El peligro del wokismo

Opinión

Por Juan Lemos

Mucho se dice del wokismo y su aparente manto de inclusión y la quimera de una pretendida justicia social , que poco tiene de social y mucho menos de justicia,  en relación a su utilización encubierta por las ideologías de izquierda.

Pero el problema más grave del wokismo no es el hecho de “seducir” con su modus operandi sectario a algún joven de corazón sensible, ávido en la búsqueda de combatir la desigualdad social. Pues eso se cura con el tiempo, ya que la madurez se encarga de abrir los ojos de quienes han sido encandilados por sus ilusorios encantos.

El verdadero problema del wokismo es inocular sutilmente a la sociedad de pseudo dogmas que no son tales y, que su solo cuestionamiento, se convierte en un tema tabú, o lo que es peor, confiere el derecho a los demás de tildar a quien lo haga de fascista, discriminador, racista, homofóbico, heterofóbico o cualquier otro endilgue desmerecedor de su postura y hasta de su propia persona.

Así, el solo hecho de cuestionar algún postulado introducido en el ámbito social por parte del wokismo es motivo suficiente para un veredicto de culpabilidad sobre la persona que lo haya sugerido. Esa persona inmediatamente deja de ser “persona”, sus derechos como tal se le suprimen porque es “mala” al proferir una idea distinta de la implantada.

Idea que, dicho sea de paso, generalmente es de las que son , y han sido siempre, “naturales” pero que, en determinando momento, como por arte de magia y bajo la excusa de que hemos evolucionado como sociedad, ha dejado de ser aceptable de buenas a primeras porque pertenece al pasado. Cómo si el pasado fuera negativo y lo que no está de moda puede ser tachado de retrógrado, disvalioso y hasta peligroso.

Y ahí se encuentra el verdadero problema del wokismo. En la intolerancia de no aceptar una idea que ponga en riesgo de análisis a alguno de sus postulados.

El verdadero peligro del wokismo es el de generar como respuesta un acto de intolerancia ciega, cargada de subjetividad hasta el punto de llegar a desvirtuar la mera sugerencia de intentar cuestionar su ideología.

Esa misma intolerancia va reforzada, incoherentemente, pero no inocentemente, por el mote de fascista, excluyente, discriminador y soberbio hacia quien ha osado poner en tela de juicio alguna de sus máximas.

Así, de tal manera, concede el derecho de crucificar a quien lo realiza de la forma más cruel que exista, denigrando al sujeto, ya independientemente de discutir sus ideas, pues no hay lugar para ello, el riesgo está en quien profesa algo distinto, no en lo que emana de su intelecto.

Esa intolerancia ciega y sorda, negadora de todo lo que se le pueda llegar a oponer, es el verdadero peligro del wokismo. Su autoritarismo es el peligro oculto que nace de inocular fanatismos encubiertos bajo bondades que no existen.

El verdadero peligro del wokismo es, entonces, que atenta directamente contra la libertad de pensar distinto y, sin esa posibilidad, no hay libertad de ninguna clase.

 


Juan Lemos

Juan Lemos

Abogado

Profesor Adjunto de la cátedra «Teoría y Práctica del Liberalismo» (UNNOBA)

 

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