La morosidad bancaria volvió a encender las alarmas: los pagos atrasados llevan nueve meses consecutivos en aumento y alcanzan el 4,2% del total financiado al sector privado no financiero.
Las deudas de las familias llegaron a un máximo histórico, impulsadas por préstamos personales y tarjetas
Pero el dato más crítico está en la banca individuos, donde los atrasos ya trepan al 7,3% y marcan el nivel más alto desde que el Banco Central comenzó a medir esta serie en 2010.
A lo largo de 2025, la situación se agravó de manera acelerada. En diciembre pasado, la mora de las familias era de apenas 2,6%. Hoy, prácticamente se triplicó.
El segmento más comprometido es el de los préstamos personales, cuya irregularidad saltó 0,9 puntos en septiembre y llegó a 9,1%. En lo que va del año, el incremento acumulado asciende a 5,8 puntos.
En tarjetas de crédito, la tendencia también es negativa: la morosidad subió a 7,4%, un avance de 0,7 puntos en un mes y 5,5 puntos desde diciembre. Los prendarios acompañan el deterioro, con un aumento a 4,5%. La excepción son los hipotecarios, que se mantienen estables en torno al 1%.
En los créditos ajustados por UVA, los atrasos en prendarios familiares pegaron un salto abrupto: de 2,5% en agosto a 6% en septiembre, el mayor movimiento en dos años.
Los bancos siguen con preocupación esta evolución, especialmente en un contexto donde el Gobierno busca impulsar tasas más bajas para reactivar el crédito.

Las empresas también muestran señales de desgaste
Aunque en mejor posición que las familias, las compañías empiezan a evidenciar tensiones financieras. La morosidad corporativa llegó a 1,7% en septiembre, el registro más alto desde comienzos de 2024.
En empresas, los hipotecarios volvieron a ser la línea más comprometida (4%), mientras que los prendarios avanzaron a 2,6%. Las de menor irregularidad continúan siendo las de corto plazo: adelantos (1,6%) y documentos (1,1%).
En prendarios UVA, la mora empresarial subió a 3,9%, otro indicador que enciende alertas.


























