La carta de lectores que reproducimos fue enviada a nuestra Redacción por Jorge Alberto García y fue dirigida a Flamingo Travel.
“En general el viaje fue excelente, pero el Hotel de Termas de Río Hondo, Siglo Sexto, de terror”
En su exposición, relata la experiencia que le tocó vivir en un viaje por el norte argentino y que, oportunamente, trasladó a la empresa, aunque sin haber recibido la respuesta esperada.
“En mayo viajé con ustedes al norte argentino. En general el viaje fue excelente, la coordinadora y los choferes de primera, el hotel de Salta muy bueno, la hostería de Tafí del Valle buena, pero, y esto se lo comenté a ustedes a mi vuelta, el hotel de Termas de Río Hondo, SIGLO SEXTO, de terror.
Fui a sus oficinas en Junín para contarles lo que me sucedió con la intención de que no lo contraten más, en beneficio de otros viajeros.
Pero veo que los siguen contratando.
Por lo tanto, voy a volver a contar mi experiencia.
Al llegar me asignaron una habitación (no recuerdo el número), me acompañaron a la misma, quedé solo, había dos camas (yo aboné habitación single, que es más cara). Una de las camas estaba corrida, puse mi bolso en una silla y observé que los controles del TV y del aire estaban en una repisa en el agua; me acerqué y vi que goteaba del techo. Llamé a mesa de entradas y me mandaron un señor de mantenimiento, quien observó lo antes dicho y dijo que seguramente se habían olvidado la canilla abierta en la habitación de arriba. Me pidió que esperara que la iba a cerrar.
Al rato volvió el hombre y me dijo que estaba todo solucionado (cerró la canilla), dijo que iba a mandar a la mucama a secar el piso y el techo iba a dejar de gotear en un rato. Me deseó buena estadía y se fue.
Empecé a sacar la ropa del bolso y colgarla en el placard, cuando de repente se vino abajo el cielorraso. Si se me caía encima, algún daño me iba a producir.
Bajé, le comenté al encargado y me dijo que me iba a cambiar de habitación. Me cambiaron a otra, me acompañó el encargado de mantenimiento.
Le dije que esperara que iba a controlar la habitación: cuando entré al baño comprobé que de la canilla de agua termal no salía el agua, el inodoro perdía y no se podía tirar la cadena (estaba rota). Le pedí que no quería esa habitación. Hasta ahora no me había calentado, pero… bueno. El hombre informó al conserje y me llevaron a otra habitación; el de mantenimiento se fue y me acompañó un joven que no tenía idea de nada.
Entramos a la habitación (la tercera) y antes de todo pedí que revisara si estaba bien. Así lo hizo (le comento que la habitación era medio pelo, por no decir horrible). Al ver que estaba todo bien se iba a retirar cuando observé que no estaba el control del aire acondicionado. Me dijo que lo iba a buscar, pero al volver comentó que el aire estaba roto y no andaba (era mayo).
Ahí sí me recontra calenté y decidí irme a otro hotel, pero me ofrecieron otra habitación. Acepté, más por el pobre empleado que estaba desesperado. Me llevaron a una nueva habitación, comprobamos que todo funcionara y me quedé. La habitación era de cuarta, pero era una sola noche en Termas.
Desempaqué y abrí la canilla de agua termal, quería darme un buen baño. Hacía más de tres horas que estaba dando vueltas. Abrí la canilla, pero al cerrar la puerta del baño no ajustaba, por lo que la habitación se llenó de vapor, el piso y las paredes mojados. Decidí no hacer más nada y quedarme.
Esa noche cenamos y al otro día almorzamos en ese hotel, SIGLO SEXTO. La comida de terror y además acompañados por un gato que iba y venía por el comedor lo más pancho.
La gente encargada del hotel me comentó que los dueños no se ocupaban, eran de Córdoba y no gastaban en mantenimiento.
Bueno… la termino. Señores de Flamingo, esta nota la voy a publicar en todas las redes sociales, que no era mi intención, pero ustedes no escucharon mi relato. Ojo futuros clientes, no se dejen engañar.
La carta de lectores lleva la firma de Jorge Alberto García – D.N.I. 8.364.034.






















