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Preocupa la fuerte baja en la vacunación en argentina: riesgos sanitarios que van más allá del movimiento antivacunas

La vacunación en Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas. Aunque en 2024 se registraron leves mejoras, los niveles siguen lejos de lo recomendado y los refuerzos escolares muestran caídas alarmantes.

Salud

Especialistas advierten que el problema no se explica solo por los antivacunas, sino por una combinación de factores sociales, sanitarios y culturales que ya están generando consecuencias concretas.

La caída de la cobertura de vacunación en la Argentina dejó de ser un dato estadístico para convertirse en una amenaza sanitaria real. Registros oficiales, hospitales pediátricos, sociedades médicas y organismos internacionales coinciden en un diagnóstico preocupante: el país vacuna menos que antes de la pandemia y, en algunos refuerzos clave, la baja es directamente dramática.

Uno de los datos más sensibles aparece en las vacunas que deben aplicarse al inicio de la escolaridad, entre los 5 y 6 años. Allí, dosis fundamentales del Calendario Nacional de Vacunación muestran desplomes que superan los 30 puntos porcentuales respecto de los niveles previos a 2020, una situación que enciende todas las alertas.

Desde el Ministerio de Salud de la Nación reconocen que, si bien durante 2024 hubo una recuperación parcial en algunas vacunas del esquema inicial, los números siguen muy por debajo de lo esperado. El problema se agrava en los refuerzos y en la adolescencia, donde las coberturas alcanzan mínimos históricos.

Los datos oficiales muestran que el refuerzo de la Triple Viral cayó de más del 80% antes de la pandemia a menos del 50% en 2024. Algo similar ocurre con la vacuna contra la poliomielitis, cuyo refuerzo escolar se desplomó a niveles críticos. Entre los adolescentes, la Triple Bacteriana Acelular y la vacuna contra el VPH registraron descensos superiores a los 30 puntos porcentuales en apenas cinco años.

Este escenario ya tiene efectos visibles. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advierte sobre una “fragilidad inmunológica colectiva” que favorece la reaparición de enfermedades que estaban controladas. El caso más claro es el de la tos convulsa, con un fuerte aumento de casos en 2025 y circulación en más de 20 jurisdicciones del país.

Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, los contagios de tos convulsa crecieron cerca de un 300% en comparación con el año anterior, con especial impacto en la Región Centro y brotes activos en provincias como Buenos Aires y Tierra del Fuego.

¿Es solo culpa de los antivacunas?
Si bien el crecimiento de los movimientos antivacunas es real y dejó de ser marginal, especialistas coinciden en que el fenómeno es mucho más complejo. La baja en la vacunación responde a una combinación de factores:

Menor percepción del riesgo en generaciones que no conocieron enfermedades graves
Deterioro del sistema de salud y pérdida de recursos humanos
Menos campañas territoriales y presencia en escuelas
Barreras de acceso que afectan a los sectores más vulnerables
Mensajes confusos y falta de una estrategia nacional sostenida

A esto se suma el impacto profundo de la pandemia, que generó cansancio social, desconfianza y un quiebre en la relación de parte de la población con las políticas de prevención.

“La pandemia dejó una fatiga social muy marcada. Muchas personas asocian la vacunación en general con ese período traumático”, explica el médico Adolfo Rubinstein, exministro de Salud. Según advierte, este cambio cultural erosiona una práctica que tiene un fuerte componente solidario: cuanto más se vacuna una comunidad, más protegida está en su conjunto.

Desde la SAP, la infectóloga pediatra Alejandra Gaiano agrega otro factor clave: el acceso. “Casi la mitad de los chicos vive en la pobreza. Si no hay vacunación activa en territorio, muchos directamente quedan afuera del sistema”, señala.

Un llamado urgente a completar el calendario
Médicos y autoridades sanitarias coinciden en que completar el carnet de vacunación es hoy una prioridad sanitaria. “La vacuna no solo protege a quien la recibe, también corta la cadena de transmisión y protege al entorno”, remarca la Dra. Mariela Echenique, presidenta del Colegio Médico de Neuquén.

En este contexto, el Estado nacional y las provincias reconocen que la caída es multicausal y parte de una tendencia global, aunque subrayan la necesidad de reforzar campañas, mejorar el monitoreo y recuperar la confianza pública.

Organismos internacionales como la OPS advierten que, si bien América muestra cierta recuperación, persisten grandes brechas y millones de niños siguen sin recibir vacunas básicas. La consecuencia es clara: mayor riesgo de brotes, más hospitalizaciones y un impacto sanitario y económico creciente.

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