El juicio oral que a lo largo de los últimos días se ventiló en los Tribunales de nuestra ciudad al que se llegó con tres imputados, todos integrantes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y que cumplían funciones en Comisaría Primera, específicamente en el Servicio de Calle, se encuentra ahora en un compás de espera.
Butten, Adrover y Orsi a la espera del veredicto del Tribunal y la sociedad tratando de entender cómo fueron los hechos
Y recién se develará la resolución cuando el Tribunal Oral Criminal 1 dé a conocer el veredicto y eventualmente –de ser condenatorio-, la sentencia.
Mientras tanto, más allá de la complejidad de la causa, durante los alegatos pronunciados ayer por las partes, algo quedó claro. La fiscalía considera a Horacio Butten, Mario Orsi y Lucas Adrover, responsables de los ilícitos que les imputan.
Los asesores letrados, Victoria Caporale – de Butten y Adrover- y Mauricio Muñoz – de Orsi-, sostuvieron, palabras más, palabras menos, que quien debe ser condenado es el denunciante y no sus pupilos.
Los hechos
Habiendo seguido periodísticamente la causa desde sus inicios –lo que no significa que es la verdad absoluta ni mucho menos-, el desarrollo, para comprenderlo, debería dividirse en cuatro escenarios.
La historia comenzó en la vecina localidad de General Arenales, cuando una vecina por entonces de 88 años, fue víctima del cuento del tío.
Una llamada telefónica que comenzó durante la mañana del 10 de enero del 2023. La voz de un hombre –que simulaba ser el hijo de la víctima- comenzó a convencerla para que entregue sus ahorros y joyas.
En el transcurso de la comunicación, iba a pasar por su domicilio una moto a cuyo conductor debía entregarle los bienes.

Algo no salió bien porque le quedaron un fajo de billetes moneda norteamericana y un par de cajitas conteniendo pulseras, cadenas, medallas, todas de oro 18 K.
Siempre con el interlocutor del otro lado de la línea –el supuesto hijo de la mujer-, quedaron en que otra persona volvería por los calores restantes.
Hasta aquí, un cuento del tío en el que iban a terminar despojando a la víctima, de prácticamente 400.000 dólares en billetes y joyas.
La segunda etapa de una cadena de delitos, iba a sumar con el correr de las horas, a una nueva víctima, tal como lo entendió la fiscalía a cargo de la Dra. Pamela Ricci que fue la encargada de iniciar la Investigación Penal Preparatoria.
En horas de la tarde del mismo día, en la parada de taxis de Av. San Martín y Primera Junta, el telefonista iba a recibir una llamada telefónica en la que solicitaban el servicio. Que en un taxi se dirigieran a un domicilio en Arenales, a retirar unos documentos que luego debían trasladar hasta la localidad de Cucha Cucha, en el partido de Chacabuco.
Se pactó el costo del viaje, $ 10.000 y un coche de alquiler conducido por el chofer Marcelo Peralta, iba a iniciar el servicio.
Una vez en Arenales, el taxista se dirigió al domicilio señalado por quien había contratado el servicio, donde fue recibido por la mujer que lo hizo pasar para entregarle un sobre.
Se podría decir que hasta entonces, ni la vecina de Arenales había caído en la cuenta que la estaban estafando ni el taxista juninense que lo que iba a trasladar no eran documentos sino los dólares y las joyas.

