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El tiempo: el regalo que solemos desperdiciar

Muchas veces no valoramos lo más preciado que tenemos: el tiempo. Vivimos postergándolo, creyendo que siempre habrá un mañana, hasta que algo nos sacude y nos recuerda que nada está garantizado.

Locales

Vivimos como si el tiempo nos perteneciera. Creemos que siempre es mejor dejarlo para mañana, para dentro de unos meses o para cuando tengamos ganas. Recién tomamos conciencia cuando ocurre algo grave, cuando algo

nos sacude a nosotros o a nuestro alrededor, y entonces decimos: “No sabemos si hay un mañana”

El problema no está en tomar conciencia, sino en hacerlo solo cuando algo grave pasa. ¿Por qué reaccionamos recién ahí? ¿Por qué esperamos un golpe para valorar lo que tenemos? 

Cuando decimos “mejor mañana”, pasan los años. Y muchas veces la vida sigue igual. Los resultados no cambian. Porque arrastrar excusas durante toda la vida no genera resultados distintos: solo nos devuelve, una y otra vez, al mismo lugar. 

La diferencia está en algo más profundo de lo que creemos: la gratitud. Ser agradecido o ser desagradecido cambia por completo la manera en la que usamos el tiempo. Y ojalá esto confronte, porque todo es cuestión de perspectiva. 

Una persona que pone muchas excusas suele quejarse mucho también. Entonces la pregunta es simple, pero incómoda: ¿Empezás el día agradecido o lo empezás quejándote? 

Y con esto no quiero decir que nunca más tengas un mal día. Es normal despertarse sin ganas, cansado o desmotivado. Pero muchas veces estamos tan enfocados en el futuro, en lo que falta o en la queja, que se forma un velo negro frente a nuestros ojos. Y ese velo no nos deja ver el regalo que ya está ahí: el tiempo. 

No es casualidad que estés leyendo esto. 

No es casualidad que hoy te hayas despertado. 

Nada es “porque sí”. Pensar que lo es también termina siendo una excusa para no apreciar el tiempo que tenemos. 

Esto no es motivación vacía. Porque incluso ver tragedias o situaciones graves no siempre nos vuelve conscientes de que el hoy es un regalo. Pero quizás hoy sea un buen día para preguntarnos qué estamos perdiendo. Y con perder no me refiero solo a cosas grandes, sino a perder el tiempo usando excusas, desperdiciando el mismo tiempo que Dios nos regala. 

Siempre se dice que lo único que nos llevamos de este mundo son las experiencias. Y creo que es verdad. Pero también creo que está en cada uno decidir qué tipo de experiencias se quiere llevar.

Las experiencias dignas de ser recordadas nacen de la gratitud. Porque cuando uno es agradecido con Dios, utiliza bien el tiempo. No lo malgasta en cosas sin sentido. Empieza a reconocer que estar vivo hoy es valioso, y desde ahí comienza una vida más consciente… y, quizás, más feliz. 

Tal vez la vida no se trate de tener más tiempo, sino de aprender a honrar el que ya tenemos. 

Una palabra a tiempo. 

Voz de Brisa

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