«Me estoy muriendo día a día»: El sufrimiento de una mujer que dejó de recibir la ayuda del Estado

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Hace 26 años que Norma Parón libra una batalla ininterrumpida contra un cáncer que ha aprendido a dominar. Pero desde diciembre de 2025, el mayor enemigo no es la metástasis que recorre su cuerpo, sino la burocracia estatal que ha cortado el suministro de su medicación esencial. “Me estoy muriendo día a día”, confiesa con la voz agotada de quien ya no pide milagros, sino apenas el derecho a seguir viviendo.

Norma Parón tiene poco mas de 50 años y una historia escrita entre quirófanos y expedientes. En el año 2000, su vida cambió para siempre al recibir un diagnóstico oncológico. Desde entonces, ha pasado por seis operaciones —cuatro de tiroides y dos de glándulas suprarrenales— para frenar el avance de una Neoplasia Endocrina Múltiple (NEM 2). Durante años, el sistema de salud provincial y el Banco de Drogas fueron el puente que le permitió mantener a raya a la enfermedad. El Vandetanib, un comprimido diario, no la cura, pero la mantiene en pie; es el muro que impide que el cáncer tome el control absoluto.

Sin embargo, desde diciembre de 2025, ese muro se ha desmoronado.

La agonía de la espera

Con el cambio de gestión, el suministro de la medicación oncológica —que depende del Gobierno Nacional— se cortó de raíz. Norma, que siempre supo cómo navegar los laberintos de la administración pública, hoy se encuentra ante un vacío absoluto. «Me dicen que está en cotización», repite, como si esa frase burocrática pudiera aliviar el dolor que comienza a ganar terreno en su organismo.

«Es una batalla que se va perdiendo», relata Norma con una honestidad brutal que estremece. «En estos seis meses que llevo sin la medicación, siento cómo la enfermedad avanza, cómo pierde territorio la salud. Es como si de un día para el otro tiraran toda una lucha de 26 años a la basura».

El cuerpo que no aguanta

El deterioro físico no es una posibilidad, es un hecho presente. Además del avance de las metástasis hepática y ósea, Norma enfrenta una diarrea crónica, secuela de años de tratamientos intensivos que ahora, sin la contención del fármaco principal, golpean con más fuerza.

A pesar de haber presentado recursos de amparo y medidas cautelares, el desenlace sigue siendo el mismo: una incertidumbre que, según ella, es «peor que la certeza». «Si me dijeran que en agosto llega, uno aguanta. Pero no saber si mañana voy a tener lo que necesito para respirar un día más… eso te agota el alma».

Un grito de auxilio

Norma no es una estadística; es una mujer que sostiene su casa, que trabaja y que, a pesar del cansancio, intenta que su familia no colapse ante el dolor que ella intenta disimular. «Yo trato de hacerme la fuerte, trato de que mi familia no sufra, pero a veces siento que ya no me quedan fuerzas», admite.

Su pedido es desesperado y directo, un llamado a la urgencia de quienes tienen la lapicera: «Por favor, que me manden la medicación oncológica. La necesito para seguir llevando la calidad de vida que tengo. No quiero dejar de luchar, pero solo no puedo».

Hoy, el caso de Norma Parón es el de miles de argentinos que, en silencio, ven cómo la desidia política les roba el tiempo que tanto esfuerzo les costó ganar. La pregunta que queda flotando, más allá de la burocracia y los expedientes, es cuánto tiempo más puede esperar un cuerpo cuando la vida depende de una firma que no llega.

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