Durante el regreso, el trabajador, ya con la certeza que no llevaba otra cosa que muchos valores, comenzaría a comunicarse a través del teléfono celular, con varias personas. Su esposa, el telefonista de la parada, una conocida tarotista, el propietario del taxi para el que trabajaba y el estafador que decía llamarse Marcelo.
Con temor y convencido que corría riesgos en caso de llegar a Cucha Cucha, optó por decirle al hombre que había contratado el servicio, que tenía problemas con el auto –en el sistema de GNC- y no podría llegar a Cucha Cucha por lo que pactaron un punto de encuentro en Junín., muy cerca de la firma Diarco.
Y un nuevo escenario.
Mientras en General Arenales se iba a detectar un hecho conocido como cuento del tío, poniendo en marcha una serie de medidas dispuestas por la ayudantía fiscal a cargo del Dr. Colombo y fuerzas policiales, en Junín, a través del sistema de comunicaciones del 911, se iba a escribir otra historia.
Operativo cerrojo, movimientos por parte de las fuerzas de seguridad, para detectar e interceptar al taxista.
Presuntamente, esa alerta fue escuchada –detalles más o menos- por tres efectivos policiales.
Localizaron al coche de alquiler dos de los funcionarios –no estaban uniformados ni se movilizaban en un patrullero- que se trasladaban en una camioneta Eco Sport.
Interceptaron a Peralta, confirmaron que llevaba dólares y joyas, llamaron al tercer efectivo policial que iba a acercarse en moto.
Los tres funcionarios requisaron el vehículo, encontraron los dólares y las joyas y decidieron trasladarse a Comisaría Primera.
Uno iría conduciendo la moto, el segundo la Eco Sport y el tercero, sentado del lado del acompañante del taxi que a su vez conducía Peralta.
Tomaron ruta 7, Avenida Circunvalación hasta Vicente López y Planes para ingresar en la ciudad.
Durante el trayecto, el motociclista se habría acercado al taxi donde su le entregó el sobre marrón y desapareció.
Una vez en Comisaría Primera, uno de los efectivos policiales habría intentado convencer a Peralta que agarre unos billetes de U$S lo que no fue aceptado.
Así se iba a iniciar el calvario del taxista. Declaraciones contradictorias presuntamente elaboradas por los policías para “no quedar pegados”, amenazas, amedrentamientos, un allanamiento en su domicilio.
A Peralta y su familia la vida le cambió en unas horas, una tarde del 10 de enero.
La historia es mucho más extensa porque a partir de la investigación los pares de Horacio Butten, Mario Orsi y Lucas Adrover serían quienes fueron buscando, analizando y sumando indicios y pruebas con el objetivo de armar un rompecabezas.
Esos elementos se fueron volcando durante el juicio oral, durante las últimas semanas..
El Tribunal Oral Criminal 1 –integrado por los doctores Esteban Melilli, Karina Piegari y Silvio Galdeano- siguieron paso a paso las exposiciones, las declaraciones de testigos, las pruebas e indicios incorporados.

La fiscalía, encabezada por la Dra. Paola Luján y acompañada por su par, Pamela Ricci intentó demostrar al Tribunal cómo habían llegado a dilucidar los hechos que iban a terminar con la imputación: Robo agravado por haberse cometido en poblado y en banda y por la participación de funcionarios, privación ilegal de la libertad, amenazas, falsificación de documento….”
Por otro lado, tanto la Dra. Victoria Caporale –abogada de Butten y Adrover- como el Dr. Mauricio Muñoz –de Orsi- iban a solicitar al TOC la absolución de sus pupilos por considerar que no actuaron como sostuvo la fiscalía e intentaron sembrar la posibilidad que el denunciante haya sido el ladrón.
En síntesis, ésta podría ser una causa de las tantas que se ventilan en debates orales en el Palacio de Justicia.
Pero no lo es.
Porque si la justicia considera que los tres imputados no tuvieron nada que ver con los ilícitos que les endilgan, no sólo alcanzarán las disculpas, la reincorporación a la policía y el intentar limpiar su buen nombre y honor.
Pero si los magistrados dan por cierta la acusación del Ministerio Público Fiscal, la pregunta es, quién le tenderá una mano a Marcelo Peralta, un simple conductor de taxis que no llegaba a fin de mes, que juntaba el mango para sostener a su familia y pasó en minutos a convertirse en un hombre sospechado, amenazado, amedrentado por quienes en definitiva son los que debían protegerlo. El personal policial.
Como bien sostuvo terminados los alegatos ayer, la Dra. Pamela Ricci cuando consideró que en su alegato, el Dr. Mauricio Muñoz, la estaba agraviando.

“Llevo 20 años en el Poder Judicial y no me atrevería jamás a garantizar impunidad a un delincuente. De hecho, hoy me cuesta tanto estar acá. Porque -Butten, Adrover y Orsi-, es gente que trabajó conmigo, …gente en la que yo confié y aun el día de hoy me pregunto en qué cantidad de procedimientos convalidamos diligencias con gente inocente, porque estaban librando batallas personales o individuales”.
De confirmarse la posición de la fiscalía, acá perdimos todos. Peralta, las fuerzas policiales, el vecino común, la sociedad en su conjunto que confía cuando levanta el teléfono y llama al 911 pidiendo el socorro de los uniformados

























