El actor falleció en España, país donde residía desde su exilio en 1975. Dejó una obra inmensa en el cine argentino, el teatro independiente y la pantalla internacional, con actuaciones que marcaron a varias generaciones.
Murió Héctor Alterio a los 96 años, una figura clave del cine y el teatro argentino
La cultura argentina despide a uno de sus grandes referentes. Héctor Alterio murió a los 96 años en España, donde vivía desde mediados de los años 70, tras verse obligado al exilio por amenazas de la Triple A. Su partida cierra una etapa fundamental del cine nacional, del teatro y de la actuación iberoamericana.
Con una carrera que atravesó más de siete décadas, Alterio construyó personajes inolvidables que quedaron grabados en la memoria colectiva. Desde el sensible Martín Santomé en La Tregua hasta el empresario apropiador de bebés en La historia oficial, pasando por su rol en La Patagonia Rebelde, el actor supo encarnar con profundidad los claroscuros de la sociedad argentina.
Nacido en el barrio porteño de Chacarita en 1929, hijo de inmigrantes italianos, descubrió su vocación desde muy joven. Tras la muerte temprana de su padre, combinó trabajos ocasionales con estudios de arte dramático, hasta consolidarse como una de las figuras del Nuevo Teatro, movimiento clave de la escena independiente porteña.
Su llegada al cine se produjo en la década del 60 y su consagración definitiva llegó en los años 70, en un contexto político y social atravesado por la violencia. En ese período protagonizó películas que hoy son consideradas pilares del cine político argentino. La persecución lo empujó al exilio en España, donde logró reconstruir su carrera gracias al apoyo de referentes como Carlos Saura y Elías Querejeta.

En suelo español, Alterio alcanzó un nuevo reconocimiento internacional. Ganó el premio a Mejor Actor en el Festival de San Sebastián y fue distinguido con el Goya de Honor, un galardón que celebró su trayectoria y su aporte al cine europeo. Aun así, nunca cortó el vínculo con la Argentina y regresó en distintas ocasiones para proyectos emblemáticos como Caballos salvajes y El hijo de la novia.
Hasta sus últimos años mantuvo una intensa actividad artística. Sobre los escenarios, con espectáculos autobiográficos y recitales poéticos, demostró una vitalidad poco común. Para Alterio, actuar no era solo un oficio, sino una forma de estar vivo, de dialogar con el público y de sostener una identidad forjada en el trabajo y la memoria.

Su muerte deja un vacío enorme en la cultura argentina, pero también un legado sólido, atravesado por el compromiso, la sensibilidad y una ética artística que lo convirtió en uno de los grandes intérpretes de nuestra historia.
























