su hermano y compañeros de la escuela de Quiróga, a los que no les escatimó la cuota necesaria de patadas.

«Llegué justo antes de que se armara equipo para empezar a jugar en cancha de once. Me acuerdo que estábamos sentadas en la cancha sintética de BAP, cuando entrenábamos allá. Fue cuando Diego nos dice que nos teníamos que comprometer porque iba a ser mucho más difícil armar equipo que cuando se jugaba de siete. Yo jugaba softbol y llegué por Carlitos Ciotta, que me comentó que en UNNOBA había un equipo de fútbol. Caí de cara rota», recordó.

Y fue en ese momento que aclaró que tuvo un apodo previo a ser La Rubia: «Llegué como Nadia. En los primeros entrenamientos me decían Tractorcito, porque era como una topadora. Ponía primera, tercera, quinta y no paraba. Es más, Rena (Carbone) dice que la primera lesión que tuvo se la hice yo en un entrenamiento. Yo no me acuerdo, para mí se había tragado un pozo. Y La Rubia no sé por qué surgió. Creo que fue también algo de los entrenamientos. Lo que me pasó es que todo el mundo decía saca La Rubia, saca La Rubia… Y cómo que el árbitro esperaba a la rubia y aparecía yo, o sea…  Creo que hasta lo del rubio del pelo lo hice por eso. Pero por suerte me sacaron lo de Tractorcito».

GUERRERAS ES FAMILIA

Nadia Ramirez no es la primera ni será la última en reconocer que en torno al equipo de fútbol femenino de la UNNOBA se ha formado un sentido de pertenencia al que le es difícil encontrarle comparaciones. Mucho tiene que ver con las normas específicas con las que debe cumplir una jugadora, y a la vez estudiante, que bajan directamente desde la universidad. Pero también con los vínculos que a partir de allí fueron generándose, siempre con Diego Carpinella como conductor de un grupo en el que considera la calidad humana tanto o más importante que la futbolística.

«Las Guerreras es una familia, nos caracterizamos por eso. Somos un grupo unido que no echa a nadie. Vos lo has visto en el festejo de los ocho años. Capaz que te conocen y a la semana te invitan a comer. Enseguida te integran, te hacen jugar. No importa si sos mejor o peor con la pelota. Siempre jodemos que somos la mafia, porque entrás a Las Guerreras pero no podés salir. Después de la cancha seguimos juntas», remarcó.

Pero también reconoció que ese sentido de unidad que transmiten desde adentro hacia afuera, en algunos momentos las complica a la hora de incorporar nuevas jugadoras que puedan renovar un equipo del que con el tiempo han ido partiendo jugadoras importantes, si bien conserva la base.

«Muchas veces nosotras vamos a reclutar jugadoras a la facultad y capaz que van al primer entrenamiento y después no van más porque dicen ustedes son unas re jugadoras, que vienen juntas hace un montón, que ganaron medallas. Pero la realidad es que no tenemos más. Entonces nos juega en contra. O hay chicas que no van por temor, como si vieran la foto de todo el plantel formado y dijeran acá no entramos ni locas».

EN LA SELECCIÓN, TAMBIÉN SE DEJA EL ALMA

Si bien La Rubia no duda en remarcar que su prioridad siempre han sido Las Guerreras, también entiende que el privilegio de representar a la Selección de la Liga Deportiva del Oeste es digno de asumirse con la máxima responsabilidad. Y el compromiso ya quedó a la vista en el último Torneo Provincial, que la tuvo como referente del equipo antes y después que se produjera el vaciamiento producto de las jugadoras y el entrenador que se llevó Sarmiento para jugar la Primera B de AFA.

«En la Selección me pasa algo que tiene que ver con pensar que si me eligieron, sobre todo porque no me gusta perder a nada, tengo que dejar todo y contagiar esa motivación a mis compañeras. Más lo sentí el año pasado, que al final quedaron muchas jugadoras chiquitas. Entonces trataba de transmitir eso de meterle para adelante. El último partido contra Chacabuco lo terminé jugando de nueve y lesionada. Nada que ver. Me terminé peleando con el técnico y diciéndole que no incentivara a sus jugadoras a pegar, porque era un partido de fútbol. También los padres y la hinchada, ¡qué manera de pelear, por favor!», recordó.

Y aclaró: «Yo en su momento plantee que si hubiéramos sabido antes qué jugadoras se iban a Sarmiento, la lista podría haberse armado de manera diferente, buscar otros refuerzos. Había y hay para armar una terrible Selección. Ese partido era para ganarlo. Lo que pasa que quieras o no teníamos algunas jugadoras muy chicas, a las que por ahí les pegaron unas patadas de más y las condicionaron».

Por Juani Portiglia

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