La historia de Fernando Derrá, un juninense que busca una oportunidad laboral para volver a empezar

Locales

En las calles de Junín, donde todos conocen su rostro, Fernando Derrá camina hoy con el peso de una incertidumbre que se hace insoportable. A sus 50 años, este hijo de esta tierra, criado bajo el ejemplo inquebrantable de su madre, Martha Ocampo, se encuentra ante la encrucijada más difícil de su vida: el riesgo inminente de quedar en la calle.

La historia de Fernando es la historia de una lucha que comenzó cuando apenas tenía 12 años. «He trabajado toda mi vida», repite, y no es una frase hecha. Es la crónica de un hombre que, desde pequeño, vio cómo su madre —una mujer culta, de ascendencia europea, que terminó trabajando como empleada doméstica para sostenerlo— le enseñaba que el valor de una persona reside en su honestidad y en su cultura.

«Mi vieja me crió con valores, trabajando en tres casas por día», recuerda Fernando con una nostalgia que se entremezcla con el dolor. La memoria de esa infancia, marcada por la falta de recursos pero sostenida por la educación y el afecto, es hoy su mayor refugio y, al mismo tiempo, la medida de su desesperación actual.

Una situación límite

Desde su salida de la Municipalidad en 2017, la vida de Fernando ha sido cuesta arriba. Hoy, se gana la vida cuidando vehículos, pero el dinero no alcanza para cubrir lo básico: el alquiler y el plato de comida diario. La angustia se profundiza al saber que, tras dos años de gestión, la pensión por discapacidad que solicitó aún no muestra novedades.

«Estoy en situación límite. Pienso en cosas feas porque no encuentro salida», confiesa, con la crudeza de quien ya no sabe a quién más recurrir. Fernando no pide lujos ni favores regalados; pide lo que cualquier trabajador necesita: una oportunidad real. Un trabajo en seguridad o cualquier oficio donde su honestidad y responsabilidad sean su carta de presentación.

Un llamado a la comunidad

El caso de Fernando es una alerta sobre la fragilidad de nuestra realidad. Es un hombre que supo construir, que tuvo sus propios logros y que, por amor a su madre, no dudó en sacrificar sus bienes cuando ella enfermó. Ahora, es él quien necesita que su comunidad le devuelva un poco de esa integridad que siempre brindó.

Hoy, Fernando se encuentra casi en situación de calle, esperando que esa «puerta que golpea» finalmente se abra.

«No pido nada de otro mundo, quiero algo digno y vivir en paz», concluye Fernando.

Para quienes deseen tenderle una mano, ofrecerle una oportunidad laboral o colaborar, pueden contactarlo directamente:

  • Teléfono de contacto: 2364715181

  • Alias para ayuda solidaria: losredondos982

Por último, Fernando nos comparte fotos de su mamá – Martha Ocampo – a modo de recuerdo, homenaje y agradecimiento a ella.

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