Cotorras en el noroeste bonaerense: de ave exótica a plaga que preocupa a productores y vecinos de Junín

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El chillido agudo ya es parte del paisaje. La cotorra argentina —Myiopsitta monachus—, ese loro verde de pecho gris que construye nidos comunitarios gigantes en las copas de los árboles, expandió su territorio mucho más allá de su área original. Originaria del centro y norte del país, hoy tiene colonias estables hasta el sur de la provincia de Buenos Aires, favorecida por la forestación de la pampa húmeda y su enorme capacidad de adaptación.

Una plaga declarada en la provincia
El avance no es solo ornamental. La especie está considerada plaga según el Decreto Nº 4328/55, reglamentario de la Ley Provincial Nº 5.770. En julio de 2024, concejos deliberantes del interior bonaerense pidieron a la Dirección Provincial de Fiscalización Agropecuaria medidas para el control “eficiente y racional” ante la “presencia masiva de cotorras” que afecta a productores agropecuarios. Los daños son concretos: flores, brotes y frutos mordidos en especies de pepita, carozo y frutos secos. Atacan en bandadas y dejan un impacto que compromete la productividad.

Río Negro fue más allá y en enero de 2025 declaró a la cotorra “especie perjudicial para la producción” por los crecientes daños en cultivos frutícolas y extensivos.

Junín: entre el parque y la preocupación rural
En Junín, la cotorra es visible y sonora. Vecinos y productores de la región ya reportaron su presencia en 2024, en paralelo con otros problemas sanitarios como la chicharrita del maíz. Si bien el Parque Borchex no figura como foco de denuncia productiva, sí es un espacio público donde la especie encuentra altura y alimento. El parque, emplazado junto al río Salado, concentra eucaliptos y otras especies altas ideales para los nidos comunitarios que caracterizan a Myiopsitta monachus: la única especie de loro que construye sus propias nidificaciones con ramas, a veces de más de 200 kg.

De hecho, la actividad cultural más reciente en el Borchex giró en torno a otro habitante: el hornero. En diciembre se inauguró el mural participativo “Hornerito de Junín”, obra cerámica de Rosángela Manzione con arcilla del Salado, emplazado en el parque como homenaje al ave nacional. Mientras el hornero inspira arte, la cotorra genera debate: sus nidos pesados rompen ramas y pueden ser una amenaza para la infraestructura urbana.

Por qué avanzan: inteligentes, gregarias y urbanas
Las cotorras son animales muy inteligentes y de adaptabilidad flexible. Viven en grupos sociales complejos y explotan diversos recursos alimenticios gracias a un pico fuerte y patas versátiles. Esa plasticidad les permitió pasar de mascota exótica a colonias autosustentables en ciudades. En Europa ya es plaga: España prohibió su tenencia y en Madrid o Barcelona sus nidos sobre parques generan caída de ramas y acumulación de excrementos.

En Argentina, un estudio del CONICET sobre una población urbana de La Plata en 2024 confirma que la especie está consolidada en entornos urbanos.

El dilema: controlar sin erradicar
La mesa interinstitucional que integran el Ministerio de Desarrollo Agrario, INTA, Neuquén, cámaras frutícolas y especialistas busca “estrategias de control sostenibles y efectivas sin buscar la erradicación total”. Es que la cotorra cumple también un rol ecológico y, para muchos vecinos, es parte del paisaje sonoro de plazas y parques.

En el noroeste bonaerense, el desafío es doble: proteger la producción frutícola y de grano que rodea a Junín, y manejar la convivencia urbana en espacios como el Parque Borchex, donde conviven horneros homenajeados en murales y cotorras que anidan a metros de altura. Por ahora, la legislación habilita el control como plaga. El equilibrio entre biodiversidad, producción y uso del espacio público sigue en discusión.

 

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