¿Sos quejoso o negativo?: Tenes mas posibilidades que tu pareja te sea infiel

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En el ámbito de las relaciones humanas, es común escuchar el adagio popular que sugiere que las personas con una actitud persistentemente negativa —aquellos que encuentran un problema en cada solución o que se quejan de forma crónica— tienen una mayor probabilidad de ser víctimas de una infidelidad. Pero, ¿qué hay de cierto en esta observación? ¿Es una simple coincidencia o existe una base psicológica que conecta el pesimismo con el deterioro vincular?

El ciclo de la queja como barrera emocional

Los psicólogos especialistas en terapia de pareja señalan que la queja constante no es solo un rasgo de personalidad, sino un mecanismo de defensa. Cuando una persona adopta una postura negativa ante la vida, tiende a proyectar sus inseguridades sobre su entorno, incluyendo a su pareja.

Esta «queja permanente» genera un desgaste significativo en el vínculo:

  • Agotamiento emocional: La pareja del «quejoso crónico» suele sentirse insuficiente, ya que siente que, sin importar cuánto haga, nunca es suficiente para satisfacer o alegrar al otro.
  • Pérdida de la conexión: La comunicación se vuelve transaccional y defensiva, eliminando los espacios de intimidad emocional y complicidad, terreno que suele ser ocupado por el resentimiento.

¿Por qué la vulnerabilidad ante la infidelidad?

La infidelidad rara vez aparece como un evento aislado; suele ser el síntoma de una estructura vincular que ya está fracturada. En este escenario, la persona negativa suele caer en una «profecía autocumplida»:

  1. La búsqueda de validación externa: La pareja de una persona que se queja constantemente comienza a buscar fuera del hogar aquello que ya no recibe adentro: comprensión, alegría, novedad y validación positiva.
  2. La idealización del «otro»: Al estar conviviendo con alguien que constantemente destaca lo malo, cualquier persona nueva que aparece con una actitud optimista o escuchante se percibe como un «oasis» o una tabla de salvación.
  3. El descuido de la autoestima: La persona que se queja suele estar tan enfocada en lo que falta o lo que falla, que descuida el mantenimiento del atractivo y la complicidad necesaria en la relación.

El peligro de la victimización

Es fundamental hacer una distinción ética: la actitud negativa de una persona nunca justifica una infidelidad. La traición es una elección individual y una ruptura de los acuerdos de pareja. Sin embargo, la queja permanente funciona como un «clima» propicio para que la infidelidad se geste.

Cuando la queja se convierte en el lenguaje principal de la relación, la pareja deja de ser un equipo para convertirse en adversarios. En este punto, la vulnerabilidad no radica solo en la personalidad del individuo, sino en la incapacidad de ambos para gestionar el descontento de manera constructiva.

Hacia un cambio de paradigma

Para quienes se reconocen en este patrón, los expertos sugieren:

  • La técnica de la gratitud: Cambiar el foco de lo que falta a lo que está presente ayuda a reducir el cortisol y mejora la predisposición ante la pareja.
  • Comunicación asertiva: Reemplazar la queja («vos nunca hacés esto») por la expresión de necesidades («yo me sentiría mejor si hiciéramos esto»).
  • Terapia personal: Muchas veces, el pesimismo es un reflejo de heridas no resueltas que es necesario trabajar individualmente antes de pretender que la pareja las cure.

En conclusión, si bien no existe una regla matemática que dictamine que una persona negativa será engañada, sí existe una dinámica de desgaste que deja a la relación desprotegida. La infidelidad suele encontrar su oportunidad donde el diálogo se ha cerrado y el pesimismo ha ganado el terreno de la convivencia.

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