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Bailar con una planta de maíz y cambiar el destino: la historia de Bryan Petaccio, el gaucho viral de Pergamino

En pleno 2020, cuando la pandemia había detenido al mundo, un joven productor agropecuario de Pergamino grabó un video simple, espontáneo y sin cálculo alguno.

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Bailando con una planta de maíz y al ritmo de una cumbia remixada, Bryan Petaccio logró algo impensado: conectar el campo argentino con millones de personas y transformar para siempre su vida.

Aquel clip de apenas 16 segundos cruzó fronteras y convirtió a Petaccio en un referente inesperado del agro en redes sociales. Con carisma, humor y cercanía, su figura empezó a crecer hasta consolidar una comunidad digital que hoy supera el millón y medio de seguidores, sin perder —según él mismo remarca— la esencia del productor rural.

“Mi vida cambió, pero yo sigo siendo el mismo”
Lejos de despegar los pies de la tierra, Bryan asegura que la fama no alteró sus valores ni sus vínculos. Mantiene el mismo trato con su familia, sus amigos y la gente del campo, aunque reconoce que su cotidianeidad se volvió impredecible. “Trabajo en el campo todos los días, pero nunca sé si el fin de semana voy a estar en un evento o viajando”, cuenta.

El reconocimiento público lo sorprende incluso en situaciones simples: estaciones de servicio, peajes o caminando por Buenos Aires. A eso se suman experiencias que jamás imaginó, como grabar un videoclip con Matías Valdez, compartir escenarios y charlas con Soledad Pastorutti, Lucas Sugo o el Chaqueño Palavecino, y participar activamente en la comunicación de Expoagro y La Rural de Palermo.

“Hay cosas que todavía no caen. Que Landriscina me llame, me felicite y me dé consejos… eso es una locura”, admite.

El equilibrio entre redes, trabajo y raíces
Pese al crecimiento como creador de contenido y conductor de un canal de streaming, Petaccio sigue priorizando su rol como productor. Agricultura y ganadería ocupan sus días de enero a enero, con el objetivo de expandirse y construir un proyecto propio, más allá de lo familiar.

En ese camino, destaca el apoyo de su entorno cercano y de quienes trabajan con él en el campo. “Hoy mis empleados son mis amigos. Puedo estar lejos y sé que todo funciona como lo acordamos”, señala. Incluso su padre, que había reducido su participación, volvió a involucrarse más ante el nuevo escenario.

Bryan es claro con los límites: no acepta propuestas solo por dinero. “Si querés vivir únicamente de las redes, perdés la esencia”, sostiene. Para él, el contenido debe tener sentido, coherencia y conexión real con su identidad.

El deseo de visibilizar al campo argentino
Aunque reconoce el crecimiento de la figura del agroinfluencer, cree que todavía falta mayor reconocimiento. Sueña con ver al sector representado en espacios como los Martín Fierro, no por competencia personal, sino para amplificar la voz del campo.

“Queremos que se entienda que somos productores que apostamos, trabajamos y amamos nuestra tierra. El campo es motor del país, no un estereotipo”, concluye el gaucho de Pergamino que, sin buscarlo, encontró en una planta de maíz el punto de partida hacia un presente impensado.

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