Una empresa agropecuaria logró transformar su sistema de pulverización tras cinco años de trabajo basado en mediciones, capacitación y mejora continua. El resultado fue una fuerte reducción en el uso de herbicidas, agua y maquinaria, con un importante incremento en la eficiencia de las aplicaciones.
El cambio que sorprende al agro: redujeron un 25% el uso de herbicidas y aumentaron la productividad sin sumar maquinaria
La innovación en el agro no siempre pasa por incorporar nuevos equipos. En Entre Ríos, la empresa Berardo Agropecuaria demostró que optimizar los procesos y tomar decisiones basadas en datos puede generar resultados sorprendentes.
Luego de cinco años de trabajo junto al Grupo APC, la firma consiguió reducir más del 25% del uso de herbicidas, disminuir hasta un 67% el consumo de agua en determinadas aplicaciones y aumentar notablemente la eficiencia de los tratamientos agrícolas.
Uno de los datos que más llamó la atención fue la reorganización de su estructura operativa. A pesar de incrementar la superficie trabajada y la cantidad de aplicaciones anuales, la empresa pasó de nueve a siete pulverizadoras, logrando que cada equipo cubra más hectáreas sin perder calidad.
Medir para producir más y gastar menos
El proyecto fue presentado durante la jornada Pulverización Inteligente, realizada en la Exposición Rural de Palermo, donde se destacó como un ejemplo de cómo la mejora continua puede transformar la producción agropecuaria.
Desde la empresa explicaron que el cambio comenzó cuando decidieron medir objetivamente cada aplicación en lugar de basarse únicamente en la experiencia.
A partir de ese proceso, identificaron oportunidades de mejora que permitieron optimizar el uso de fitosanitarios, reducir pérdidas y aumentar la cantidad de producto que realmente llega al objetivo biológico.
Actualmente, Berardo Agropecuaria trabaja más de 53.000 hectáreas por campaña y realiza alrededor de 210.000 hectáreas de pulverización al año, incluyendo servicios para terceros.
La capacitación fue la clave del cambio
Además de la incorporación de herramientas técnicas, la empresa destacó que el principal motor de la transformación fue la capacitación permanente del equipo de trabajo.
El modelo se apoyó en tres pilares: formación del personal, correcta configuración de las pulverizadoras y evaluación constante de la calidad de las aplicaciones en condiciones reales.
Gracias a ese enfoque, lograron aumentar la productividad, reducir costos operativos y avanzar hacia un sistema agrícola más eficiente y sustentable.
La experiencia también dejó una conclusión clara: innovar no siempre implica comprar maquinaria nueva. En muchos casos, el verdadero cambio surge de utilizar mejor los recursos disponibles, trabajar con información precisa y construir una cultura de mejora permanente.























